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27/01/2011

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Yo ya no puedo así. - Columnas

 

Hoy la mayoría de la gente festeja Nochebuena y mañana Navidad. Como en todo, la publicidad hace un extraordinario trabajo para gestar año tras año este inconscietne colectivo donde con tremenda admiración observo la capacidad que los humanos tienen para ponerse de acuerdo y creer en algo, aunque sea mentira o verdad, sea cierto o no. Simplemente el número suficiente de personas se pusieron de acuerdo durante el tiempo suficiente y las demás, aunque no estén de acuerdo, se ven atraídas por lo que la mayoría acordó. Yo, con todo respeto, no, yo no puedo ya desde hace varios años y menos conforme pasan más. Yo me siento como a observar desde un mundo aparte. Y para no enloquecer o no ser, quizá, tan discriminado -aunque esté acostumbrado por atreverme a vivir una vida tan diferente a la media-, es bueno que este fenómeno social de fiestas navideñas dure tan solo uno o dos días. ¡Me emociona que ya mero es 26 de diciembre y todo esto volverá a pasar! Otros 363 días de oportunidad para manifestar amor y afecto auténticos, o quizá 362 quitando también el obligado 14 de febrero.

 

Para cualquiera que observara el fenómeno bien “desde afuera”, podría apreciar con todo el rigor de la evidencia que esta fecha es un fenómeno eminentemente comercial, donde Santa Claus y el consumismo rebasa por mucho el verdadero sentido de la Navidad que sería festejar el cumpleaños de Jesucristo, mismo del que no hay evidencia de que naciera el 25 de diciembre, donde más teorías apuntan que fue alrededor de abril. O sea… ¿“En realidad” qué debe festejarse hoy? Ambos son claramente mitos históricos (relatos falsos). Respuesta: lo que la mayoría de la gente “crea”, sin importar si es verdad o no, si es correcto o no. Como lo publiqué hace unos días, “la gente ve lo que cree, por eso no cree en lo que ve”. Hoy, para muchos, simplemente hay que festejar porque fundamentalmente es ¡otro día de descanso!, motivo suficiente de festejo. Otro día de esos anhelados donde no hay que trabajar en aquello que tanto les pesa y desagrada a tanta gente. Pero para no hablar de ese real tema, mejor decir… ¡Feliz Navidad y pensar en el nacimiento del niño Jesús o en Santa Claus! Yo de las dos, prefiero por mucho, únicamente pensar en el primero, en creer que podemos festejar el cumpleaños de Jesucristo, y para ello, yo siempre he preferido estar un buen rato solo para pensar solo en Él y hablarle y agradecerle todo lo que ha hecho con mi vida ya que mi mayor regalo es entregársela totalmente a Él. Yo hoy en la noche no pongo villancicos, pongo las mañanitas.

 

Por otro lado, quizá precisamente ese sea gran parte del problema de desadaptación para aquellos que somos tan inmensamente felices todo el tiempo haciendo lo que hacemos, aquellos que hasta en estas fechas nos sentimos paradójicamente un poco mal, precisamente por el tiempo en que “no se trabaja”, cuando trabajamos en lo que nos genera tantísima alegría y nos conecta tanto con Dios, como, por lo menos, es mi caso. Yo sé que desde siempre he llevado una vida “al revés” del inconsciente colectivo, sin embargo, como dije, es cada año más tremendo para mí darme cuenta de cómo se manipula a las masas. Si eres como yo, de los que no ven televisión nunca -y cuando digo “nunca” es ¡nunca!-, ni escucha el radio nunca, nunca, entenderás que más dificil aun es entender lo que vemos en el comportamiento de las masas, toda esa gente que, dado a lo que ven con tremenda frecuencia en medios masivos de comunicación, tienden hacia ello. Colores rojo y verde, figuras de Santa Claus, ofertas para comprar y comprar, y hasta miedo a no regalar por el tremendo temor al “qué dirán” si no se da un regalo cuando todo mundo lo hace. El pavor a ser diferente y por ello no aceptado.

 

Observa con detenimiento y para muchos, esta “noche de paz, noche de amor”… es una de las noches con menos paz y amor de varias en el año. Es noche de estrés, tanto emocional como metabólico con esas opíparas cenas. Es noche de corajes porque alguien no sale a tiempo y se tarda en arreglarse y se hace tarde y así ya no llegar a la misa -como si siendo puntual al llegar a misa Dios te quisiera más-, porque no han terminado de hacer las compras, porque no alcanzó el dinero, por tener que sonreir y ver a quien no quieren en verdad ni sonreírle ni verle, por tener que hablar a quien no les nace hablar pero que conviene por motivos de trabajo, por vivir con la ansiedad de dejar el auto estacionado afuera de una casa con el temor de que le vayan a robar algo, con el pendiente de que el niño no se vaya a golpear con el palo de la piñata, porque el hermanito ya rompió el juguete nuevo de la hermanita, y un sinfin de razones para poner en entredicho “la” noche de paz y amor.

