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27/01/2011

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¿Qué anda diciendo la gente de mí? - Columnas

 

 

Siempre me ha atraído la idea de aprender cada vez más del Maestro Jesús sobre todo en aquello de la ayuda a los demás, las sanaciones, las enseñanzas, etc. Me ha halagado profundamente que más de una persona me ha dicho de la maravilla de mi bendito trabajo en esta vida: orador, maestro, médico, etc. En aquello de mi gusto por querer aprender con toda humildad de Jesús intentando estudiarlo cada vez que alguien me enseña de Él sólo me da calambre cuando me acuerdo del final de Su historia. Ahí es donde uno le piensa a eso de querer parecerse. A uno lo andan crucificando por andar de redentor. Ni hablar... así viene “el paquete completo” y a veces quizá consista en aceptarlo. Hablemos de esto un rato. 

En estos últimos días he sido objeto de difamaciones y desprestigio por parte de personas que a eso se dedican. Por suerte nada trascendente, pero sí digno de análisis. También muy posiblemente debería de decir: “En estos últimos días me he alcanzado a dar cuenta de que he sido objeto de difamaciones y desprestigio”, porque alrededor de una figura pública siempre se dicen e inventan cosas, siempre, y la única diferencia está en que algunas veces nos damos cuenta y otras no. Algunas veces les conferimos importancia y otras no. Dependerá de nuestro grado de evolución de conciencia el conferir importancia o no. Estos son de los momentos en donde tanto nos ayuda recordar uno de los preceptos básicos de la filosofía Nueva Conciencia: “Nada ni nadie tiene importancia, salvo la que decidimos darle”.

Aún así, a nivel muy terrenal, no deja de llamarme poderosamente la atención cómo cuando uno se dedica a hacer el bien, a llevar luz, a ayudar, a despertar, por las mismas acciones, otros se ven afectados en sus intereses y harán lo que sea necesario para que la gente siga mal, en la oscuridad, desvalidos y dormidos. ¿Cómo lograrlo? Pues una de las más comunes estrategias es atacando al encargado del bien, intentando dañar al que despierta a otros, desacreditando al que lleva la luz. ¿Qué es lo más impresionante que me ha tocado atestiguar en este tipo de historias? ¡Qué el promedio de la gente no tiene criterio propio y capacidad de discernimiento para ver la verdad! Si la gente duda por lo que dijo uno y luego por lo que dice otro... ¡¿Por qué no investiga para ver quién tiene la verdad... para sentir quién ES la Verdad?! No lo sé. Quizá sea otra de las tremendas consecuencias de la apatía y holganza que reina en el carácter de mucha gente. Yo no digo que creamos lo que diga o afirme un “Maestro”..., yo solo propongo y sugiero que si eso que dice un maestro se pone en tela de juicio... ¡investiguemos con la mayor objetividad posible! Y no precisamente por “defender el prestigio del Maestro”..., sino por nosotros mismos para estar colocados en la Verdad y desde ahí fluir.

Hace unos días gente de cierta industria me buscó pidiendo mis consejos. Esta parte donde inicia la historia es para mí trascendente... “ellos me buscaron”, ellos vinieron a mí en busca de respuestas, y nunca yo fui a buscar a nadie. Pues bien, luego de que gente viene a buscarme para ver mejor, para ver con mayor luz..., fuerzas de la oscuridad, tal cual pirañas jalando a su presa, tal cual una mafia amenazando a quien se quiere salir de sus filas, gente que intentando encontrar paz, serenidad, luz y pureza en otro lugar, recibe de su gente de arriba intimidaciones que los amedrentan con amenazas por atreverse a cuestionar e indagar por su parte algo para mejorar. Aquella mafia consciente de que ese despertar de un grupo podría despertar a la mayoría por contagio de comportamiento... ¡de inmediato tienen que acallar al pequeño grupo que se cuestiona e indaga para detener el pequeño movimiento que podría convertirse en un éxodo! ¿Cómo? Amenazando a quien se atrevió a pensar y cuestionar, amenazando a quien se atrevió a ser el primero en querer cambiar, amenazando a quien desea buscar la luz y luego desprestigiando a quien la lleva. “El malo es aquel”. Gente de la oscuridad que convence con falsos argumentos de que el peligro está allá. Y lo peor... amenaza a una mente y corazón débiles... asusta a un cobarde..., y listo, todo movimiento se detiene. Todo regresa al punto de partida, aunque no igual, pero regresa. Por eso se necesita tanto de un “verdadero líder”, alguien que se atreva a cuestionar, que se atreva a preguntar, alguien que se atreva a observar con toda objetividad qué es mejor para él y para su grupo, un líder que tenga la casta y y la férrea voluntad de seguir, al precio que sea, un camino de Verdad y paz, un líder que nada lo amedrente si se atreve a cambiar, un líder que tenga, por naturaleza de tal, la fuerza, el arrojo y el coraje de mantenerse en su camino cuando encontró la Verdad, algo mejor para todos. Pero... casi no hay líderes. Por eso siempre lo he dicho... el líder es otra raza. Una raza que cuando se trata de dirigir hacia el bien y la verdad, es una raza ya casi extinta.

