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27/01/2011

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Andando en bici. - Columnas

Hoy día 11 es un día muy especial para mí. Por una u otra razón decidí andar en bicicleta. Creo que desde que era niño no lo hacía. Y hoy, luego de años, emprendí un paseo en bicicleta de ciudad. Nunca en mi vida había tenido una bici de ciudad, y lógicamente no la tuve nunca porque no la elegí así, y no la elegí así porque no sabía que existían. Desde niño conocí las bicicletas que mi papá me compró, recuerdo una cuyo modelo era “vagabundo”. Esa me duró poco. Luego mi papá compró varias bicicletas de carreras. Esas nunca las disfruté por lo incómodo que eran y las llantitas tan delgadititas y con al manubrio hasta abajo y el asiento tan duro..., ¡uy qué recuerdos! Pero eran las únicas que habían en mi casa. Y por ahí creo que tuve alguna de montaña. En fin, no sabía que había “de ciudad”. Sucede que un amigo me comentó hace varios meses que uno de sus clientes se convirtió en su amigo a la vez, y le regaló una bicicleta que le gustó mucho, una hecha al estilo de los años 50's (¡esas menos las conocía!). Me pasó la página de Internet para verlas y ahí quedé prendido de esas bicicletas. Se aprecian tan cómodas y las fotos te dicen: “Móntame y vamos a pasear”. Eso sentí. Y eso hice hoy... casi 5 meses después. ¡Por qué se tarda tanto uno en decidir! Hum... Respuesta (la doy en mis cursos y conferencias): “Porque no tienes claro lo que quieres y porque aquello no está en los primeros lugares de tu prioridad de valores”. Por eso se tarda uno en decidir. Sin embargo, ahora que ha cambiado tanto, pero tanto mi vida, hacia un mundo más saludable... ayer decidí que hoy compraría mi bici y que hoy mismo me iba a pasear en ella. Ayer en la noche, en la carretera regresando de un viaje de mis conferencias, ahí tomé la decisión, entonces, la acción vino seguida en forma inmediata. Hoy llegó mi bici a mi casa a las 10 am, y me fui a pasear sin parar hasta las 2 pm. Por supuesto, por supuesto que ahora mismo me están doliendo mis piernas... pero traigo el corazón hinchado de emoción y alegría, tanta, que como siempre me pasa, me mueve a venir a escribir. Pensé varias cosas en esta, mi primer -luego de años- paseo en bici. Te compartiré mis pensamientos.


  1. Un límite no es tu edad, sino lo que piensas de tu edad.
  2. Hay más allá de lo que uno conoce, y es interesantísimo.
  3. Qué bien se siente estar más cerca de la gente y de la vida misma.
  4. La inercia no garantiza por mucho tiempo ir hasta adelante.
  5. Es mágicamente empoderante moverte por ti mismo.


Un límite no es tu edad, sino lo que piensas de tu edad. ¡Yo en bici! Este mes cumplo 40 años, soy médico, terapeuta, reconocido conferenciante, escritor, empresario... ¿Y así me voy a subir en bici a dar un paseo? Mi ego me dijo: “Ni te atrevas a esta edad. Salvo que quieras ser motivo de burla de alguien que seguro te reconocerá. No te lo recomiendo. Ahórrate ese dinero y esa pena. Me imagino a Genrruchito en bici. Con tu tamaño... ¿Crees que se verá la bici?”. Mi espíritu me dijo: “Por qué no sales ya a pasear y a disfrutar de varias sorpresas que te tiene la vida en este canal o puente que resulta ser el día 11. Por eso te la mandamos precisamente hoy. Necesitas recorrer un camino para que llegues a determinado lugar que deseamos para ti”. Y como siempre, ahí estaba el debate interno entre mi ego y mi espíritu. Mi ego opinaba de mi edad y toda la parafernalia de creencias que se han asociado a ese número determinado, en el deber ser y hacer con referencia a un número o rasgos de tu personalidad, y por otro lado la bendición de mi espíritu, ese que no se fija ni se detiene en números o cifras, sino solo en experiencias. Por supuesto que la decisión la tomé ayer y aunque mi ego me insistía en abortar el plan, mi decisión estaba tomada, y más porque estaba acompañada sin duda de cierta emoción. Mi amigo Arturo, dueño de la compañía que crea estos fantásticos modelos de bicicletas de ciudad al estilo de los años 50’s, vino personalmente a mi casa a dejármela. Hoy desperté y lo primero que pasó a los 15 minutos es que llegara Arturo y bajé a ver mi bici. Fue lo más parecido a que llegara Santa Claus, no más que ahora le tuve que pagar. Vi mi bici y fue amor a primera vista. Y fue tanto que de inmediato le escribí un mensaje escrito a mi alma gemela diciéndole que me encantaría ir a pasear en bici con ella y que si aceptaba que le regalara una bicicleta para que me dijera el color que quería. Ella hoy se encontraba en Amatlán para algo que va a suceder muy importante con la luna, y pues gracias a la tecnología mantenemos comunicación. No puedo negar el encanto que es tomarle una foto a la bici y enviársela por e-mail para que la vea aunque ella estuviera escalando en Amatlán. En menos de 1 minuto me contestó diciéndome que le parecía hermosa y que sí aceptaba una color vino. Mi amigo Arturo traía 4 colores para que las escogiera y había una vino! La historia termina en que compré 3, la mía, el regalito para mi alma gemela y otra para quien nunca falta y visualizo me venga a visitar y lo invite a irnos a pasear en bici. Sin duda, la edad no es limitante, lo único que es limitante es lo que piensas acerca de la edad que tienes. Lo único limitante son las demandas de tu ego, y más limitante si eliges hacerle caso a tu ego mismo. Tu espíritu te propone libertad, incluso de números absurdos como por los que se preocupa el ego. Tomé mi bici y emprendí el paseo.


