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27/01/2011

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¡Aprende a buscar... buscando! - Columnas

 

Si dejas de ser holgazán y buscas, vas a encontrar lo que necesitas y muchas más cosas extraordinarias. Tengo que comentar brevemente lo que acabo de vivir hace unos minutos. Una persona, deconocida para mí, me envía un mensaje en Messenger pidiéndome con angustia y urgencia un teléfono. Yo me sé de memoria el teléfono, pero por el trabajo que realizamos en uno de mis negocios, yo mismo diseñé una página de Internet con toda una extraordinaria capacitación -modestia aparte- donde en la página de inicio viene ese teléfono y es lo único que viene en letras súper grandes al centro y una leyenda que le puse: “Apunta este teléfono ahora mismo en tu celular para que siempre lo traigas contigo para cuando lo necesites, hazlo ahora”…, y sé que esa página ella la recibió desde meses atrás. Con esa simple pregunta se evidencia: nunca la vio, nunca la estudió. Luego, cuando la gente no logra resultados, se pregunta por qué. ¡Qué impresión! De verdad, la vida es casi una ecuación de matemática pura, donde la lógica del merecimiento sucede siempre. La gente pobre es pobre y la gente rica es rica por puro merecimiento. Todos hemos escuchado el proverbio:


“Regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida”.


Y recuerdo hace mucho tiempo vi  en algúna página de Internet de algún autor en materia de emprendedurismo, que proseguía con el proverbio así:


…y si no le enseñas a pescar ni le das pescado, ¡mucho mejor! Llegará a tener la suficiente hambre para ir él sólo y descubrir que puede obtener el pescado por sí mismo a como dé lugar”.


A esa persona que me pidió el teléfono le respondí al instante: “Entra a nuestra página de capacitación que es esta (…) y ahí mismo hay un botón que es este (…), y ahí viene al centro de la página el número de teléfono que te urge. Ahí está”.

 

La persona insistió e insistió diciéndome: “…pero yo lo único que quiero es el teléfono”. Yo no podía creer lo que veían mis ojos en sus letras. Le estaba diciendo dónde encontrarlo inmediatamente, y además, estábamos chateando en Internet, con lo cual podría entrar a la página que le dije en ese instante… ¡y no entraba! Yo, como maestro, no le di el teléfono nunca para asociarle una emoción grande (su urgencia y angustia) a la solución real de muchas cosas, no solo del teléfono, sino indicándole dónde y cómo entrar a una página repleta de valiosísima información que tiene que saber y dominar para triunfar. ¡Y la señora seguía!… “Pero yo solo le pido un teléfono”, “Pues por eso, le digo que entre a esa página ahora mismo y ahí lo tendrá”. Y la señora al parecer no entró. La señora quería el pescado sin espinas y partiéndoselo para dárselo en la boquita. No, no, no. Y luego la gente se pregunta por qué no avanza. Al final se remitió a decir: “Gracias por sus atenciones”, a lo que respondí: “Es un placer, estoy para servir de inmediato, capacitando”.

 

De verdad querido lector, lectora… no te imaginas cuánto avanzas y creces si te atreves a buscar. Un maestro podrá caminar contigo el camino hasta enseñarte la puerta que debes cruzar, pero él se queda hasta la puerta. El maestro te señala la puerta, tu puerta, pero quien debe de cruzarla eres tú. ¡Tienes que crecer! No te imaginas cuánto me hizo recordar esta anécdota a mi papá (q.e.p.d.) a quien tanto quiero y tanto me enseñó de la vida, cosas de real valor. Tuve un papá eminentemente académico y muy inteligente. De niño era para mí tan fácil que cualquier palabra que no entendiera simplemente se la preguntaba y ¡todas se las sabía! Sin embargo, recuerdo perfecto un día, (hasta me acuerdo del lugar exacto de la casa de mis papás donde estábamos parados), cuando le pregunté: “Papá… ¿Qué significa….?”, y le dije la palabra que no sabía. Mi papá volteó y me dijo: “Toma el «tumba-burros» (pero qué sugestivo para darme a entender “diccionario”) que está en la biblioteca e investígalo tú… ya haz visto cómo lo consulto yo de vez en cuando”. ¡Hummm! Recuerdo que hice algún ruido como gruñidito y una mueca. Me molestó bastante. En mi interior pensaba: “¡¡¡Pero qué le cuesta!!! Si él sabe todo…, ¡por qué no me dice y ya! ¿Por qué me hace ir “hasta” la biblioteca y buscar en un libro tan enorme y tal…”. Todavía recuerdo que cuando hice la mueca, mi papá me echó una mirada que automáticamente esfumó mi mueca. (Tenía un don especial para transformarme con la pura miradita). En silencio, me retiré y fui a buscar el significado de la palabra. ¡Qué lección me dio mi papá aquel día! Me enseñó mucho más, pero mucho, muchísimo más, de lo que me hubiera enseñado diciéndome lo que significaba una palabra. Me enseñó a:

  • Empezar a ser autosuficiente
  • Saber buscar (¡un trascendente conocimiento de más poder del que uno se imagina!
  • Descubrir que yo sólo puedo hacer algo para resolver
  • Aumentar mi autoestima empezando a descubrir que yo soy capaz, que yo puedo
  • Empezar a responsabilizarme de mi propio crecimiento

 

¡De todo eso me hubiera perdido si me hubiera dicho el significado de la palabra! Además de favorecer la holgazanería de querer que me resolviera todo fácil y rápido. ¡Cuánto le agradezco a mi papá esa lección que hoy ha sido y sigue siendo una de las principales fuentes de mi éxito! Te voy a confesar que el 90 % del éxito de toda mi vida ha sido por un conocimiento que he adquirido en forma totalmente autodidacta. Casi nada de mi éxito se relaciona con lo que me enseñaron en la escuela, quizá solo el valioso 10 % que fue aprender a leer, y todo lo demás que ha transformado mi vida para bien y en un éxito extraordinario, ha sido por lo que yo solo he ido a aprender por mi cuenta buscando por mi lado. De vez en cuando algún divino maestro me dijo: “…ve y busca en tal lugar… ve y lee tal libro…, ve y toma tal curso que no es de ninguna escuela oficial…”. ¡Y lo hice! ¡Y cuánto aprendí y cuánto mejoró mi vida por ese atrevimiento a buscar hasta encontrar por mí mismo! Descubrirás que ser autodidacta es escarbar en el agujero de Alicia en el país de las maravillas. Un libro te lleva a otro, un curso a otro, una página web a otra, una persona a otra… y así logras lo que deseas. Por eso te tenía que compartir esta reflexión aquí.

 

¡Quítate la flojera! ¡Qué te avergüence pedir todo resuelto! ¡Siéntete mal si así quieres todo! Te garantizo que no vas a llegar lejos… ni cerca. No llegas a nada. Y si alguien te resuelve todo, pronto te anulará como persona. Y lo notarás. Y todo mundo lo notará. Ese es una valiosa advertencia. Si buscas a un maestro, sólo dile que te indique dónde hay, sin que le pidas que te dé. No más con que te indique qué hacer… ¡y ahora tú ve y hazlo! El poder transformador de este tipo de lecciones de vida es más beneficioso para ti de lo que puedas imaginar. Crece, evoluciona, atrévete a hacer por ti mismo… y descubrirás una inagotable fuente de…

 

¡Emoción por existir!

 

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