 

Yo en lo personal me la paso regalando todo el año, todo (cualquiera de mis amigos, colaboradores, socios y hasta desconocidos lo pueden constatar)… y esta fecha que dura tan solo un día, ¡me cuesta tanto! Tanto…, que ni lo hago. Ya van varios años que me prometo no regalar nada para que minutos antes de que llegue la noche, pase por algún detalle y caiga regalando. ¡Este 2014 ya no! ¡Y estoy feliz! Un gran ejercicio para notar la aceptación de los demás aun si no les regalo nada en un día especifico. Regalo lo que sale de mi corazón cuando sale de mi corazón sin fecha predeterminada, pero ya me es imposible regalar cuando me siento obligado y con ello se desvanece el afecto puro dando paso a una obligación mediáticamente contraída y sostenida por el ego. No, yo ya no puedo así.

 

No deja de impresionarme cómo un día como hoy, y desde ayer, la gente “prepara el daño” preparando la cena de Navidad. ¡Una hecatombe metabólica! Cada vez más y más gente sabe del tremendo daño que genera el azúcar, el daño que genera cenar muy tarde, el daño que genera comer en grandes cantidades, el daño de ingerir varias bebidas alcohólicas, el daño que es convivir con personas tóxicas, y todo eso y más, ¡se sucede para muchos esta misma noche!… ¡Incluso preparando todo desde unos días antes para vivirlo! ¡Dios! No, yo no puedo así. Si lo importante es convivir, va… voy y convivo un rato, pero no, yo ya no puedo comer todo lo que se pone en la mesa y no, no por estar a dieta, simplemente no, yo ya no puedo así. Recuerdo hace años cuando amanecía el 25 de diciembre totalmente edematizado, con edema hasta media pierna, sientiéndome profundamente pesado y abotagado, con tremenda falta de energía, aderezado de agruras y colitis o resaca… para levantarme a tomar un “Alkaseltzer y Buscapina compuesta, y más al rato un par de aspirinas”…, para recibir una llamada a media mañana donde ¡se me vuelve a invitar a regresar al mismo daño, “al recalentado” para seguir comiendo lo mismo que me afectó en las mismas cantidades o aun mayores por ya ser una comida en la tarde. Con la carbo-intoxicación generadora de constante apetito, la invitación por supuesto que era aceptada y más si, como suele ser, es gratis.

 

Hoy que han pasado los años y que tengo el suficiente dinero para poder comer en mi casa, no, yo no puedo así -ni necesito- yendo a gorrear comida maquillada del pretexto de la alegría de volvernos a ver. ¡Pero si ya nos vimos tan solo hace unas horas, en la noche inmediata anterior! No hay tiempo ni de extrañar a alguien así. No, yo no puedo. Yo no voy a recalentados desde hace años, ni del día 25 ni del día 1 de enero. Yo como sanamente en mi casa, feliz de saber que me hago bien, feliz de saber que respeto el templo que es mi cuerpo incluso para poco a poco ir pudiendo tener mayor evolución espiritual. No se puede avanzar espiritualmente con un cuerpo torpe y enfermo autogenerado por el nivel de conciencia de quien lo porta. No, yo ya no puedo así. Yo si me he de preparar, he de prepararme para disfrutar de ver mis piernas sin edema incluso en pleno 25 de diciembre. Disfruto de levantarme el 25 a buena hora y sentir la energía que me dan mis elecciones de alimentos sanos y la inteligencia de elegir mis suplementos. Hoy siento tremendamente el beneficio de las únicas vitaminas que se absorben en el cuerpo como ningunas otras del mercado, hoy disfruto inmensamente saber cómo preparo mi bien con el mejor suplemento de Omega 3 que he encontrado, y estoy seguro que el nivel de alegría que eso me genera es de mucho mayor aportación para el bien colectivo que dañarme comiendo lo que desde hace mucho tiempo sé afecta tanto y para mal a mi cuerpo, o lo peor, “preparando el daño”. No, yo ya no puedo así.

