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27/01/2011

¿Revisas la página de facebook de Nueva Conciencia y la de twitter o tumblr de Alejandro Ariza? 

Sí, me tienen muy actualizado con todo lo que pasa en NC y Alejandro Ariza

No, casi no reviso facebook ni twitter

No sabía que tenían presencia en redes sociales

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23: Qué pasó y qué sentí. - Columnas

  

Vivir inmerso en la magia que tiene el mundo es algo que casi podría apostar a que todos estamos en. Pero hacer conciencia de ello, también podría apostar a que casi nadie. Y es una pena para tanta gente que la magia se siente y se multiplica sólo al hacer conciencia de ella. Quizá se trate de ella misma actuando con mayor fervor al verse a sí misma replicada a través de acuciosa observación de la vida del que logra estar atento y curioso. La conciencia se filtra en un alma abierta para regocijarse apreciándose a sí misma. Eso creo. Tal vez por eso me siento tan impelido a escribir lo que ha pasado en mi vida reciente. En estas últimas horas se han arremolinado ideas en mi mente como pocas veces en mi vida. Me punzan las sienes y sé que se trata de una manifestación física de algo que quiere explotar de la emoción dentro de mí. Durante largo rato no supe cómo escribir esto, pero apenas hace un momento una idea me inspiró a darle un formato de “Qué pasó y qué sentí” con horarios aproximados de lo acaecido. Aquí voy:

 

18 de noviembre, 18:00 hrs y hasta el amanecer del día siguiente.

Qué pasó: Voy caminando por la calle y siento el impulso de comprarme el libro de la más reciente “novela” de Dan Brown, El símbolo perdido. Camino a mi hogar y al llegar decido apilarlo en mi abundante pila de “libros por leer”, ya que intuía que si me sucediera algo como fue la lectura de El código daVinci no podría dejarlo y tenía cosas que hacer antes de caer atrapado así por un buen libro.

Qué sentí: Curiosidad por iniciar la lectura de algo que intuía importante en mi vida, algo más allá de una exitosa novela. Me llamó la atención que ese libro llegara a mí en mi día 18, donde siempre he sentido que soy uno con el infinito, donde hay “línea abierta” con el Todo, donde hago más conciencia de la diaria fusión total.

 

21 de noviembre, 18:00 hrs.

Qué pasó: Todo el día daba vueltas una idea en mi mente. Así sin que tuviera una lógica por la influencia de algo vivido recientemente o por la recomendación expresa de alguien. Simplemente “algo” en mi interior me decía desde que amanecí y con frecuencia: “Ve la película....”, y se aparecían en mi mente las escenas de los cortos que hace mucho vi cuando, yendo a ver una película, me llamó poderosamente la atención otra, la de los cortos, que tenía que ver con “números”. Actuaba como estelar Jim Carrey. Recordaba perfecto escenas tipo “thriller” con angustia y ansiedad por saber algo acerca de un número, un tipo de tremenda revelación. Siendo cerca de las 18:00 horas, fui al Blockbuster para pedirla. No sé cómo se llamaba, ni nada más que ese vago recuerdo de los cortos. Así entre y tal cual se lo dije al dependiente. Se me quedó viendo como: “...no tendrá alguna otra referencia”. Antes de que dijera nada, me adelante y le dije: “Y no, no recuerdo nada más”. El dependiente volteó a ver a su compañero de trabajo que estaba en una caja de al lado, le habló al oído y en ese momento se fue a una computadora de donde sacó el nombre diciendo que sí la tenían, la película en español se llamaba: “23, La Revelación”. En inglés: “Number 23” (Número 23). Me la dio gratis porque según esto tenía de regalo esa renta. Nunca supe por qué, pero lo agradecí. Me dirigí a casa a verla.

Ya siendo noche, tipo 11 pm, preparé la ambientación perfecta para mí, para disfrutar una película como me gusta. De pijama, en el lugar preferido de mi sala, un exquisito té Roibos Hazelnut Dolce al lado, un gran volumen soround estéreo, apagados todos mis teléfonos, y toda, absolutamente toda mi atención, y sí, también alguien a quien quiero a mi lado.

