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27/01/2011

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La bendición de una tragedia. - Columnas

 

París y los ataques terroristas perpetrados ayer en esa ciudad…, experiencias que me ponen a pensar. Cada vez me impresiona más el enorme poder de una tragedia de enormes magnitudes… para unir a la gente. Quizá por eso, cuando alguien o algo ve que estamos tan separados, la bendición para unirnos es que nos envíe una gran tragedia. Esto se ve tanto a nivel mundial (como ayer) como a nivel pareja, ¡incluso entre dos personas nada más! No saber amar nos hace unirnos de la única manera en que muchos saben, la única que saben, a través de la violencia. Parejas que cuando se sienten desatendidas, solas o discriminadas inician un pleito por cualquier cosa… ¡precisamente por ser la única manera de que el otro o la otra les preste atención, ya que a través precisamente de atender intentando solucionar ese problema, la pareja desatendida ahora vuelve a recibir la atención que necesita al relacionarse así con el otro o la otra, un problema nos relaciona, nos atrae para solucionarlo, entonces lo creamos para atraer al otro o a la otra. No sabemos unirnos tan fuertemente de otra manera. Ese trascendente conocimiento no está matriculado en ninguna escuela como materia obligatoria. Al sistema le interesa más que te prepares mejor en matemáticas que en relaciones humanas. Con ciertas materias se puede mantener a la sociedad separada sin que descubran el poder que habría en su unión. En nuestra naturaleza humana está la tendencia a unirnos… pero no sabemos la mejor manera.

Si en las redes sociales y medios masivos de comunicación se hablara con la misma velocidad de publicación que en una tragedia acerca de unirnos y de “estar con” la gente pero cuando está bien y feliz, cuando hay plétora de amor, cuando se puede generar un negocio extraordinario si lo hacemos juntos, cuando se esté viviendo un gran estado de salud y descubrimos cómo lograrlo, cuando un país gana medallas de oro, cuando en una ciudad hay un grupo de personas que acaban de inventar algo fabuloso para la humanidad, cuando un autor y su editorial con las librerías de una ciudad sacan a la luz un texto que puede cambiarle la vida al mundo, cuando un grupo de cientificos descubre -como ha sucedido- la solución a una gran enfermedad, si en ese tipo de momentos nos uniéramos como en las grandes tragedias y todo el planeta empezara a publicarlo en las redes sociales y medios masivos de comunicación repitiendo la noticia una y otra y otra y otra vez con diferentes acercamientos y tomas, con entrevistas a expertos opinando de esa buena noticia, interrumpiendo la programación de los canales de televisión para informar… ¡Uf! Eso sería el paraíso aquí en la Tierra. Sería auténticamente una nueva conciencia en la humanidad. Pero no. Las buenas noticias, por más espectaculares e impresionantes que fueran, no les damos esa publicidad como, por ejemplo, a la tragedia de ayer en París. (Y eso es algo bueno, extraordinariamente bueno, como te lo explicaré más adelante).

Ayer noté el comportamiento de los medios, específicamente el de CNN, extremadamente parecido en el formato a cuando se sucedió el ataque a las torres gemelas en septiembre 11. Increíble que hasta ya existan fórmulas taquilleras de nota roja o amarilla para mantener al televidente prendido del televisor. Ayer noté clarísimamente cómo, por falta de más información al apenas estarse generando los hechos, lo poco que se sabía se repetía una y otra y otra y otra vez para llenar el tiempo al aire de transmisión. Llegó un momento en donde incluso en Foro TV, el canal de noticias permanentes al estilo Televisa, la periodista decía: “Aquí tenemos el sonido de una explosión mientras se jugaba en el estadio de futbol un partido amistoso entre Francia y Alemania, escuche usted…”, se hacía un ex profeso silencio previo, lo que en comunicación se llama “pausa dramática”, y se escuchaba “¡Boom!”. La periodista continuaba: “…a ver, una vez más escúchelo bien…” y la producció subía el volumen… ¡Boom! Y otra vez… ¡Boom!, noté cómo la producción del noticiaro hacia un poco de “rewind” al trazo, y una cuarta vez, ¡Boom! Yo creo que estaba teniendo un orgasmo el productor o productora del noticiero con cada ¡Boom! Así son. Conozco el medio. El objetivo es asustar, dramatizar un hecho aislado repitiéndolo una y otra y otra y otra vez. El objetivo: aumentar el rating de los ya bajos puntos que hoy tiene la televisión. La tragedia les trae su Navidad a los medios de comunicación porque sus ventas se elevan como no se lo esperaban en este fin de semana. Mientras escribo esta columna es la mañana de este sábado 14 de noviembre del 2015, no he salido de mi casa -ni pienso hacerlo de tanto que tengo que hacer y trabajar aquí adentro- pero podría apostar que los puestos de revistas están atestados de periódicos con fotos trágicas en primera plana compitiendo por las ventas del día. Se venderán como no se habían vendido periódicos en mucho tiempo. Imagino perfecto cómo las fábricas y la editorial de los periódicos del mundo no durmieron ni un solo segundo anoche para sacar la mejor de las fotos y la nota más detallada comunicando de la manera más espeluznante y dramática lo que de por sí ya es una tragedia. “Business are business… and this is the moment!”.

