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27/01/2011

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Sí, me tienen muy actualizado con todo lo que pasa en NC y Alejandro Ariza

No, casi no reviso facebook ni twitter

No sabía que tenían presencia en redes sociales

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Obedece como dicha. - Columnas

 

Existe una paradoja axiomática: “Tal parece que si te dejas fluir, entonces las cosas saldrán como tú quieres”. Sé que para el ojo inexperto esta afirmación puede ser vista como total contradicción. Pero no es así. Desde hace tiempo vengo viviendo un “desafane” al no querer controlar absolutamente nada de lo que me sucede, y al mismo tiempo que lo he logrado he notado con asombro que todo lo que pienso sucede!, y con mayor celeridad y acuciosidad. ¿Cómo me lo explico? Quizá por la concatenación de los siguientes eventos:

 

  1. Las cosas que suceden, tienen que suceder como parte de un plan perfecto y saber esto te conecta y convierte en paz
  2. Surge el factor “emocionante sorpresa” al abrirnos a Nueva Conciencia
  3. El nivel vibracional en esos momentos es alto y ahí la capacidad para manifestar se sucede

 

Las cosas que suceden, tienen que suceder como parte de un plan perfecto y saber esto te conecta y convierte en paz. Aceptar esta verdad universal resulta un enorme desafío para nuestro ego, esa parte de nosotros que se obstina en querer tener el control absoluto de las cosas. Cuando decides cambiar para mejorar, cuando recibes señales de destino para madurar, entras a una espiral ascendente de evolución espiritual donde te vas dando cuenta de que tal parece que ya todo está diseñado desde un plan mayor, mucho mayor. Por supuesto que analizar este punto se presta para toda una disertación independiente, pero aquí tan sólo he de afirmarte que se trata de un principio y verdad elemental para quien quiere vivir una Nueva Conciencia. Cuando llegas a aceptarlo, el premio es la paz. Ya no luchas, ya no te obsesionas, ya no te cuestionas con dolor incesante, ya no te esfuerzas en vano. Aceptas pacíficamente que lo que sucede es precisamente lo que tenía que suceder para la más sana evolución de todos los involucrados. Por supuesto que aún así como humanos nos reservamos el privilegio de tener una intención para lograr determinado resultado. Por supuesto que debemos hacer el intento (intento como sustantivo -chamánico- no como verbo) para hacer que las cosas sucedan. Pero -gran pero- al mismo tiempo debemos aceptar que si el resultado es distinto a lo que deseábamos, si es diferente a lo que esperábamos luego de hacer lo que hicimos incluso con ahínco y maestría, es porque hay un plan superior al que no estaba alineado nuestro intento, y pacíficamente debemos aceptar lo que suceda. Incluso cuando se llega a este nivel de conciencia, en vez de molestarte porque las cosas no salieron como tú deseabas y más luego de que tu ego te trata de convencer ferozmente de que merecías el resultado planeado luego de tanto esfuerzo, en vez de eso, si las cosas no resultan como lo esperabas, podrías voltear al cielo y con una sonrisa decir: “Está bien, me alegro que exista desde un plano muy superior el poder para corregir y mejorar. Descubro que mi intención no estaba alineada a un plan mayor y me alegro de que se me alinee con lo mejor que seguro está por venir”. Paz. Experimentas y te conviertes en paz. E incluso más allá, si las cosas resultan tal como tú lo deseabas, debes darte cuenta de que tampoco es lo que tu ego te hace creer de que “tú lo lograste”, sino más bien en ese caso podrías decir volteando al cielo: “Me alegro que mi intención estuviera alineada con un plan mayor y así se me permitiera aportar lo necesario para que aquel plan mayor se siga cumpliendo. Estoy agradecido por participar con esta aportación que se me permitió”. Humildad y paz. Ahí también te conviertes en paz.

Créeme que después de años de vivir con esta creencia, alcanzas a descubrir claramente que uno no es el que está diseñando las cosas, sino que uno es parte del diseño. El paradigma cambia de creerte líder o descubrirte fiel sirviente. La conciencia cambia de suponer que uno manda a descubrir que uno obedece. Y con el tiempo si alcanzas a descubrir quién manda en verdad, empieza a ser placenterísimo el obedecer, incluso dichoso.

 

Surge el factor “emocionante sorpresa” al abrirnos a Nueva Conciencia. Todos conocemos la emoción de recibir una buena y agradable sorpresa, y ese, exclusivamente ese, es el tipo de sorpresa que la vida nos da una vez que aceptamos el punto anterior. ¡Te imaginas vivir así a todo momento! Pues de hecho es así como creo que está planeado que vivamos todos. Sólo cuando se entromete nuestro ego es que la sorpresa es cubierta por un velo. Dejamos de sorprendernos. La Luz de la agradable y constante sorpresa de la vida, se tapa con el velo de la afanosa costumbre de creernos los únicos hacedores de lo mismo que deseamos todos los días. ¡Caray! Si tan solo supieras que cada mañana que tienes la dicha de despertar el universo entero te tiene preparadas constantes sorpresas agradables! Lo único que tienes que saber es aprender a leer las señales de destino que se van apareciendo al paso de los minutos, y obedecerlas como dicha de este hallazgo. Atreverse a decir “sí” por todo lo que se construye inmediatamente después y como consecuencia de ese “sí”.