La película me impresionó sobremanera. Alcancé a ver una enorme cantidad de simbolismos, verdaderas revelaciones, y al comentarlos con quien yo estaba, me di cuenta de que cada quien ve lo que es capaz de ver en base a su momento evolutivo de conciencia. Nadie es mejor que nadie, simplemente estamos en diferentes estadios. Mientras que mi querida compañía ya deseaba irse a dormir, yo al mismo tiempo estaba en un impacto que por su magnitud me era imposible conciliar el sueño. Preferí no comentar ya nada. Los mensajes son personales, siempre lo he dicho. Muchos pasajes de la película concordaban con pasajes que yo mismo he tenido con otros números, como el 11:11 (del que he escrito ya), el 333 (del que también he escrito y hasta un programa de TV hice), y a fechas recientes el 12:21. Sin lugar a dudas, de que hay un mensaje en los números que va más allá de la clásica Numerología, lo hay. Es algo mucho más allá.

Qué sentí: Sobrecogimiento. Sorpresa. Todavía hasta el momento me pregunto: “¿Por qué no se le dio mayor difusión a esta película?, ¿Por qué nadie me comentó nada si estuvo en el cine? ¿Por qué no llegó a mí más dramatismo para moverme y terminar haciendo que la fuera a ver al cine hace más de dos años que salió?”. Pues bien, siento dos razones: (1) No era mi momento y, (2) Efectivamente el mensaje de la película no es para las masas. Creo que lo poco, poquísimo, que alcancé a escuchar de esta película es lo extraño que era ver a un cómico como Jim Carrey haciendo un papel de suspenso. Hoy que vi la película, ya me imagino el nivel de conciencia de aquel que opinó eso. No alcanzó a ver. Y por lo mismo, ni ha de alcanzar a ver lo que ha de estar pasando en la vida del mismo Jim para que elija dar esos mensajes. Hoy siento que hay profundo sentido en su vida haciendo esto, incluso con su más reciente película hoy en cine: Los fantasmas de Scrooge (misma que recomendé ya ampliamente a través de mi Twitter).

No acabaría esta nota si comento toda la película, pero algunas de las ideas que me impactaron es cuando dice: “El 23 es una señal, y el mismo número al revés, 32, es el símbolo de “un destino”. También me gustó cuando en la película alguien que juega el papel (que nunca puede faltar ni en una película ni en la vida real) de escéptico, dice: “¡Ya no te obsesiones con tu 23! Si alguien quiere buscar algo, nada más por su obsesión de querer verlo, lo va a encontrar, y nada tiene que ver. Ya déjalo”. Hum... algo similar lo he escuchado tantas veces. Pero por eso este año publiqué mi libro Señales de destino, porque hay algunas cosas que le pasan a uno que no puede ser fruto de una mera obsesión por quererlo ver o vivir. Son claras e innegables señales de destino que están tocando a tu puerta, y muchas veces tocan con tanta fuerza que aunque mantenemos el privilegio de no querer abrir, nos damos cuenta de que sí, efectivamente nos están llamando.

Por supuesto, casi no pude dormir esa noche.

 

22 de noviembre, 18:00 hrs.

Qué pasó: Iba caminando por mi sala, con toda la inercia de no hacer nada, cuando de repente volteo a mi mesa de libros y “me jala” El símbolo perdido y sin haberlo planeado inicio su lectura. Como me lo suponía..., me atrapó sin poderlo dejar incluso durante 11 horas continuas. En la contraportada “The New York Times” refiere: “Es imposible dejar de leer El símbolo perdido”. ¡No podría esta más de acuerdo!

Desde el momento en que abrí el libro, me impresionó su epígrafe de apertura:

 

“Vivir en el mundo sin percatarse del significado del mismo

es como deambular por una gran biblioteca sin tocar sus libros”.

Las enseñanzas secretas de todas las épocas

 

Recuerdo que sólo el leer estos renglones me hizo detenerme. No podía seguir sin reflexionar en un exquisito silencio del lugar en donde vivo acerca de la profunda verdad de esas palabras. También sé que mucha gente disfrutará de sólo pasar por la biblioteca sin tocar ni un solo libro, pero para los que nos hemos atrevido a “abrir” un libro y ver la profundidad llena de misterio y magia que la biblioteca del mundo nos ofrece, no podemos más que querer seguir abre, abre y abre... significados.