Atrás del gran negocio para los medios que será el aprovechar esta enorme tragedia, y atrás de la sincera condolencia que llego a sentir yo por los afectados, atrás de un dolor extraño que no puedo negar que siento así como en el pecho al ver tragedias de este nivel y todo lo que implica… quiero volver a afirmar lo que digo en varias de mis conferencias, y sé que éste es el momento ideal para recordarlo: detrás de toda tragedia hay oculta una bendición.

¿Por que publicamos con mayor fuerza y más frecuencia la tragedia que las dichas y las bendiciones? Porque somos más proclives a lo malo que a lo bueno…? Porque hay más pesimistas que optimistas…? ¡No! Descubre que no. Tenía que decirte esto. El cerebro humano está diseñado para sentir automática atracción y asombro hacia lo que percibe súbita y novedosamente diferente. ¡Así funciona el cerebro! Por ejemplo, si vamos caminando por la calle y vemos un largo camino de arbustos, todos perfectamente bien arreglados a lo largo de toda la acera, pero uno, solo uno de ellos tiene una rama salida, ¡el que nos llama la atención y al primero al que hacemos referencia por extrañamente diferente a la mayoría es precisamente ese, el de la rama salida! Lo vemos automáticamente como el que está mal, es decir, el mal cortado, cuando la abrumadora mayoría a lo largo de toda la acera o incluso de varias aceras, están bien, muy bien arreglados. Es el funcionamiento de nuestro cerebro emocionándose para detectar automáticamente las diferencias más extrañas y así estimularse. Es ver rápida y casi automáticamente la mancha negra en el esmóquin blanco, por más pequeña que sea la mancha. El área de la tela del perfecto, albeante y hermoso esmóquin blanco es mucha, mucha mayor al área de la pequeña mancha negra, pero precisamente por eso “nos brinca” la mancha negra, nos llama la atención precisamente por rara, por ser algo tan fuera de lo normal. Por eso llevo años, muchos años afirmando categóricamente en mis conferencias cinco palabras que debes tatuarte en tu ser: “Lo normal es estar bien”, y es algo tan, pero tan normal, un estado en el que viven tantas y tantas mayorías, que la tragedia es la mancha negra en el esmóquin blanco de la paz y la tranquilidad que reinan en abrumadora mayoría del tiempo y con mayor fuerza en la vida de las enormes mayorias. Entender a plenitud el funcionamiento de nuestro cerebro en este aspecto es descubrir que cuando se publica una tragedia con tanta fuerza implica la bendición de la tragedia: descubrir que la abrumadora mayoría de todos, la mayor parte del tiempo, estamos bien, muy bien. Por eso “nos brinca” la tragedia. Nuesto cerebro -e historia- es el primero que saben a ciencia cierta esas cinco palabras: lo normal es estar bien. Por eso cuando ocasionalmente no lo estamos, nos llama tantísimo la atención.

La bendición de una tragedia es descubrir, por como se publica y se habla de ella, que es lo menos frecuente, lo raro, lo excepcional. La mayoría, la abrumadora mayoría, está bien. El mal refulge solo cuando de base existe mayoritariamente el bien. Bajo esta línea de reflexión, si la mayoría de las cosas estuvieran mal, muy mal, ahora lo que sería noticia -ahora sí- sería lo bueno, lo extraordinariamente bueno. Entonces las redes sociales y los medios masivos de comunicación estarían dramatizando un avance científico transformador para la humanidad, un acto de amor sin precedentes, etc., etc., etc. Pero no. ¡Gracias a Dios que no! Gracias a Dios que lo que más se publica y de lo que más se hace alarde son las tragedias! Es la confirmación de lo excepcionalmente raras que son. La bendición de una tragedia cuando vemos cómo se dramatiza la noticia de su surgimiento es la confirmación implícita de que la mayor parte del tiempo, para el mayor número de personas, todo está bien, la mayoria vive en dicha y bendición. ¡Y qué bueno que la mayoría estemos bien! Porque de esa manera somos el poder inexterminable que de inmediato tiene la fuerza para brindar ayuda a aquella pequeña parte que se ve afectada por la tragedia. El cuerpo humano entero está sano, y quizá solo unas cuantas células, hasta incluso solo un órgano puede enfermar, para que de inmediato y con una gran fuerza el sistema inmunológico corra en ayuda reparadora de esa pequeña parte que sufre. Si así vemos a la humanidad, como un solo cuerpo, hoy le tocó a una parte, algunas áreas de París enfermar, y de inmediato el sistmea de alerta se prendió (las noticias) para que los macrófagos y células del sistema de defensa, muchas personas, entráramos en oración y reflexiones que aporten luz a la pequeña parte de la humanidad afectada, otros muchos incluso con ayuda física presencial en el lugar de los hechos. ¡Los buenos somos más! Siempre. No se nos hace mucha publicidad como a los malos, precisamente por la bendición que hoy te he explicado aquí, porque somos mayoría, lo normal es que la gente sea buena, así, solo llama la atención, solo es noticia lo extraño y fuera de lo normal, el malo, el extrañamente minoritario.

