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27/01/2011

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Confrontando al tiempo. - Columnas

 

De verdad que hoy me siento extraño. Me siento como no perteneciente al ritmo que lleva este mundo. Aunque al mismo tiempo me disgusto conmigo porque alcanzo a ver claramente que yo mismo soy el que elige seguir ese ritmo, un ritmo que fue una opción de las que tuve para elegir, cuando también existía la otra más a mi estilo. Esto de vivir Nueva Conciencia te hace tan responsable de todo lo que eliges que imposibilita para escribir desde la cómoda posición de víctima que tan desarmados y cómodamente inocentes nos coloca. Es ahí cuando por Nueva Conciencia ya no hay nada que decir, nada, o cuando mucho sólo reiterar con letras o voz lo que en sabio silencio me podría mantener: “Soy responsable”, (para no escribir “Es mi culpa”, que es como lo mismo pero donde se oye más fuerte el golpe autoatestado). Entonces, sé que esta nota es más como autoterapia (como siempre me resulta mi escritura) que la exposición de una reflexión basada en sentirse víctima del inclemente tiempo. El tiempo no es inclemente, lo que que puede serlo es nuestra ignorancia desde la cual administramos por valor las actividades a realizar en ese tiempo. Me tardé mucho en elegir el título para esta nota y terminé dejándolo como lo lees, “Confrontando al tiempo” por la prudente manera de expresar en breve lo que más atinadamente era mi sentir con un título como: “Confrontándome con mis propias elecciones en la administración de mi tiempo”.

Llevo 4 días consecutivos en que he dormido prácticamente 3 horas cada uno, acostándome a las 5 am y levantándome a las 8 am. ¡¿Por qué si sé perfectamente el daño que le hago a mi cuerpo y a mi mente durmiendo tan poco, por qué lo sigo haciendo y para colmo en forma consecutiva?! ¡¿Por qué si todas las mañanas donde me siento tan mal y ahí me digo: “¡No me vuelvo a desvelar así!”, precisamente ese mismo día lo vuelvo a hacer?! Pues ahora mismo se aventura una respuesta a salir impetuosamente de mi mente: “¡Porque si no lo haces así Ariza, no te daría tiempo de hacer todo lo que te ha encantado hacer estos días, por pasión!”. Pasión, ese deseo ardiente o ferviente por algo o alguien. Eso es lo que te mueve hasta el absurdo y más allá, pero absurdo para el que lo observa, porque para ti tiene tanto sentido! La vida es personal.

Me encanta leer, me fascina estudiar, me extasía escribir, me apasiona dictar mis conferencias Nueva Conciencia, me gusta muchísimo el mercadeo en redes, disfruto intensamente estar con alguna persona inteligente y valiosa, gozo comer muy bien y sano, me divierto con algún amigo, me fundo en armonía estando con mi alma gemela, me hago humilde y muy sensible estando con mis papás, me atrae mucho caminar solo, soy un mac-fan, y todo ello (por nombrar solo algunas de mis principales fascinaciones) lo quiero vivir lo más posible! Pero no hay tiempo para todo, entonces siento que no tengo otra opción que arrancarle horas a la actividad que no me apasiona tanto: dormir. Lástima que esa actividad no sea cuestión de pasión, sino de necesidad fisiológica elemental, y que, para colmo, si no se satisface, afecta en todas las demás por la merma en tu capacidad de concentración y memoria.