La referencia central a las ciencias noéticas que tiene la novela me cautivaron. ¡Es la esencia de Nueva Conciencia! Y cuando llegué al capítulo 15... casi desmayo de la impresión. Son todos los postulados de mi filosofía de vida, Nueva Conciencia, que he pronunciado desde hace más de 18 años. Por ejemplo, una frase del libro es: “La clave de nuestro futuro científico se oculta en nuestro pasado”. Y yo escribí un artículo hace años que titulé: “La modernidad de lo ancestral”, expresando lo mismo y que ya empezaba a ver. No hay nada nuevo..., solo hay re-descubrimientos.

Sin embargo, no fue sino hasta que llegué a ese capítulo donde conocí por primera vez que existía un libro llamado “El Zohar”, un libro donde se basa toda la Kabbalah y que, según esto, es el libro más original que contiene toda la sabiduría ancestral incluso con datos de nuestra época y de nuestro futuro, aunque haya sido escrito hace miles de años atrás! Ahí detuve la lectura de la novela y, como muchas veces me pasa, sentí el impulso de investigar del acerca del tema.

Qué sentí: La incesante curiosidad que se está convirtiendo en un llamado. Desde hace muchos años en varias de mis conferencias, en más de una ocasión, varias personas se han acercado a decirme: “Usted ha estudiado la Kabbalah, ¿verdad?”. A lo que siempre he respondido: “No sé ni siquiera qué es eso. Disculpe”. Algunas de las personas que me lo han dicho se me quedan viendo como no creyéndolo, pero es la verdad, hasta el día de ayer, no tenía ni la más remota idea de lo que es el o la Kabbalah e incluso lo he comentado con mi alma gemela, lo curioso que se me hace que me digan que mis postulados sean muy parecidos a los de la Kabbalah, según esas personas que se me han acercado. Desde hace años que no le di importancia a estos comentarios como lógica consecuencia de mi ignorancia al respecto. Pero anoche, apenas anoche, siendo la 1 de la madrugada me di a la tarea de investigar qué es eso, y muchas otras palabras que encontré el El símbolo perdido. Impresionante lo que empecé a estudiar y se me reveló de madrugada.

 

23 de noviembre, 1:00 am.