Hay más allá de lo que uno conoce, y es interesantísimo. Ademas, es agradabilísimo. Afirmar que  hay más allá de lo que uno conoce es pilar esencial de mi filosofía de vida, Nueva Conciencia. Y para colmo, siempre hay más y más y más. Esa es parte de la magia de la vida. Hace algunos días cavilaba: “¿Qué es lo nuevo? Aquello que se inventa por primera vez y surge por primera vez al mundo, o aquello que conoces tú por vez primera”. Sin duda... lo segundo. Por eso la vida nos tiene reservadas tantas y tantas maravillas con lo nuevo, no porque esto sea algo que acaba de inventarse o salir al mundo, sino porque es quizá la primera vez que tú sales al mundo y así te cautiva vivir en él. Esos divinos momentos donde se te arrebata el aliento cuando estás viviendo una experiencia nueva para ti... ¡independientemente de que otro ya lo haya vivido, independientemente de que eso tenga años de existir! ¡Es nuevo para ti y con eso basta para que sea intensamente agradable esa novedad que estás experimentando! Por eso, con todo lo que la vida nos tiene “reservado” a los buscadores... ¡vivir es cautivante! Diario puede haber una sorpresa para ti. ¡Diario! Imagina eso... ¡diario, durante 80 años o más! Diario hay algo nuevo para aquel que se atreve a buscar en la Vida... diario.

Hace un momento cuando empecé a escribir esto, dije que cuando niño conocí lo que mi papá... me compró como bicis. Pero bien me podía haber quedado en esa frase: “Cuando niño conocí lo que mi papá...”. Y ese “margen de conocimiento”, lo que un papá nos enseña, lo que aprendimos en nuestras familias, será la limitada área de donde nosotros podremos elegir. Por más amplio que sea el conocimiento dado, por más profundo y valioso, siempre será un área limitada y que se nos hereda para elegir. Sea el tema que sea, los valores que sean, los consejos que sean. Por eso resulta un verdadero desafío que algún día, uno de nosotros se cuestione “¿Y si busco qué hay más allá de lo que se me enseñó?”. Ahí empieza el camino propio. Ahí empieza uno, a forjarse como uno mismo, ahí nace la versión propia de la vida. Y créemelo, allá afuera hay más, mucho más, muchísimo más, de lo que conoces hasta hoy en todo lo referente a todo lo que te imagines. En cuanto a calidad de vida, por ejemplo, allá... más allá de tu línea de horizonte, hay más, mucho más, en cantidad y en valor. El día que te atrevas a emprender tu propio viaje, tú sólo, tú sola, ahí empieza parte de tu verdaderamente propio mundo. Este paseo vale la pena darse. Eso iba pensando en la primera cuadra que anduve hoy en mi bici.