Ya me lo esperaba, pero al escribir como terapia, empiezo a sentir que se asoma la razón por la que me siento extraño hoy, quizá sea por experimentar lo que bien podría ser uno de los sentimientos más debilitantes, si no el que más, puede experimentar un ser humano: la impotencia. No poder... no poder hacer, no poder vivir, no poder sentir, no poder experimentar todo lo que uno quisiera. Y si hay alguien que no se siente así, es porque todavía no conoce todo lo que puede hacer! Sin duda existe así cierta paradójica felicidad en el mediocre. Si no conoce, no puede elegir, no sentirá la impotencia de querer hacer tanto. Pero para los que nos hemos atrevido a conocer más allá de nuestros convencionales horizontes... ¡Ah qué tentador es el mundo entero que se te abre imponente frente a ti! De verdad que hoy más que nunca entiendo, al grado de justificar, el que existan varias vidas para una persona. ¡Una vida entera no da tiempo para tanto! Sé que como conocedor de la existencia de otras vidas, paradójicamente me debería calmar y llevar un ritmo más apacible, al fin lo que no pueda vivir esta vida, pues ya tengo otras tantas y al parecer interminables, pero es que los placeres de ésta me atrapan queriéndomelos llevar con el esfuerzo de que no sea al revés. ¡Dios!, estamos condenados a elegir. Sólo que la condena se hace proporcionalmente más grande y cruel para el que más conoce.

¡Es tan difícil elegir cuando tienes tantas opciones viables para ti! Eso pasa desde el reto de elegir un tipo de auto cuando en esta época ya hay tantísimos para elegir, como también en la carta de un restaurante repleto de platillos exquisitos y hasta quizá de esta verdad provenga el desafío de la fidelidad. Perdón que toque el tema así, pero qué claro me queda en un clásico, donde la mujer que se queda en casa, por ello, conoce tan poco que se le facilita la fidelidad, pero que el hombre que sale y por ello conoce tanto, se le facilita la infidelidad. Qué lógica tiene cuando una celosa mujer le dice al marido: “Saliendito del trabajo te vienes derechito para acá”..., pues claro, evitando así el tiempo para poder conocer más opciones que, como tales, pudieran resultar en tentación, o peor aún, en evidencias de franca mejora y con ello el impetuoso e irrefrenable impulso por mejorar prefiriendo otra relación. Quiero dejar claro que puse este ejemplo como mero “concepto” más no literal, ya que también sé de hombres que se quedan en casa y mujeres que salen, y más frecuentemente hoy en día, cuando ambos salen y conocen más. La paz proviene cuando no te sientes dueño de nadie. No poseemos a nadie... y así también debemos de sentirnos claramente no poseídos por nadie. Nadie es propiedad de nadie. En fin, me estoy desvirtuando del tema. Dejaré de lado este delicado tópico de pareja y sus opciones. Retomando el concepto central, me reenfoco en lo que elijo hacer en mi tiempo. Todos tenemos 24 horas al día, desde el presidente de los Estados Unidos, hasta el mendigo de la esquina y pasando por cualquiera. La diferencia sólo estribará en lo que elijo, por prioridad de mis valores, para hacer en este mismo tiempo. El problema se complica cuando en tus valores, por todo lo que has conocido, tienes muchas opciones en los primeros lugares. Todo esto lo comparto porque en en estos días en que vengo cavilando acerca del tema, para colmo la vida me envía una frase que leí hace unos días en mi twitter y me golpea casi haciéndome sangrar en mi interior y frenando en seco la velocidad con la que estaba realizando varias actividades al mismo tiempo. Leí: “Ignoramos a los que nos adoran y adoramos a los que nos ignoran. ¿No es irónico?”. No pude ni parpadear y mi respiración se cortó. De inmediato vinieron a mi mente mis papás, quienes me adoran y el poco tiempo que les dedico, y ciertas personas a las que sí les dedico tiempo y... como dijo un ciego: “¡Nada que ver!”. Quizá lo extraño y mal que me siento es por darme cuenta de que no he agendado con prioridad lo que de verdad la tiene. Las actividades que siento me dejan dinero han sido mi prioridad. Y no, no se trata de avaricia (¡aquí me atrevería a decir que “bueno fuera”), sino de necesidad. Tengo necesidades económicas y soy el único responsable de satisfacerlas... y ello implica dedicarles tiempo. No tengo hijos por decisión propia, pero tengo empleados también por decisión propia en virtud de haberme convertido en empresario, también por decisión propia. Y cuando comparo lo que pagan mis amigos que tienen hijos en sus colegiaturas de afamadas escuelas, lo veo tan accesible comparado con el pago de sueldos. Es la vida de un empresario, de un líder. Mientras que existe cierta facilidad en la vida de empleado común por recibir un sueldo a cambio de su tiempo y quizá de su talento, el líder empresario vive en el apasionante desafío diario de ser él el origen de esos sueldos, de generar riqueza para repartirla y compartirla con otros a cambio de lo que esos otros nos dan para poder estar sentado aquí horas escribiendo, literalmente me dan tiempo, el que les pago. Todo sucede en un orden perfecto. Solo que actividades como esta, escribir desde mi corazón, no me genera ningún dinero y aún así aquí estoy, porque desde hace años hago una enorme cantidad de cosas gratis para el bien común. Me incluyo en ese bien. Al rato que salga de esta nube de placer intelectual, bajo el mundo del día a día y tengo que invertir tiempo en crear riqueza para repartirla, y ese tiempo aunado al de mis placeres intelectuales me van restando el tiempo que tengo para estar con los que me adoran (amor de mis padres). Error. Quizá. No sé. O sí sé. O mejor no opino. O me engaño. Mejor no opino. Ya con el mero echo de observar me estoy sintiendo tan extraño que si doy el siguiente paso, juzgar lo que observo, pudiera ser peor mi sentir para hoy. Sé que observar ya es un paso grandioso. Tengo que darme tiempo también (!!!) para analizar si el deseo de invertir más tiempo con quien me adora tampoco vaya a ser un hermoso maquillaje así con tanta nobleza y pureza de actitud tan solo para evadir mis responsabilidades como líder emprendedor. O quizá se acerca el momento en mi vida de bajarme del escenario para irme a recluir a vivir una vida muchísimo más sencilla y común, donde aquella duda pudiera dejar de existir.