Qué pasó: Sin poder dormir de la emoción otra vez, me di a la tarea de investigar en Internet lo más que pudiera acerca del Kabbalah. ¡Dios! La cantidad de la información es abrumadora. Confié en mi instinto y seguí las ligas que más me atraían. Así llegué a “Kabbalah Centre-México”. Me cautivó la información y me quedé varias horas, quizá hasta las 4:00 de la madrugada leyendo, investigando, estudiando. ¡Dios! ¡Los preceptos clásicos del Kabbalah efectivamente son mis ideas expresadas desde mis primeras conferencias hace años! Hasta anoche lo vi yo también, lo que esas personas en mis conferencias me decían. Y también, mi madurez (donde sea que esta vaya) me ha llevado a entender que los conceptos no nacen “precisamente de uno”, sino “pasan a través” de uno. Para llegar a esta conclusión he tenido que abatir mi ego desde hace tiempo. Al principio, a uno como autor lo tienta la idea de que determinada idea es propiedad de uno, y por ello el registro de propiedad intelectual, derechos de autor y cosas tales. Sin embargo, conforme ha pasado el tiempo, he descubierto amorosamente que el conocimiento es universal y proviene de una misma fuente para todos. Recuerdo alguna vez hace años cuando me dijo mi director editorial de Grijalbo - Random House Mondadori, un momento en que iba yo con gran ilusión a dejar mi material y con toda brusquedad (como era su estilo de tacto de elefante): “Hum... bueno, pues revisaremos tu texto, aunque ya debes darte cuenta: no hay nada nuevo, ya todo está escrito”. ¡Cuas! Dile eso a un joven escritor que lleva su libro con toda ilusión de llevar algo “novedoso” para el mundo. Hace años cuando el director editorial me dijo esto, me decepcionó al tiempo que experimenté cierta molestia. Sin embargo, debo reconocer que el talento intelectual de este hombre era mayúsculo (inmensamente comparado al mío), aunque su beligerante modestia no lo hacía parecer así. Pero hoy, luego de años de aquel suceso, ahora que he crecido un poco más, me entero de que sí, efectivamente existen textos de donde se han basado otros textos, autores que se han basados otros autores, y así sucesivamente, me incluyo por supuesto. Solo la madurez te lleva a darte cuenta de esto. Y sí, mi evolución espiritual también me ha llevado a darme cuenta de que existe un único conocimiento presente en todo momento con toda la información del mundo habida y por haber (¡esto existe!), un tipo de Conciencia presente en todo momento con toda la información de todo tipo para todo el mundo, pero que a la que sólo algunos tienen acceso y en determinado momento de “inspiración” se sucede un tipo de “download” (descarga) de esa información y quizá por error nos llamamos “autores”, cuando ahora, con una Nueva Conciencia, más bien parecemos meros “comunicadores” de algo que ya está ahí y ha estado desde siempre, nada nuevo. Quizá a algunos que hacemos lo que sea necesario para “sintonizar” con esa descarga es que se nos encarga la tarea de comunicarlo. La verdad, eso es todo. De hecho, sé que varios comunicadores o conferencistas están suscritos a mi página y boletín para leer lo que escribo y de ahí sacar ellos sus textos o programas de radio. Uno sólo es un canal y el conocimiento es el mismo para todos. A lo mucho, unos tienen más talento que otro para expresar lo mismo, pero lo más curioso es que se trata de lo mismo. Imagina lo que anoche fue, para mí, el descubrir que un libro llamado “El Zohar” fue leído por el mismo Jesucristo para inspirar muchas de sus acciones. Qué tal que ese mismo libro fue leído por Platón para que éste dedujera muchos de sus postulados filosóficos o, mejor dicho, simplemente los re-expresara, qué tal que ese libro fue el que leyó Newton y de ahí basara sus leyes, mismo libro que expresa las profecías de Nostradamus muchos siglos antes de qué éste naciera, mismo libro donde están con siglos de antelación los descubrimientos de Galileo y Einstein. Pues bien, al descubrir esto... ¡yo tenía que leer ese libro! -pensé anoche. Claramente se advierte que ese libro es sólo para personas que ya tienen muy avanzado su camino espiritual, y pues... quise intentarlo, ya la comprensión y mi subsecuente transformación hablarían de si es adecuado para mí o no. Es un libro, por lo mismo, controversial, pero en virtud de que no existe mayor ignorancia que opinar de lo que no se sabe, preferí dedicarme a estudiarlo antes de decir nada más.

El Zohar, un libro escrito por 10 cabalistas en el siglo IV, en una cueva, sabiduría recibida por Iluminación, todos ellos enfocados en la Eternidad y el Amor. Un documental acerca de este libro ya lo he publicado en mi facebook (para los que les interese).

Siendo las 2:30 am, pensé en una clásica poderosa estrategia para conocer algo de verdad, con humildad buscar a “un maestro”, alguien con quien pudiera conversar. Así, en ese centro mundial de Kabbalah encontré al único que hay en México de ese centro, Ariel. Leí la referencia que dan de él y lo muestran como un verdadero maestro, parte de todo un linaje donde, aunque sea joven, se entiende su sabiduría por haberse iniciado a los “18” años, tal cual consta ahí. Detecto cosas buenas en su imagen. Vi su foto y detecté cosas maravillosas en ese ser. Hace tiempo desarrollé la capacidad de interpretar todo lo que dice una fotografía de alguien, y lo que leí de la fotografía de Ariel me hizo ver a alguien digno de ser conocido. En ese momento me dije: “Voy a conocer y a platicar con Ariel”. Se me ocurrió escribir su nombre en facebook y ¡boom! Ahí estaba. Le envié un mensaje escribiéndole: “Acabo de saber de tu existencia por Kabbalah Centre, y quiero platicar contigo, este soy yo...”, y le di mi página de Internet.