Desde que fundé Nueva Conciencia, poco más de 20 años, vivo así todos los días. Yo no tengo un empleo desde nunca, no conozco lo que es tener un jefe, un sueldo, una aguinaldo, un horario, pero te puedo afirmar que hoy sí conozco lo que es tener un “patrón” y saber que uno trabaja para Él y directamente bajo Sus órdenes. Cuando descubres eso, cuando te das plena cuenta, hasta dan ganas de caer de rodillas agradeciendo la dicha de poder obedecer. El Señor no tiene horarios, no es un jefe, no da un sueldo específico, no da un aguinaldo ya cuantificado. Dá mucho más que todo eso junto. Mucho, mucho más. Te lo dice uno de sus más fieles servidores. Mi “patrón” es..., llámale como quieras, ya no me detengo en cuestión de “etiquetas”. Simplemente sé que la dicha de obedecer a Aquel es un blindaje de total seguridad. Por eso uno camina por la vida así de seguro. Sabes para quién trabajas.

No sabes cuánto disfruto escribirte esto. La emoción que siento en este momento es difícil de describir, pero me alegra tanto poder decírtelo. Porque, de hecho, todos estamos igual. Sólo que unos nos damos cuenta y otros no. Y en ese “darse cuenta” radica toda la diferencia. De la incertidumbre pasas a la seguridad total incluso dentro de ella. Este aparente absurdo, existe. Vivir en la conciencia de la emocionante sorpresa de todo momento, hace que incluso te puedas adelantar sabiendo que siempre pasa así, que al final todo es bueno, y si lo que vives no es bueno, sabes perfecto que entonces ese no es todavía el final.

Déjame darte dos ejemplos que ahora me vienen a la mente. Si un día te atesta un intenso dolor que incluso te lleva al hospital, es posible que con un primitivo nivel de conciencia te detengas hasta ahí, hasta el dolor y así por supuesto que la vas a pasar mal, pero si con Nueva Conciencia te adelantas a lo que sabes perfecto sucederá, te empiezas a imaginar cosas incluso en pleno dolor, incluso en la ambulancia o en el auto de quien te lleva al hospital, de que al llegar al nosocomio esté en la cama de al lado el amor de tu vida y al verla/o hasta el dolor parece quitarse. Y hasta te emociona pensar que ese amor de tu vida termine siendo la doctora, el doctor, o puede llegarte a emocionarte luego aún más que no tengas ni idea de la sorpresa que te espera al continuarse la historia que para ti pareció iniciar con un intenso dolor. Así se vive en los terrenos de Nueva Conciencia todo el tiempo. Y créeme, llega un momento en que es tan abrumadora la cantidad y frecuencia de alegres sorpresas de todos los días, que empieza a suceder el que no tengamos más otra opción que admirarnos con profunda humildad ante lo magnánimo de la perfección de un plan que apenas empezamos a vislumbrar. Es sobrecogedor. A esos niveles la seguridad y la paz es tan desbordante que descubrimos que estamos aquí para seguirlas esparciendo a quien llegue a nosotros, ya que el nivel de conciencia se eleva a tal nivel que alcanzas a ver que hasta tú mismo eres parte del engranaje perfecto para el plan que hay para otra persona y su bien. ¡Ah! Cuán alivia y conecta a misión saber esto. ¿Sientes emoción? Yo la estoy sintiendo ahora mismo. Incluso sé, ya sé, que estas líneas -que siento perfecto cómo me van siendo dictadas- son parte de un plan perfecto que aliviarán a miles aligerándoles lo que creen su carga. Casi podría apostar que hasta ganas te dan de reenviar este texto a tantas y tantas personas a las que juntos les podríamos expandir tanto bien. Si es así, hazlo.

Te dije que te daría dos ejemplos y ya te compartí uno. El otro es cuando pierdes algo, ya sea dinero, propiedades, a alguien, etc. Si sigues en la línea de pensamiento que hoy te he compartido, descubrirás con asombro que esa pérdida es “el boleto” de entrada a la ganancia subsiguiente. Verás que llega un momento en que con cada pérdida surge al mismo tiempo la emocionante sorpresa de la expectativa del “¡ahora qué sigue!”. Sugiero que creas en esto y sanes: “Con una pérdida nada acaba, sino tan solo se abre paso a lo que sigue, y eso siempre será mejor y lo descubres así tan sólo si te atreves a seguir”. Así se vive cotidianamente con emoción por existir. Amén.