Que pena, como nostalgia, me ha dado constatar en una historia reciente y cercana a mí que un grupo pudo salvarse del abuso y de la dificultad, pero su representante fue amenazado y paralizaron su progreso con el arma que todo lo paraliza: el miedo. Y qué fuerte es constatar que aunque tú demuestres que no hay nada, absolutamente nada qué temer, el otro sigue teniendo miedo. El miedo a un monstruo de humo. El miedo a un gigante enano. ¡¿Y por qué aún así mantuvo el miedo?! Por tremenda ignorancia. El origen del miedo es la ignorancia. Y si alguien no quiere ni hace nada por combatir esa ignorancia, el maestro no puede hacer más. El maestro no puede enseñar a quien no tiene capacidad para aprender. Digamos que el maestro llega sólo hasta donde el alumno puede.

Todavía me acuerdo hace años cuando recibí un correo electrónico -como tantos que diariamente recibo en lógica consecuencia de mi trabajo- donde una señora me pedía consejos para lograr terminar la relación con su marido, de quien tanto se quejaba por su intenso maltrato y había decidido terminar la relación. En mi inmadurez de aquella época, con gusto y sincero deseo de ayuda, respondí a sus preguntas y di mis consejos para liberarse de la subyugación en forma enteramente gratuita. Meses después en alguna conferencia, un hombre alcoholizado se formó en la fila de autógrafos de mis libros y cuando llega a mí me mira con odio y me dice: “¡Así lo quería ver... de frente. Usted es quien le metió ideas a mi esposa para dejarme y se fue. Quería ubicarlo bien”. Sonreí (por fuera, porque por dentro sentía otra cosa que otro día te platico). Historias como ésta he vivido miles a lo largo de mi carrera. Desde este tipo de visitas a mis conferencias hasta francas prohibiciones de maridos a sus esposas para ya no ir a consulta conmigo porque “están empezando a pensar” y no deben. ¡Así han habido argumentos, me creas o no! Hoy sé perfecto que es el lógico precio de dedicarse a lo que me dedico: enseñanza de una Nueva Conciencia, sanación de mentes y cuerpos,... y esa enseñanza y sanación ¡no le gusta quien vive de mantener a la gente en la ignorancia y enfermar mentes y cuerpos! Entonces... parece que el enemigo soy yo. Y en vez de atacar a la ignorancia y al maltrato, ataquemos a quien los evita. Así funciona esto.