 

Yo siempre estoy muy alerta de mi teléfono y de los mensajes que recibo en redes sociales para responder ayudando, pero hoy, no, hoy y mañana yo ya no puedo así. Ya desde hoy temprano empezaron a llegar a mi celular mensajes de felicitaciones ¡hasta de gente que ni conozco! ¡Cómo le puede interesar a alguien felicitar así! ¡Qué lejos está ese alguien de conectarse verdaderamente con la intención auténtica de una felicitación veraz! Gente que piensa que por enviar masivamente una felicitación a “todos sus contactos” en Whatsapp o Facebook, siente que “ya cumplió” con lo que “se debe hacer” en un día como hoy. ¡Dios! No, yo ya no puedo así. Yo solo he hablado con la gente que realmente conozco, socios, amigos y familiares. Yo ya he comunicado muchos textos que realmente elevan el nivel vibracional de quien los lee durante todo el año en mis medios de comunicación, eso lo hago todo el año, pero sentirme obligado por tradición a un momento como hoy, no, yo ya no puedo así.

 

Hace unos minutos recibí un mensaje en el Messenger donde alguien me dijo hoy, pleno 24: “Doctor, aprovechando las fiestas…, me gustaría saber cuándo tendrá citas el próximo año para empezarlo bien”. Yo leí entre líneas: “…porque si viera lo mal que voy hoy… mejor ya voy sacando cita con quien me ayude a resolver el daño que preparé y al que estoy dispuesta a hacerme hasta para que no sea absurdo el tiempo de preparación”. ¡Uf! No, yo ya no puedo ni imaginar vivir eso. Desde hace tiempo que creé mi protocolo de “Alimentación Consciente” he cambiado el placer del sabor momentáneo por el gozo del bienestar permanente. Cuando lo vives, no quieres regresar al daño subsecuente del placer del sabor momentáneo, ¡nunca! Pero para ello, tienes ya que haber probado el muy superior gozo del bienestar permanente.

 

Sugiero, con mi filosofía de vida, Nueva Conciencia, que hoy te pongas el desafiante reto de encontrar un momento para estar solo, totalmente solo o sola para conversar con Jesucristo. Ya luego ve a la parte realmente noble y hermosa del inconsciente colectivo de hoy: convivir con personas que quieres y te quieren. Recuerda que para convivir no tienes que comer en exceso y dañar tu cuerpo con un daño que, te afirmo, no es de una cena y ya, es un daño que se queda en tu cuerpo por varios días, muchos, luego de una opípara cena que te atrevas a hacer. Tú lo notarás claramente en tu cuerpo durante muchos días. Evítate la frustración de otra vez vivir enfermo o con ropa que no te queda. Evita convivir con personas tóxicas. Evita tomar alcohol en exceso -y si puedes evítalo del todo-. Evita comprar lo que te generará más angustia financiera a largo plazo a cambio de un segundo de aceptación que reclama tu ego al momento dar un regalito que nadie necesita, ni recibirlo ni darlo. Procura escuchar con profunda atención y sin interrumpir los relatos de aquel familiar que reclama atención desde hace tanto tiempo -y donde por cierto, ese será uno de los mejores regalos que le puedas dar a alguien-. Procura comer tan sanamente que estés alerta y suficientemente despierto para festejar y abrazar a quien amas, así como para recibir señales de destino que te inviten a mejorar como persona. Si puedes, no prendas la televisión -sí, sé que este es un gran reto, pero valdrá la pena para que se revelen más verdades que debes conocer-. Procura un momento de este inconsciente colectivo navideño para pensar y analizar qué parte de tu vida puedes mejorar para que tu sola presencia se convierta en un gran regalo para otro humano. Procura ser paz, para que en tu presencia otro la sienta como bendición. Procura hoy, que por creencia colectiva acordamos festejar el nacimiento del Salvador, que renazca en ti ese nivel de conciencia, tu Nueva Conciencia, que precisamente te salve a ti primero invitándote a ti mismo a trabajar desde hoy los cambios que estarás deseando dentro de ocho días, en el otro inconsciente colectivo donde se suceden los deseos de año nuevo. ¡Date cuenta de que puedes tomar ventaja y tener desde hoy un año nuevo de 372 días en lugar de 365! Tú puedes iniciar un renacimiento en tu vida, honrando al símbolo del Niño Jesús, precisamente desde hoy mismo. No caigas en el juego de que hoy te das permiso de fallar, al fin te corriges dentro de ocho días en año nuevo. Como hemos visto, cada quien cree lo que quiere y hasta lo festeja aun siendo un mito, pues así, con una Nueva Conciencia, podríamos festejar tú y yo un “año nuevo aventajado” de 372 días si lo empezamos mejorando desde hoy.

Qué las enseñanzas del maestro Jesús -aprovechando este inconsciente colectivo- tiendan más hacia ti, te conviertan en una mejor versión de ti asemejándote a Él y que tu sola presencia sea el gran regalo que otro humano anhela y siente que necesita para volver a creer en la bondad y en la dicha de esta existencia humana.

 

Recibe una Nueva Conciencia de mis felicitaciones en un día como hoy…

 

¡Vive con entusiasmo!

 

-Alejandro ArizA.

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