Qué sentí: Fluir. Sorpresa. Empatía. Emoción. Eran pasadas las 3 de la madrugada y seguía lleno de emoción. Ya quería que amaneciera para ir a conseguir el Zohar y a conocer el centro Kabbalah-México. También me emocionó encontrar a alguien que me interesa en facebook, y lo digo por estar en México. Aunque es una vía muy natural para buscar a alguien en un país de primer mundo, en México es un milagro encontrar a alguien ahí por como estamos atrasados en suscribirse y saber usar redes sociales. Así, sentía que la magia seguía y seguía.

Parte de lo que más me gustó de lo poco que he aprendido en tan solo unas horas de investigación al respecto es que: Kabbalah no es ninguna religión, es un conocimiento espiritual antiguo que revela secretos y explica al humano lo que le ayuda a abrir su alma y corazón. ¡Uy! Con razón me han dicho que Nueva Conciencia se parece. Es un conocimiento para ser usado, no solo aprendido. Es un camino para crear una vida mejor. Es un conocimiento que enseña a sus estudiantes a cuestionarlo todo y a nunca sentirse forzados a tomar decisiones, no hay coerción espiritual por definición intrínseca. (¡Tal cual Nueva Conciencia!). Una de las frases de su página es: “...así como una bombilla encendida ilumina una habitación a oscuras, así se revelan objetos que previamente no se veían”, y es una metáfora que yo mismo he usado en mis conferencias! En fin... me da gusto que exista algo que resuena con Nueva Conciencia. Me da gusto, mucho gusto.

Otra noche que apenas dormí unas tres horas.

 

23 de noviembre, 12:00 pm.

Qué pasó: Me dirigí a Tecamachalco, donde se encuentra el centro Kabbalah-México. Mi sorpresa fue ver una casa sin anuncio ninguno. Entré y ya adentro te enteras de qué se trata, afuera nada (quizá como muchas cosas en la vida, estaba en plena metáfora viviente). Compré varios libros y en su tipo de librería ¡me encontré con el Zohar! Me esperaba un libro grande, pero no lo que ví. ¡Varios tomos son el libro Zohar! Cuando vi el estante donde iniciaba y recorrí con mi vista uno a uno hasta que terminara. Mi sorpresa, doble, fue cuando vi que se tratan de 23 tomos. 23. Luego ahí recordé que ese texto, original en hebreo, se debe leer al revés, de derecha a izquierda, y los expertos afirman que aunque uno no entienda nada, los símbolos y códigos sí entran al espíritu y lo transforman, bastando con pasar la vista sobre ellos de derecha a izquierda. Los 23 tomos ya están traducidos al inglés, y sólo los primeros 5 al español. ¡23 tomos es el Zohar!

Quedé pasmado porque se empezaban a tejer historias de apenas unas horas antes. 

Una persona, líder del centro, se presentó muy amablemente y me habló en inglés porque no habla español. Me dio su tarjeta, Shimon Sarfati, y atinó a decirme así sin más viéndome a los ojos: “Tú eres una persona con muchos sueños e ideales, ¿verdad?”. Wow. Obvio le dije sí. Y remitió a decir: “Tú y yo pronto iremos a platicar uno a uno. Mucho que conversar contigo”. Y se subió a sus oficinas. Luego volví a su librería y me cautivaron como 10 libros. Los compré todos. ¡Muchos temas de los que yo hablo! Me emocionó la resonancia.