Ahora… viene un reto para “los muchos buenos” frente a una tragedia generada por “los poquísimos malos”: no contaminarse con el odio de los primeros. Es una de las paradojas más grandes en este tipo de eventos: el odio de unos pocos hacia la mayoría les insta a hacerles daño;ese daño que a una pequeña parte de la mayoria se les hace, engendra odio en los afectados hacia los primeros. Así crece el odio…, lo que quierían los primeros. Por eso al odio no se le vence con más odio. Al odio se le desaparece con el amor. Aquí es donde viene la verdadera prueba de bondad de los que se creían “buenas personas”. A unas pocas horas de la tragedia, yo ya leo en las redes sociales a personas en cuyo trabajo, incluso profesional, hablan de hacer el bien, del orden, coaches que se dicen afamados, pero hoy escribiendo hacerca del odio y del repudio que sienten con el Islam o con los responsables y/o con cualquier foto de alguien con armas y turbante. Gente diciendo: “…que se pudran en el infierno”. Ya se unieron a ellos, deseando daño en vez de desaparecerlo. El discriminado a quién le ha dolido tremendamente que lo discriminen, empieza a discriminar a quien lo discriminó. Ironías de la falta de evolución en estados de conciencia. Sí, sí… sé que no es un tema fácil. Sé perfecto que no faltará el lector que en estas líneas ya esté queriéndose quejar o contra argumentar de que no es algo fácil, de que eso solo los santos, de que alguien con autoridad debe ponerles un alto. Todos las perspectivas son opiniones dignas. Yo simplemente estoy expresando lo que alcanzo a entender. Por estas dinámicas sociales hace falta un líder que pare la ley del Talión. Por eso la verdadera transforamción de un Jesucristo, de un Gandhi, de un Kennedy, de un Juan Pablo II. A ser como ellos es que deberíamos de aspirar, porque son este tipo de niveles de conciencia los que hacen desaparecer el odio y el mal, precisamente por no combatirlo con más odio. En fin, por eso yo te propongo, y desde ayer en mis primeras publicaciones en mi fanpage de facebook lo hice, que hoy más que nunca te enfoques en generar actos de un gran amor. Lo que hoy hagas hasta por ti como manifestación de amor, con tu pareja, con tu mascota, con el arte que puedas crear, con un desconocido, con tu familia, con la sociedad si estás en posición, ¡hazlo! Esta energía es la que necesita el mundo para curar una de sus partes heridas. No necesita más odio. Una herida no se cura abriéndola más. Una herida se cura con cuidados y permitiendo que cicatrice.

Mis condolencias y mis oraciones desde anoche están con los afectados por esta tragedia en París, así como desde anoche estoy trabajando con mucho más intensidad que de costumbre sobre lo que ya es normal para mí, estar y ayudar a los demás a sentirse extraordinariamente bien. Esa es mi mayor aportación en estos momentos. Sé que energéticamente sumo más a la solución que al problema. Sugiero que hagas lo propio. Deja de comunica alarde, pena y coraje. Cuando comunicas una tragedia, en ese mismo acto te conviertes en parte de ella. Te lanzo el desafío de que hoy comuniques bien, verdad y belleza. Haz algo que te conecte con la Luz, donde sientas más cerca a Dios y hazlo con mayor fuerza. Si cantas, canta. Si bailas, baila. A mí, por ejemplo, me contecto tremendamente con “algo maravilloso y divino” cuando me pongo a escribir con total concentración, ¡como decidí hacerlo ahora! Y sé que ese algo se expande. Sé que lo debes estar sintiendo. Lo sé. Llevo haciéndolo así casi 25 años. Entonces, hoy era menestar hacerlo también. Anoche dormí tan solo tres horas y media, porque mi mente se volcó a crear más y más estrategias para expandir el bienestar. Así estoy minuto a minutos desde ayer, sintiendo una proactiva ansiedad incontenible por comunicar más y más fuentes de bienestar, por conectar a la gente a que lo viva. Te invito a vivir una nueva conciencia y a expandirla, a ser un líder de una nueva conciencia. Un líder así, de esta talla, de esta altura, actuando silentemente desde su trinchera generando un enorme ruido energético, ese que no se oye, se percibe, ese que se necesita siempre, pero en estos momentos más. Parafraseo a San Agustín cuando dijo: “Ama…, y haz lo que quieras”. ¡Pero ama! ¡Pero haz! Pero ya.

¡Emoción por existir!

-Alejandro Ariza.

PD: Si sentiste algo valioso al leer aquí, publica esta nota en todas tus redes sociales. Ayúdame a expandir una nueva conciencia. Ayúdame a hacer entender, a quien lo necesite, la bendicion de una tragedia.



 

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