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27/01/2011

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Justo antes de triunfar. - Columnas

 

Cuando todo parece estar saliendo bien, cuando sientes claramente que tus más anhelados sueños están a punto de cumplirse, precisamente ahí hay que estar más determinados que nunca. Porque cuando se está muy cerca de lograr lo que se ha deseado, se puede experimentar un paradójico sentimiento de culpa. Notarás que estás llegando a donde muchos otros no hay podido llegar y podrás pensar que no mereces discriminar a tanta gente siendo tan diferente a ellos por tu éxito. Ahí, aunque no lo creas, podrás estar tentado a abandonar tu objetivo. Ahí podrás llegar a preferir ni hablar de tus victorias para no ofender a quien no las tiene, y cuando callas tus victorias puedes perder interés en ellas.

El tema de la autoestima es por demás conocido y estudiado en varias de mis conferencias, seminarios y libros, pero en mi reflexión de hoy remonta en una enorme importancia. Si triunfas, ¡tienes que estar profundamente orgulloso de ello y disfrutar de una gran felicidad por el más puro merecimiento aprendiendo al arte de no sentirte incómodo por ello! Por eso se  requiere de auténtica autoestima, para sentirlo así y sin remordimiento por comparación social, sin que ese orgullo y felicidad se vean opacados por ese sentimiento de culpa que puede surgir de ti cuando te comparas con tanta gente que no ha logrado lo que tú estás logrando. De esos momentos donde en vez de disfrutar intensamente, prefieres callar por aquello de la mal entendida “prudencia”, momentos donde uno cree que es mejor no decir nada de nuestras victorias para no ofender a quien no las tiene. Si duda en muchos casos es un acto de prudencia y recato, sin embargo, en muchos otros es un error de nuestra parte al elegir convivir con quien no está a la altura de nuestras más grandes pasiones y exitosos resultados. Elige bien con quien convives, elige bien a tu pareja, siempre he sugerido que elijas a quien tiene cierto parecido a tu pasión, enfoque, determinación y éxito, porque solo así se podrá disfrutar de una auténtica y transparente conversación sin el estresante y cansado auto-editor que por prudencia se requiere mientras uno conversa con alguien tan diferente a uno mismo.

Cuando tu éxito naturalmente lo observas, y consciente o inconscientemente alcanzas a ver la comparación con la falta del mismo en gente cercana a ti, puedes llegar a pensar que no mereces lo que te da la vida. Increíblemente puedes llegar a tener momentos donde olvidas todo lo que has hecho para superarte y construir con tu propio esfuerzo una mejor versión de ti mismo, sacrificando tentaciones que otros no sacrificaron, haciendo mucho de lo que otros nunca hicieron, renunciando a caminos fáciles que otros no renunciaron, tomando decisiones que otros no tomaron y con todo ello puedes sentir culpa justo antes de triunfar pudiendo destruir inconscientemente lo que tanto trabajo te ha costado construir. Se requiere de gran y auténtica autoestima para atreverte a ser diferente distinguiéndote precisamente por tu éxito. Si no desarrollas primero una sólida autoestima, tu deseo y necesidad de “pertenecer” a un grupo puede ser mayor que el anhelo por conquistar tus sueños, ahí es cuando abandonas fácilmente tu sueño de triunfador a cambio de sentirte aceptado en un grupo de mediocres.

Justo antes de triunfar, existe ese último obstáculo que pone a prueba nuestra determinación, esa sensación de no querer ofender discriminando con nuestro éxito a quien no lo tiene, y esa sensación de “ayuda por no discriminación” puede incluso matizarse con un halo de aparente santidad: renunciar a la conquista para mantener la hermandad entre iguales.

El ser humano de Nueva Conciencia entiende de dignidad, entiende del merecimiento que existe por el enfoque, determinación y afanoso trabajo que ha realizado, y entiende que su éxito es, al final de la historia, merecido y útil para ponerlo al servicio de los demás, entonces sabe que no está solo en el proceso, sino es parte de un entramado donde por merecimiento le ha tocado triunfar para ser cada vez más útil a los demás. Alguien con Nueva Conciencia, así mismo, respeta y honra la Fuente de su verdadero éxito: Dios. No podemos renunciar a un designio divino porque es parte de Su plan donde quizá éste sea convertirnos en inspiración para muchos otros que estaban a punto de renunciar a sus sueños.

Tú, muy en tu fuero interno, sabes si mereces el éxito y la victoria, ya que en algunos casos estos llegan aún sin merecimiento, sino tan solo para poner a prueba tu honestidad. Pero solo aquel con Nueva Conciencia que entiende de dignidad, aquel que es capaz de honrar su proceso reconociendo la entrega que tuvo en él, se mantiene hasta el final, se mantiene hasta la conquista de sus ideales sin culpa de ningún tipo. Y en la victoria, con profundo agradecimiento a la vida, a los demás y a Dios, afirma con profunda alegría: “Mis triunfos los... vivo con entusiasmo! -Alejandro Ariza.


 

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