 

 

El nivel vibracional en esos momentos es alto y ahí la capacidad para manifestar se sucede. Cuando sientes paz, cuando sientes emoción, cuando sientes entusiasmo, el nivel al que vibra tu energía es alto, altísimo. Y en esos niveles, hay salud, hay bienestar pero sobre todo, hay capacidad creadora. Entonces, estando así, sintiendo así, de ser creado también eres creador. Me atrevería a decir que si Dios habita en nosotros, se evidencia que sí habita cuando manifestamos Su capacidad creadora, y jugando con las palabras -sin faltar al respeto- escucho un diálogo en mi cabeza ahora mismo entre Dios y yo:

 

 

Dios: Bien, bien. Me alegro mucho, de verdad mucho. Hace rato que no teníamos un momento así. Y sí, vas bien. Te diré algo más directo al respecto de lo que aquí estás expresando para todos.

 

Ariza: ¡Por favor!

 

Dios: Tengo muchas ganas de entrar en todos ustedes, pero la verdad, hasta yo Dios le doy la vuelta a entrar en aquellos que están tan de malas. Y no porque no me guste, sino porque en esas personas no puedo hacer gran cosa, no quieren obedecer, no tienen ni la fuerza. La verdad sí entro, pero solo para hacer compañía e intentar e intentar e intentar que me escuchen, pero esa gente ni eso puede hacer. Aún así ahí estoy. Confío y sé que algún día me sentirán. Pero en aquellos que, como tú lo haz expresado hoy en este texto -que bien me has tomado el dictado-, están en paz y entusiasmados con la emocionante sorpresa cotidiana que les reservo a todos, en ellos, es más fácil que Yo actué. Entro fácilmente en ellos y mi creación se continúa con la obediente participación de ellos. Cada uno de ustedes son mis manos, mi obra continúa y continúa a cada momento, pero hasta Yo me alegro de saber que me dan permiso de actuar a través de ustedes cuando ustedes me albergan con su entusiasmo. Esa es la clave para que Yo entre en ustedes y juntos continuemos mi creación, misma que no para ni un solo instante.

 

Ariza: Me impresiona cómo lo expresas. Me impresiona que esté publicando este diálogo. Me alegra, aunque al mismo tiempo siento, raro.

 

Dios: Calma, que bien sabes que el año entrante tenemos que publicar todo un libro donde dialogamos así. Desde hace 6 años me tienes guardado, pero el 2011 será el mejor momento para que salga ese diálogo y hoy aquí empezamos.

 

Ariza: Wow

 

Dios: Pues bien, sigue tomando dictado, o mejor dicho, te dejo ya escribir con la creencia de que tú eres el autor. Pronto publicaremos más. Aprovecho este espacio para decirle a todo lector: Sí, te estamos hablando a ti. Sí, todo está bien. Sí, elige la paz comprendiendo lo que hoy te he expuesto aquí. En estos días de fiesta, y siempre, emociónate con mis sorpresas diarias. Sí, lo mejor está por venir y muy, muy pronto. Sí, te amo. Mucho. Te amo. Estoy más cerca de ti de lo que tu te imaginas. 



 

Estimado lector, lectora. No sabes cómo me siento ahora. Se quieren asomar algunas lágrimas en mis ojos. Tengo gran emoción de sentir la libertad de escribirte así hoy. Te confieso con toda verdad que hoy por la mañana cuando “algo” me levantó muy temprano alcancé a escuchar dentro de mi cabeza: “Ponte a escribir”, y de inmediato yo mismo me decía: “¡¿Pero de qué?! No tengo nada en mente”. Y la voz me insistió: “Ponte a escribir!”. Y quizá en este momento comprenda que al obedecer como dicha, descubro que para escribir no se trate de tener algo en mente, sino de sentir algo en el corazón. Y pues aquí estoy, revelando mi más sincero sentir. Ayer mismo recibí por algún lado que ahora no recuerdo, quizá en mi correo o en los comentarios de la página de facebook, el comentario que alguien me decía: “Dr. Ariza, si pudiera se lo pediría hasta en arameo, pero por favor ya escriba! Extraño mucho sus comunicados”. Y en este momento sé que ya se estaba dando la orden. En más de 20 años de escritor, nadie me había dicho: “... hasta en arameo se lo pediria...”, y siento hasta en eso señal. Hoy cuando me levanté a hacerme un café, “sentí” curiosidad por ver unas cartas con letras en otro idioma!, quizá deseando ser inspirado para escribir algo aquí, y me atreví a sacar “al azar” una carta con tres letras que hoy te comparto aquí con su meditación (HEI HEI HEI -se leen de derecha a izquierda-):

 

 

 “Con la energía divina de esta secuencia de letras, me conecto al poder de los antiguos grandes sacerdotes del templo para sanar todas las áreas de mi vida, incluyendo problemas de salud, dificultades financieras y conflictos en las relaciones”.

 

 Que el poder de estas letras también fluya hacia ti aquí y ahora. Es un regalo para ti, para nosotros. Felices fiestas a todos. Prometo ahondar mucho más de este tema en mi siguiente conferencia que la vida me hace sincronizar con mi día preferido, el día 18! Prometo que quien se de cita en este día tan especial conviviendo con “Señales de destino” (info aquí), se llevará en su alma una experiencia inolvidable. Me dará mucho gusto que nos veamos ahí con gran... ¡Emoción por Existir!  -Alejandro ArizA. 

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