Qué bien se siente estar más cerca de la gente y de la vida misma. A las 4 cuadras, alguien me grita: “¡Ariza!”. Al mismo tiempo escuché a mi ego en mi cabeza: “Te lo dije”. Su grito debió haber sido muy fuerte porque iba gozando intensamente también mi paseo al mismo tiempo que escuchaba mis canciones preferidas de hermosos musicales en mi iPod ese pequeñitito. Esta experiencia de ir andando en bici y escuchando mi música preferida, es algo “totalmente nuevo” para mí. Nunca en 40 años lo había hecho. Awsome! Frené un poco y volteé. Un amigo iba en su auto y me reconoció. Me sonrió y me levantó el dedo pulgar, luego avanzó en luz verde. Le devolví el saludo y seguí avanzando, paseando. Disfrutando intensamente cómo el viento acariciaba mi cara, cómo mi cuerpo sentía todos los baches de mi cuidad (porque hay tantos que por más que esquives, hay otros y otros más, escodidos y otros baches dentro de otros baches), oliendo todos los aromas que llegaban a mí por los distintos restaurantes y cafés que quedaban a mi paso, así como las plantas y árboles de varios parques que tengo cerca, teniendo cuidado de no golpear a ningún otro humano que ahora estaban tan cerca cuando pasaba por determinado lugar. Pensé: “Toda esta mágica cercanía me la pierdo cuando vengo envuelto en la cotidiana burbuja de metal llamada automóvil, esa burbuja más segura, pero (por estar) más aislada. Esa burbuja de metal que por más lujosa o cómoda que sea, con un clima y temperatura muy diferente adentro que afuera, con todo ello, burbuja aislante a fin de cuentas. Y uso esa burbuja de metal para que me lleve directamente a otra burbuja, pero ahora de cemento cuando entro a mi casa, oficina o sala de conferencias. Parece que uno vive aislado ya como sistema. Y hoy, luego de vivir tan intensamente este sublime paseo en bici, me pregunto quién está realmente afuera de qué. 

Hoy día 11, me volví a percatar de algo que sólo veía en las primeras filas de mis conferencias, qué hermosos se ven los humanos tan de cerca. Desde la ancianita que apenas puede caminar cargando una bolsa que por estar tan encorvada casi arrastra, hasta los niños tan pequeños que ni llegan a 80 cm de estatura y ya intentan caminar o jugar a mantener el equilibrio caminando por un borde, hasta los jóvenes y señores comiendo tacos en una esquina tenían un encanto especial... sentí una cercanía impresionante con todos. Me agradó en extremo. Lo haré diario. Y luego... me gustó tanto, pero tanto, que incluso me acerqué más... me detuve.

Luego de dos horas, llegué a un parque y vi una banquita que sentía me decía: “Ven y siéntate acá un rato. Observa lo que se ve desde aquí”. Obedecí y lo hice. Fue un placer en extremo desmontarme de mi bici, quitarme el iPod, y sacar de la canastilla mi botella de agua preparada. Sentado en la banca, di un sorbo que me supo exquisito... y vi niños jugar muy de cerca. Vi jovencitos intentando desafiar la gravedad con sus patinetas, vi niñas teniendo “su nueva” experiencia para aprender a patinar en esos patines que a mí no me tocaron, los de una sola fila de ruedas. Luego un par de muy jóvenes novios intentando uno enseñarle a la otra a usar el monociclo. ¡Un monociclo! Alcanzaba a escuchar cómo le decía: “Da vuelta girando con la fuerza de aventar tus hombros, así se hace...”, y la otra viendo con profunda admiración a su novio. Pocos minutos después, se acercó a mi un anciano muy anciano, embarbado y francamente abatido y me dijo: “¿No molesto si me siento aquí?”, “Por supuesto que no” -respondí. Y al poco tiempo me hizo una señal entregándome un papel, de esos que veo suelen pegar en los postes, que decía: “Se busca perrita extraviada el pasado jueves...”, y los datos. El anciano me dijo: “Mi esposa y yo estamos muy tristes. Perdimos a nuestra perrita el jueves pasado y no dejamos de caminar por todos lados para encontrarla. E imagínate, mi última hija se casó en enero y se fue, así que esa perrita era todo lo que teníamos para cuidar... la extrañamos mucho...”. Uy, se me llenaron los ojos de lágrimas. Me remití a decirle: “Me imagino lo fuerte que ha de ser. Haré oración para que aparezca su perrita y mientas pues... lo entiendo, debe ser algo muy duro”. Y me quedé con él acompañándolo un rato. Luego me dijo que tenía que irse para seguir caminando con su esposa y continuar la búsqueda de su perrita. Se levantó y partió. Momentos después una señora se acercó y me dijo: “Qué bonita está su bici”. Sonreí (claro que sonreí) y le agradecí. Y precisamente a ella le pedí si me tomaba una foto para tenerla de recuerdo y es la que aparece al inicio de esta nota. Una señora muy amable, ya entrada en sus 60’s quizá y con un aroma encantador. Luego, me puse a leer un rato ahí en el parque. Uf, recibí muchos mensajes y luego de esos minutos, continué mi paseo en bici.