Cómo quisiera pedir perdón a toda aquella persona o actividad a la que no le he dedicado el tiempo que merecen en virtud de verdadero flujo de amor y sentido bidirecional. Qué difícil y desafiante es a momentos saberte líder y que, como tal, eres el único, ¡¡¡único!!!, responsable de lo que vives. El seguidor siempre tendrá el bálsamo como as bajo la manga de creer y decir que lo que vive es porque otro se lo impone (su jefe, su líder, su familiar, el gobierno, y un sinfín de etcéteras que para justificar lo que vive tiene alguien en la cómoda posición de víctima incomprendida). Sí, quizá de eso se trate mi sentir hoy... el indescriptiblemente enorme peso que recae en los hombros de un líder cuando se sabe el único responsable de lo que vive y genera en ello. Estoy sintiendo que la correcta administración del tiempo es el origen de mi sentir tan extraño el día de hoy. Prioridades y congruencia. Incluso el tremendo reto de sentarme a escribir esto de día, hace que constantemente me esté sonando el teléfono y el mail y distractores que no existen cuando escribo a las 3 o 4 de la madrugada. Pero me atrapó el deseo de escribir salpicado de un poco de inspiración al medio día de hoy, y ni hablar, cuando el impulso llega, simplemente llega sin avisar. Y ha aprendido en 18 años de escritor que si frenas el impulso -otra vez por tiempos- éste te puede abandonar y así dejar de recibir una señal que de origen divino te viene como invitación a cambiar.

Hoy uso este espacio de mi página Nueva Conciencia para simplemente hablar frente al espejo con la palabra escrita, y quizá algún reflejo te ayude a ti a ver algo interesante también como opción de mejora. Voy a tomar el teléfono ahora mismo y hablar con mis papás para decirles cuánto los amo y agendar una comida con ellos. Tan solo la idea de terminar de escribir esto para hacer esa llamada hace que se asomen lágrimas en mis ojos. Estoy sintiendo ¡Emoción por Exitir! Entonces es tiempo de terminar es nota. -Alejandro ArizA.

 

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