Hace muchos años, cuando me enteraba de que alguien hablaba mal de mí sin fundamento, me molestaba e iba con toda la fuerza en contra de aquel o aquella que se atreviera a desprestigiarme y lo hacía con todo el peso -tremendo peso- de la Verdad. Siempre gané. Pero al paso de los años, te percatas de que ese triunfo de la Verdad, tuvo un precio. Un precio pagado en energía depositada en “demostrar” quién tiene la Verdad. Una energía que al paso de los años, creo que no vale la pena pagar ni un penique, porque, al final, la Verdad siempre surge, no más hay que esperarse al final (detallito). Una y otra vez constato una ley: “No hay peor ciego que el que no quiere ver”. Entonces... para qué desgastarse en ayudar a ver a alguien así, desgaste absurdo aún siendo un trabajador de la Luz. Yo creo que Jesucristo hubiera evitádose la crucifixión si hubiera decidido no decir tanto, o por lo menos decirlo sólo y exclusivamente a quien estuviera preparado, pero agarró parejo y trató de enseñar a tantos, pero tantos, que muchos de ellos no tenían el más mínimo interés en aprender ni estaban preparados para tanta Verdad. Así, les movió sus referencias, se molestaron, y mejor callaron medio violentamente a Aquel que tanto enseñaba. Yo creo, dentro de las herejías que me atrevo a reflexionar, que el Maestro se hubiera ahorrado muchos dolores si por lo menos hubiera “cobrado” algo por sus enseñanzas y con ese cobro manejar un filtro mediante el evidente interés del que paga la entrada a la clase magistral. Sé perfecto que ahora mismo más de uno de mis lectores se deberá estar arrancando las vestiduras, pero pera ese tipo de lectores no estoy escribiendo hoy, si es así entonces no alcanzas a ver lo que digo y la ortografía te distrae del significado del texto. Pero para los que sí alcanzan a ver, espero que reflexionen conmigo que no todo se puede decir a todos, es menester hacer un filtro. Por eso hoy en día, los grandes maestros, pero los grandes en verdad, mejor no dicen nada. Por supuesto que yo no soy, entonces, ningún gran maestro. Quien realmente sabe, pero realmente y en forma profunda, no dice nada. Hoy entiendo esa postura como sabia. Eso comentaba precisamente hace unos días con mi alma gemela, y tan sólo atinó a decirme: “Sí, sin duda, pero a ti en esta vida te toco venir a comunicar”. Se hizo un silencio. De paso esté decir que pronto, muy pronto, dejaré de enseñar por aquí. Se está cumpliendo un ciclo.

Ante el sutil desprestigio al que fui expuesto en días pasados y de los que tengo los correos electrónicos de sus autores, donde cualquiera estaría tentado a demandar por evidente difamación, me quedé ya en silencio en mi casa pensando una de mis máximas de Nueva Conciencia, pensamientos de verdadera evolución espiritual: “Llega un momento en la vida donde no tienes que demostrar nada, a nadie, nunca”. Y ahí hay un remanso de paz incluso dentro de la turbulencia. Ahí sólo observas con profunda misericordia, tal como el maestro Jesús lo hacía frente a Pilatos cuando este le decía algo como: “¡Defiéndete, di algo...!”, y Jesús, en silencio. Ahí solo miras cómo se debaten “los otros” en dimes y diretes, en quién dijo qué y por qué, mientras tú... sólo observas desde tu pacífica postura de saber que estás sentado cómodamente en la Verdad, la cual, tarde o temprano, todos la sabrán, entonces para qué adelantarla. Ayer un chavito, chavititito de 23 años, me pedía: “Me podrías dar la evidencia para demostrarles a los otros la verdad y, bla, bla, bla”. Me reí por dentro. Hace mucho tiempo ya que no hago esas cosas. Mi palabra basta, me basta. Por lo menos para mí y eso, para mí, es suficiente. Me encanta una historia que hace años leí de Anthony de Mello, sacerdote jesuita, cuando en uno de sus cuentos comenta que una prostituta teniendo un bebito al que mató arrojándolo a la basura, dijo que su padre era el sacerdote de la Iglesia de enfrente. El pueblo indignadísimo fue con el sacerdote y le pidió que se largara de inmediato del pueblo. El sabio sacerdote se remitió a decir: “Esta bien”. Muchos años después, la prostituta momentos antes de morir confesó al pueblo que aquella historia había sido mentira, que la inventó tan solo para evitar que el pueblo la atacara por matar a un bebé y así distraer la atención contra el sacerdote. Ya ancianos los del pueblo, con profunda vergüenza fueron a buscar al viejo sacerdote al lejano lugar donde lo habían mandado. Todos con pena y lágrimas en los ojos fueron a pedirle perdón y suplicarle que regresara al pueblo, a lo que el ya viejo sacerdote se remitió a decir: “Está bien”. ¡Que nivel! Ese es el nivel espiritual al que aspiro. Ahí donde uno está en paz y el problema está en la mente de los otros. Ese es al nivel donde yo mismo me invito a estar todos los días aún recibiendo con frecuencia tentaciones para no lograrlo.