Ahí en Tecamachalco me enteré que tenían una “sucursal” en Polanco (¡de haber sabido, me quedaba más cerca!), y “sin necesidad alguna ya de ir”, sentí que “algo” me decía que fuera. Así lo hice. 20 minutos después estaba en Polanco visitando su sucursal. ¡La ubiqué perfecto! Ya había pasado caminando por ahí muchas veces, pero no había entrado, ni sabía que era un centro de Kabbalah, bueno ni sabía que significa ni nada de Kabbalah. Hoy entré y busqué otros libros que no tenían en la otra sucursal. A los pocos segundos de haber entrado y revisando su librería, alguien a mis espaldas me llama y me dice haciéndome voltear: “¡Hey! Tú estabas hace un momento en Tecamachalco, ¿no?”. Al dar vuelta dije: “Efectivamente. ¿Y tú eres...?”. “Me llamo Ariel” -respondíó. ¡Y ahí lo ubique por la foto! Era el sujeto que pocas horas antes en la madrugada dije: “Lo voy a concer...”. Estrechamos nuestras manos y me dio un abrazo que sentí lleno de amor y sincera camaradería. Cuando se intersectaron nuestras miradas, hubo un algo como “tú y yo ya nos conocemos desde hace mucho, mucho tiempo”, bueno, al menos eso yo sentí. Seguramente Ariel captó mi impacto y le dije si tenía tiempo y le podía platicar lo que había vivido en los últimos días y horas. Asintió. En menos de 2 minutos hice un resumen y por supuesto, cuando llegué a referir el encuentro con él alzó las cejas y sólo me dijo sorprendido: “¡Tienes un gran poder de conciencia!”. Como no entendí exacto qué quiso decir, no más puse cara de “Yo creo sí”. Ha de haberse referido a mi capacidad para manifestar, y eso, pues que ni qué, estaba parado en otra evidencia. Luego se fue a hablar con sus asistentes y yo le pedí al mío que me diera uno de mis libros para regalárselo, La fuerza del pensamiento. Así lo hice y quedamos de vernos.

En el camino de Tecamachalco a Polanco mi asistente notó mi asombro y me preguntó cómo estaba. No pude más que platicarle cómo se estaban tejiendo las cosas y ahora él también sentía sobrecogimiento. Recuerdo que en un momento le dije: “Es que Robert, mucha gente me ha dicho que se parecen mis postulados al Kabbalah, por ejemplo: uno de los postulados centrales de mi filosofía de vida, Nueva Conciencia, es que nada sucede por accidente, todo pasa por algo y ese algo siempre es algo bueno”. “Sí, lo he escuchado en varias de sus conferencias doctor, y de hecho, ya me consta luego de aprenderlo con usted”. “Sí Robert, y allá adentro en las instalaciones vi un libro que hablaba al respecto. ¡Qué curioso!”. Continuamos y así llegamos a Polanco. Pero déjame volver a la escena en la sucursal de Polanco: Antes de irme, vi que en la mesa de ahí al lado, había a la venta un paquete de cartas con mensajes de un libro, una de las nuevas formas de mercadear un libro, con tarjetas, ninguna novedad. Del paquete de cartas, sin ver tomé una y esa que tomé “al azar” decía: “De acuerdo al Kabbalah, el mayor error que cometemos en la vida es creer que hay errores o accidentes. No hay errores. No hay coincidencias. No hay accidentes. Y no hay súbitas catástrofes. Todo lo que pasa, pasa por alguna razón”. Y más abajo de la tarjeta propone un ejercicio: “A lo largo de tu día, nota cuántos eventos “parecen” que te pasan sin razón. Sentí un escalofrío. Y bien sé de que se trata esa señal del escalofrío. 

Qué sentí: Lo que sigue del asombro. No sé que siga, pero eso. Fue maravilloso ya entrar en contacto con Ariel, hubo conexión. Percatarme de la sincronía perfecta y agradecerla tocó lo divino hoy. Agradezco que suceda y agradezco que me doy cuenta. Sigo vibrando del impacto de que de tantos y tantos ejemplos que le pude haber puesto a mi Robert acerca de los preceptos de Nueva Conciencia que ahora ví en la librería del Kabbalah Center, elegí un ejemplo, sólo uno, ¡el mismo concepto que salió en la tarjeta que tomé del paquete de cartas con mensaje! ¿Coincidencia? ¡Por supuesto que no! ¡Por obviedad replegada en sí misma! E incluso, al mismo tiempo, el mensaje en sí... nada esta sucediendo por accidente. Y sentí más asombro cuando seguía reflexionando de mi pasado reciente al mismo tiempo que vivía la sorpresa del presente, y uniendo tantas cosas que me han pasado en los últimos días. También uní lo siguiente: al ver el estante de todos los tomos del Zohar, los 23, sabiendo que se leen de derecha a izquierda, así me dieron ganas de leer el 23, entonces percibiéndolo como 32, y ahí me acordé del mensaje que da la película del 32: una señal de tu destino. Me pasmé con otro escalofrío.