La inercia no garantiza por mucho tiempo ir hasta adelante. Ya se me había olvidado lo que se siente intentar subir unas calles empinadas. ¡Dios! Ahí noté la falta de práctica y agradecí que ya peso menos, pero en la subida sentí que pesaba mucho más. Sudé y sudé, y logré llegar hasta determinado punto en alto. Y luego, viene lo fácil... ir hacia abajo. Ahora que lo pienso, eso siempre ha sido y será fácil, en una bici se demuestra tanto. En cuanto di vuelta y emprendí el regreso, ahora hacia abajo, recordé lo que más me gustaba desde niño... no hacer nada y aún así sentir que avanzaba. Y sí, el placer de avanzar no haciendo nada puede ser sin duda por la inercia del trabajo que ya se realizó. Llega un momento en la vida en donde se sigue avanzando aún sin ya el menor esfuerzo... debido al esfuerzo que ya se hizo. Noté como iban otros ciclistas apenas subiendo sude y sude, y yo al mismo tiempo sin mover un dedo, ya de regreso disfrutando de la velocidad y el extremo placer del viento refrescando todo mi cuerpo. Sin duda, sí, es como un premio luego del trabajo de subir, tal como la vida. Noté cómo incluso rebasaba con gran facilidad a otros ciclistas que también iban de bajada. Rebasaba a uno, y luego a otro, y a otro. Pero luego de un rato, si seguía sólo con la inercia sin pedalear, noté que esos ciclistas me rebasaron a mí. ¡Tal como la vida misma! Por más inercia que tu éxito te de para seguir avanzando, si no vuelves a impulsarte con tu trabajo diario, pronto otros te rebasarán y te quedarás atrás. El avance se reanudó en cuanto volví a pedalear. Tal como la vida. Sin duda, este paseo fue en bici, pero montado en la Vida. Por eso te digo, la inercia no garantiza por mucho tiempo ir hasta adelante. Y además...


Es mágicamente empoderante moverte por ti mismo. Sin duda fui rebasado por moticicletas y varios autos... todos con motor lógicamente. Pero impulsarte por ti mismo, sin necesidad de algo externo a ti como un motor que puedes comprar, te reafirma el poder que reside dentro de cada uno de nosotros para avanzar. Saber que te mueves sólo si tú mismo te impulsas, es empoderante. Saber eso da y reafirma un valioso poder. Un poder que todos, absolutamente todos, llevamos dentro. Y creo que todos llevamos dentro un tipo de “bobina” donde cuando más te mueves por ti mismo, más fuerza generas dentro de ti para seguir moviéndote por ti mismo. Por eso quien decide emprender, ha tomado una de las más poderosas decisiones de su vida entera. Quien decide iniciar la acción, genera para sí mismo el efecto bujía que le dará la chispa para seguir y seguir y seguir. Emprender da poder, curiosamente el necesario para seguir emprendiendo. Emprender la acción genera un círculo virtuoso.


Por supuesto que luego tuvo otro encanto pasar al súper, usar la cadena que trae la bici para amarrarla a un poste (algo que no me imaginaba hacer, y me fascinó), luego las bolsas del súper ponerlas en la canastilla y emprender el paseo de regreso... llegar a casa y ponerme a escribir. Ahora mismo iré con un amigo a andar otro rato y mañana domingo... pasearé ni más ni menos que con mi alma gemela, cada quien en su bici... estoy seguro que será un domingo referencial. Amo vivir... con todo lo nuevo que la vida nos da como oportunidad para conocer, diario..., diario hay suficientes razones, y por cierto razones muy sencillas y comunes, para sentir una gran... ¡Emoción por Existir!


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