Hace unas horas me halagó mi mejor amiga con un mensaje de texto que envió a mi celular. Ella es una mujer que en verdad amo con todo mi corazón, es una verdadera hadita. Ella se enteró de lo que “andan diciendo por ahí de mí” en algún tema aislado y que en el fondo no tiene ninguna importancia y me envió un msm: “Indignante, injusto y deshonesto..., pero al final de todo es algo entre tú y Dios. Y tanto tú como Dios saben la verdad. Hace apenas un par de días me comentabas cuánto entendías el ver ya cómo no entendían lo que decías, y ahora además el sentir de que cuando tu intención es ayudar, se te dañe..., eso también te hace más parecido a Él, y a los otros más parecidos a los que injustamente lo vieron morir! Quizá te suene raro, pero eres tan parecido a Él, que no es de extrañar la actitud de los demás”. Una vez más me alegra que una hadita me compare con el Maestro Jesús... aunque una vez más me dio calambre esa partecita de: “...lo vieron morir”. Caray, de esos mensajitos donde no sabes si reír o llorar, me alegro o me preocupo, le agradezco o le reclamo. Bueno, ya sólo me queda alivianar la reflexión con aquello de que al final final resucitó.

Y sí, precisamente ayer pensaba en aquel pasaje bíblico donde Jesús les pregunta a sus apóstoles: “¿Qué anda diciendo la gente de mi?”, porque siempre me ha llamado la atención que al mismísimo Jesucristo le importara eso. ¡¿Cómo a Él le preocupa eso?! Hoy he desarrollado una teoría para ese pasaje. En un rato te la explico, pero no sin antes dejarme de sorprender, una vez más, en forma imponente, la sincronicidad. Hoy domingo, hoy que decido hablar de este tema, hoy abro mi correo electrónico a donde diario recibo el Evangelio del día, y hoy, precisamente hoy, el Evangelio es  de San Marcos 8, 27-35:

“Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. Ellos le respondieron: “Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas”. “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo”. Pedro respondió: “Tú eres el Mesías”. Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él. Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes, y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; y les hablaba de esto con toda claridad. Pedro llevándolo parte, comenzó a reprenderlo. Pero Jesús, dándose vuelta y merando a sus discípulos, lo reprendió diciendo: “¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás!”. Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres”. Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, le dijo: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará”.

¡Qué tal! Así o más sincronía. ¡Me fascina estar así de conectado! Agradezco todo el tiempo la presencia de Su Luz en mi vida. Y hasta por ello fue que hoy me inspiré a escribir, para compartir la Luz que alcanzo a ver. ¡Tengo tanto que decir al respecto de este evangelio! Intentaré no atropellarme por el remolino de ideas que se agolpan en mi mente y corazón, y aquí voy, gratis a reflexionar para ti (¡sabiendo que por gratis me expongo tanto!, pero ya luego corregiré esto, estoy en eso también, así que por el momento, espero aproveches que esto todavía tiene el posible error de ser gratuito):

Bajo cierto nivel de conciencia, que alguien pregunte: “¿Quién dice la gente que soy yo?”, podría ser la evidencia de un arrebato de su ego. Querer saber qué dice la gente de uno. El ego nos puede tender la trampa de querer saber qué anda diciendo la gente de uno, como si eso fuera lo que es uno. Esa ilusión le encanta al ego. ¡¿Pero que Jesucristo se lo pregunte?! Como que no me cuadraba mucho que tuviera el tamaño de ego como para que Él llegara a ese tipo de pregunta. Y no fue sino hasta hace unos años en que en un momento de meditación me vino la respuesta, imponente, con gloria, con gracia, con generosa enseñanza, y desarrollé la siguiente Nueva Conciencia de este evangelio: Si Jesucristo se preguntaba qué anda diciendo la gente de él, ¡no era una manifestación de su ego para ver el raiting de su imagen o enseñanzas o para autoafirmarse, sino la inteligente estrategia de investigación acerca del nivel de conciencia de la gente, porque con lo que dice la gente, ésta no expresa aquello que ve, sino revela su capacidad para ver. ¡Gloria! Uno de los momentos de mi vida de mayor revelación fue cuando llegué a la conclusión: lo que uno dice no manifiesta lo que uno ve, sino revela nuestro nivel de conciencia desde donde estamos pudiendo alcanzar a ver. Lo que uno dice ver revela nuestro deseo y grado de saber, revela nuestro ímpetu por indagar la verdad, revela nuestra capacidad de análisis, revela nuestra capacidad de síntesis, revela nuestro muy personal juicio crítico..., con todo ello, lo que opinamos revela más de nosotros mismos que de lo que opinamos.