Saliendo de Polanco, me temblaban un poco las piernas y sentí la necesidad de venir a escribir esto. Me vine corriendo para sentarme a escribir. Me puse ropa muy cómoda (como me gusta escribir), me fui a mi mesa y prendí mi amada mac abriendo mi “Pages”. Prendí un incienso y me preparé un exquisito te Choco Nut Green Tea. Y empezó a fluir lo que está aquí escrito. Cuando me levanté a servirme el te, vi que se dibujaba una figura con el incienso... y recordé que el incienso se lee. Le tome fotos pero no lograba salir el dibujo... eran dos líneas de humo, perfectamente paralelas. Imagínate: de la punta del incienso, salían dos líneas de humo perfectamente paralelas que no se movían..., lo primero que vino a mi mente en forma impetuosa: “¡Un camino! Ariza, estas frente a un camino”. Era clarísimo. Regresé a mi mesa a escribir. Y al consultar, horas más adelante, la página del Kabbalah y para mostrarte las fotos que he puesto aquí, buscando la foto de Ariel, ¡se me abre la página en una sección de “Ayuda al estudiante” con una imagen ¡idéntica al incienso! ¡identica! Te la muestro y no diré más. Simplemente siento una clara invitación a recorrer un camino, o quizá a confirmar que lo vengo recorriendo ya. Eso sí, el asombro no termina.

 

En mis mas recientes conferencias, he dramatizado unos de los preceptos más importantes de Nueva Conciencia: “Tú solo puedes alcanzar a ver lo que llevas dentro”. Y normalmente me tardo como media hora explicando la profundidad de lo que esto implica con la mayor amenidad posible. Esta verdad siempre me ha parecido tremendamente impresionante y reveladora. De hecho, es una idea que empiezo a dilucidad desde mi primer libro, Nueva Conciencia, (cuya primera impresión fue hace alrededor de 16 años) cuando en uno de mis capítulos expreso cómo un amigo mío se desesperaba de que yo no sabía “contestar” cuando alguien me faltaba al respeto y que le daban ganas de estar dentro de mi cabeza para ayudarme y responderles. Cuando me preguntaba el por qué yo no les decía nada, me remití a contestar: “Por que no sé qué”. Dentro de mí no había un conocimiento con la suficiente maldad de argucia verbal para responder, y la verdad, es sé que fue un bendición que eso no estuviera dentro de mí, es así que no me podía salir lo que no llevaba dentro. Han pasado los años y hoy sigo insistiendo en ese mensaje, porque uno solo podrá ver lo que lleva dentro, de ahí la trascendencia de primero cultivar el interior para alcanzar a ver afuera precisamente lo que cultivamos dentro. Y te digo esto porque para rematar, de los 15 libros que compré hoy, tomé uno llamado: Los 72 nombres de Dios, Tecnología para el Alma, y lo abrí “al azar” en la página 108... y dice: “He visto al enemigo, y ellos somos nosotros” -Pogo. [...]He aquí lo que los kabbalistas de la antigüedad decían a este respecto: “Si una persona presencia cualquier forma de odio, ya sea en su propia calle o en cualquier parte del mundo, esto significa que esta persona aún tiene alguna medida de odio que persiste en su propia alma”.

No más por hoy. Me siento extraordinariamente bien de haber escrito esto. Lo disfrutaré cada que vez que se me antoje leerlo. Esa es la magia de escribir. Siento inconmensurable... ¡Emoción por Existir! -Alejandro Ariza.

 

Pd: Yo casi nunca estoy consciente del día en que vivo. Así se ha transformado la percepción que tengo de mi propio tiempo y así me siento bien, así me funciona. Cuando ocasionalmente, muy ocasionalmente, tengo duda de que día es, simplemente pregunto y alguien me dice. Hoy en el camino hacia mi hogar, sintiendo este irrefrenable deseo por escribir(me) lo que había vivido, se me ocurrió preguntarle a mi asistente: “Oye Robert... ¿Y qué día es hoy?”. Por primera vez en todo el día tuve curiosidad de saber qué día era. “23 doctor, lunes 23” -me respondió.

 

Termino este texto y volteo a ver el reloj, exacto a las 11:12 pm. Súmalo. Sigo en shock.

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