Entonces, pues muy atinado por parte de Jesús. Él bien sabe Quién Es. ¡Uy! Vaya, vaya, vaya si lo sabía y lo sabe. Entonces qué necesidad de andar indagando lo que la gente decía de él. ¿Para reafirmarse o corregirse? ¡Claro que no en absoluto! Insisto, Él bien sabe, con absoluta certeza y Verdad Quién Es, entonces la pregunta qué hizo “¿Quién dice la gente que soy yo?”, no era otra cosa más que la investigación del nivel de conciencia de aquellos que decían u opinaban para así Él observar qué es lo que la gente tenía capacidad de alcanzar a ver, comprendiendo ese alcanzar como capacidad de aquellos, no como características de Él. ¡Wow! ¿Qué tal? Qué inteligente, qué atinado... ¡ese es mi Teacher! Y pues sí, dependiendo de lo que la gente “dice que ve” es como se manifiesta “su” capacidad para ver, mas no necesariamente lo que está ahí para verse. Por eso, por tan distintas capacidades en tan distinta gente, es que, frente a lo mismo, unos opinaban una cosa y otros otra, frente al mismo Ser, unos decían que era San Juan el Bautista, y otros decían que era Elías o otros que era uno de tantos profetas. Y pienso que Jesús, siguiendo su inteligente línea de investigación en los niveles de conciencia de los demás, preguntó a los más cercanos a Él, a sus propios discípulos: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Y luego luego salió al quite el más famoso de los fans, Pedro: “Tú eres el Mesías”. Y ¡pum! Que me lo regañan hasta haciéndolo aparte. ¿Por qué a Pedro, quien definió a Jesús ni más ni menos que como el Mesías, le tocó tremendo correctivo: “Retírate, ve detrás de mí, Satanás”? Ya me imagino la cara de “what” de Pedro, y por supuesto, también la de los otros discípulos: “Uy, si eso le dijo a Pedro, luego de lo que Pedro le dijo tan en buenísima onda y reconociéndolo... qué nos tocará a nosotros, mejor nos quedamos calladitos, no?”, creo han de haber pensado. Supongo que, otra vez, en la infinita inteligencia de Jesús, no creyó en nada de lo que dicen de Él, ni las opiniones de que es un revoltoso y generador de conflicto, de que pronto vendría la policía de aquel entonces por él, precisamente por andar de revolucionario de ideas, “ni tampoco” compró la idea de que es de los profetas o de que es “el Mesías” que incluso su muy querido y consentido Pedro le dijo. Creo que es de un Ser de gran nivel, no caer atrapado ni en el desprestigio de la gente, ni el halago. Ambas son las dos caras de la misma moneda, una moneda sin verdadero valor alguno para nuestro ser más íntimo, puro y verdadero. Nuestro ego se siente mucho mejor, sin duda, con los halagos, pero es más sano despertar y darse cuenta de que ni eso uno es. Yo mismo, gracias a Dios, ya me atrapo así desde hace años. Sin duda es hermoso, para mi ego, recibir halagos que la gente escribe opinando aquí en mi página de Nueva Conciencia con respecto a lo que soy, hago o escribo, así como también gente arremete en contra e intenta ofenderme... ¡frente al mismo escrito! Entonces, habiendo opiniones tan disímbolas, tan opuestas, tan contrarias frente a lo mismo, ni una ni otra pueden ser Verdad, sino tan solo la revelación de lo que cada lector lleva dentro de sí cuando me lee. Me ha dado tanta paz descubrir esto y vivir con esta Nueva Conciencia todo el tiempo. Creo que este nivel de conciencia todo el mundo lo debería de tener, o por lo menos todos aquellos que, como yo, estuvieran tan expuestos a grandes públicos y escenarios. Por salud mental y paz interior vale la pena despertar a esta Nueva Conciencia de las opiniones.

Regresando con mi Teacher, yo creo que Jesucristo bien pudo haber pensado: No soy ni Juan el Bautista, ni un profeta, ni un revoltoso... ¡ni el Mesías!... simplemente “YO SOY EL QUE SOY”. Traduzco: ¡Y hágale cada quien como quiera! Hágale cada quien como quiera a su percepción de esa frasecita que me boté. ¡Uatz! ¡Qué nivel! Si digo: Yo soy el que soy, entonces ya lo que tú veas de mí, no está en mí, sino en ti, lo que digas es lo que se revela de ti en cuanto a tu propia capacidad para verme y opinar desde esa capacidad. Got it? Ahí el respeto a toda opinión ajena a la de uno mismo se sucede en el acto. No hay nada que demostrar a nadie, ¡¿cómo?! Si somos seres distintos, con diferentes niveles de conciencia cada quien, entonces... ¡jamás podremos alcanzar a ver exactamente lo mismo! No depende de lo que vemos juntos, sino de lo que cada quien lleva dentro aún estando juntos opinando de los mismo. Tal vez por eso es tan sublime encontrar a alguien que logra alcanzar a ver casi lo mismo que uno, donde quizá imposible será ver exactamente lo mismo, pero cuán agradable es ver aunque sea algo muy semejante. Ahí se sucede el mismo entendimiento con la franca atracción que genera la ley de semejanza. Por eso las pirañas se juntan con las pirañas, y los seres de luz con seres de luz. Y en la coexistencia de esas diferencias debe surgir el lógico respeto. Ese lógico respeto ante la distinta opinión del otro debe surgir de la cabal comprensión de que no todos manejamos el mismo nivel de información, y con ello, las diferencias de percepción lógicamente se tienen que suceder. Uno es lo que sabe y uno sabe lo que percibe (escucha, lee, siente, huele, toca), y uno percibe dependiendo de la información que a uno se le da o la que uno va e investiga. Por ello, con Nueva Conciencia, siempre he afirmado y afirmaré: la única diferencia real entre un ser humano y otro es “la información” que tiene. Porque desde ahí se ve, vamos, con eso es con lo que se alcanza a ver. El ser humano no ve con los ojos, sino con su nivel de conciencia, y éste depende de lo que uno sabe, y uno sabe de lo que se informa. La única diferencia es la información. Y por ello, quien manipule la información, tiene el poder (pregúntaselo a los medios).

Ahora bien, si Jesús, con tantísima y cercana convivencia e intensas enseñanzas que les dio a sus discípulos se fue revelando poco a poco y cada vez más a ellos, entonces muy posiblemente ellos mismos elevaron su nivel de conciencia como para alcanzar a ver más y más Verdad de Él. Quizá sus discípulos fueron los que más lo alcanzaron a conocer -incluso sin llegarlo a conocer realmente del todo-. Y precisamente ahí es donde, para mí, remonta con mucho mayor importancia el que Jesús les dijera, precisamente a ellos, los que quizá más lo conocían, lo dicho en el evangelio: “Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada de Él”. A lo que por el puro grosor del Nuevo Testamento, nadie hizo caso. No sé si Jesucristo quiso ahí usar un clásico y viejo ardid de la Psicología Inversa: te digo algo para que hagas precisamente lo contrario. Ya es muy viejito esto (pero hoy en día). Por eso me llama la atención que ya se manejara este clásico de la Psicología desde aquel entonces. Como cuando alguien te dice: “¿Ya no me quieres?”, tan sólo esperando escuchar precisamente lo contrario: “Claro que te quiero”. ¡Pum! Listo, ahí está el deseo original, pero pedido mediante la expresión de lo inverso. Así funciona mucha gente, y ahora que lo estoy explicando lo podrás comprobar una y otra vez. Incluso ahora, y desde entonces, Jesucristo diciendo: “Ya no digan nada de mí”, y ¡cuas! Todo lo contrario incluso hoy en día y cada rato, hasta aquí estoy yo desobedeciéndolo... o quizá obedeciéndolo siguiendo la Psicología Inversa. En fin, todo dependerá de nuestro propio nivel de conciencia para opinar aquí. Como todo.

Yo creo que esa advertencia que dio fue para que los discípulos no metieran información en la cabeza de la gente y así permitir que la gente alcanzara a ver lo que su propia capacidad les diera. Es como decir: Si la gente quiere saber, no le anden diciendo, que la gente vaya e investigue por su cuenta, pero no den a saber de mi “gratuitamente” (entendiendo esto como “tan abiertamente”). Que por lo menos, la gente haga el esfuerzo de ir a buscar, que esa búsqueda de información sea “el filtro” que irá decantando el interés de cada quien por saber y así, por alcanzar a ver. Vamos, creo que quizá Su estrategia fue la siguiente: “La información estará al alcance de todos, pero que cada quien, sólo si lo desea lo suficiente, haga lo que sea necesario por adquirirla. No vayan a dar la información a diestra y siniestra acerca de Mí. Yo estaré con todo aquí para todos, pero que la gente venga a mí. No funciona al revés, quizá estaríamos imponiendo una forma de ser inspirada en mi historia, y no conviene, hasta por ustedes como mensajeros. Lleven el mensaje de mi vida, sólo a aquellos que se atrevan a hacer lo que sea necesario para saber y les pregunten, pero nada más. Les garantizo con eso, una vida de mensajeros en paz”. Algo así pasa por mi mente analizando la estrategia. Y, con el rigor de la evidencia, todos aquellos mensajeros que no siguieron esa estrategia, han puesto en problemas la fama de Jesús, y hasta ellos mismos como mensajeros se han puesto en problemas. Vamos, hasta si la gente viene por la información, ya puede haber problemas (como empezó la historia de este mail), pues imagínate si aún sin venir les damos la información. ¡Peor! Por lo menos, yo acá en mi nivel tan terrenal, pronto llevaré a cabo esa inteligente y pacífica estrategia de comunicación de información, no tan abierta, luego de 18 años ya vi que no es prudente. Mayor prudencia es dar la información a esos, ¡solo a esos!, que se atrevan a estar al nivel, al nivel de información y del informante, para que como dice en el evangelio, a esos: “...les hablaba [...] con toda claridad”.

Ahora bien, no puedo dejar de ver lo que salta, bueno mejor dicho “me salta” imponente también en el evangelio: “Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes, y los escribas”. ¡Los ancianos, sumos sacerdotes y escribas! O sea..., !los que tenían más fama de ser los que más saben! Gente que, en aquella época tenía prestigio y rigor social de ser autoridades por acumular conocimiento y sabiduría. Y pues el que más sabe de todos, Jesús, afirma: seré rechazado por los que saben. Si El que más sabe afirma que será rechazado por los que dicen saber más, sólo se puede deber... a lo que saben. A muchos, su “sabiduría y conocimiento” son precisamente las causas que no les permiten ver el mensaje de amor y entenderlo, y todo lo que no se entiende, se rechaza.

En fin... he compartido mis cavilaciones de domingo. Hay paz en mí. La paz de saber bien, muy bien, quién soy y lo que hago, y más paz aún por saberlo independientemente de lo que observen otros niveles de conciencia, un terreno donde no tengo la menor injerencia. Sin duda, como lo afirma mi amigo y colega Wayne Dyer: “El prestigio no es algo que está en mí, sino en la cabeza de los otros. Y la cabeza de los otros es un terreno a donde no tengo acceso”. ¡Gran verdad! Sólo puedo entrar al terreno de mi propia cabeza, y no más.

Se me antoja terminar esta nota compartiéndote un ArizAtip: Convive y abre tu corazón “exclusivamente” con quien tenga la capacidad de alcanzar a ver lo mismo que tú, ahí hallaras un doble gozo. Y mantén relativamente cerca a alguno que otro que vea las cosas totalmente diferentes a ti, tan solo para apreciar el contraste y autoafirmarte en tu estupenda capacidad para ver las cosas distintas. Los opuestos, sin que se den cuenta, lo ayudan a uno a festejar nuestra propia capacidad de poder ver algo distinto, y ocasionalmente, a corregir; así, esa gente te puede servir y ayudar a su modo, aunque no lo suelan hacer mucho.

Saber que Jesús, tú o yo podemos afirmar... “Yo soy el que soy” y ya... genera una gran ¡Emoción por Existir! -Alejandro Ariza.

 

PD: Espero que esta nota sea una grieta en la vida de muchos. Y lo digo porque acabo de recibir un tweet de mi alma gemela que me encantó: “Hay una grieta en todo, y así es como entra la luz” -Cohen.

 

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