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27/01/2011

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Sí, me tienen muy actualizado con todo lo que pasa en NC y Alejandro Ariza

No, casi no reviso facebook ni twitter

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El insistente llamado. - Columnas

 

Me siento empujado a escribir. De esos días donde escribir se convierte en una sesión de confesión pública, con todo lo que esto implique para el autor. O no sé, quizá simplemente el muy particular placer de compartir a través de la palabra escrita que un escritor tiene como privilegio. Comunicar por esta vía tiene su encanto. Pero hoy especialmente siento algo... tan extraño, tan hermosa y casi indescriptiblemente extraño...

 

Dios me sigue llamando. O bueno, a mi “me acomoda” mejor decir que Jesucristo me sigue llamando, pero también siento que es lo mismo. No sé si hoy compartiré un texto con cierta hilación o serán simples reflexiones aisladas para compartirte lo que una y otra vez siento como un llamado, otro, otro más. El insistente llamado.

 

En los más recientes años de mi vida he sentido claramente lo que podría decir como el llamado de Dios. Hace años eran de esas cosas que te guardas nada más para ti, principalmente por que así es, es algo muy personal, el llamado en sí. Luego me atreví a compartirlo con mi alma gemela, luego con algunas personas cercanas a mí, y bueno, conforme avanza la confianza la vergüenza se desvanece (hablando del tema que sea), y hoy, heme aquí, reflexionando en algo que me siento impelido a publicar en mi página de Internet, compartiéndolo con el mundo. Y es que..., quizá la intención que tengo de hacerlo así, sea parte de las sugerencias que alcanzo a percibir de el mismo llamado, e incluso, a momentos, esa percepción la siento como una orden.

 

Hace unos días iba caminando por la calle y me encontré un anuncio que decía algo como “¡Tienes que leer esto!”. Si no era esa frase literalmente, pues bueno, así lo sentí. Era el poster promocional de un libro del que se hablaba maravillas. Hoy más que nunca, por el simple y comprometedor hecho de ser el autor del libro Señales de destino, hago caso con mayor atención y a cada instante. Entonces, sin dudar, o mejor dicho, sin prejuzgar (que es el origen de la duda), ni el gancho publicitario, ni la intención de venta, ni nada, me detuve y entré a comprarlo. Se trataba de una novela, La cabaña, de Paul Young. Llegué a mi hogar y lo empecé a hojear cómodamente sentado en mi sala junto a mi café recién hecho. Mi intención era solo esa, hojearlo. Terminé leyendo todo el libro en ese momento. Son de esos libros que te atrapan. Una exquisita novela, bajo el sello editorial Diana, que recomiendo ampliamente. La historia de una tragedia seguida de la visita de Dios al que la vive y un interesantísimo diálogo. Una hermosísimo diálogo que ayuda a entender y a aceptar cómo una tragedia, por más terrible que sea, es parte de un plan divino, ahí donde la tragedia se encuentra con Dios. Sin duda un libro que ahora entiendo el por qué se han vendido millones de copias. Dios siempre será un best-seller.

 

Hoy por la tarde se me ocurrió abrir esa novela otra vez y releer lo que subrayé y las notas que hice en el libro. Me encanta subrayar y opinar escribiendo directamente sobre los libros que leo. Hablo y debato siempre con el autor. Claro, en este caso, parte del debate fue con Dios, como que quería hablar con Él. Hoy, hace unas horas, mientras leía algunas de mis notas sobre La cabaña, y cuando repasaba lo que subrayé, algo me impresionó dentro de mi cabeza. Volvió a surgir una voz que sentí me decía: “Te sigo buscando”. Suspendí mi relectura, y alcé mi cabeza, mirando hacia los lados moviendo solamente mis globos oculares... como no creyendo que alguien me habla y aún así deseando escuchar más. Segundos después, empezó un diálogo dentro de mi cabeza:

 

- Sí, Soy Yo. Te sigo buscando. No deja de ser un poco admirable el cómo te sigues resistiendo. Pero bueno, yo nunca cejaré en el empeño.

- ¿Dios? ¿En serio eres Tú?

- Sí. Y bien lo sabes. Ya te he hablado así. Lo vengo haciendo contigo así desde hace años. De hecho, te atreviste a empezar un libro con nuestra conversación.

- ¡Dios! Sí. Es el que tengo planeado ya publicar el siguiente año: “Mi experiencia con Dios”.

- Sí, lo sé. ¡Y me alegro mucho que ya mero toca mi turno! Ese título también Yo te lo suge.

- Bueno, Tú siempre eres el que me inspira. Lo vengo confesando desde hace varios años y lo vengo hablando abiertamente ya en mis conferencias y más recientes textos.

-Sí, eso es otra cosa que también me alegra. Sin embargo, Yo a ti te he hablado poco a poco. Te he ido dando mensajes muy poco a poco para que te de tiempo de digerirlos y aceptarlos.

- ¿A qué te refieres Dios?

- Alejandro, ¿Recuerdas hace unos días en que te encontrabas un poco desesperado al ver “lo lento” que percibes a muchas personas ante los cambios que propones con tu Nueva Conciencia? De hecho, escribiste una nota aquí en tu página -donde ahora me estás invitando y me alegro por tercera vez también-, y que para la noche de aquel día terminaste por pensar en que lo único que te quedaba era aceptación y paciencia, porque alcanzaste a entender que no todo el mundo tiene la misma capacidad, en cuanto a velocidad se refiere, para entender y por ende aceptar y cambiar. ¿Recuerdas lo que sentiste al principio de tus reflexiones donde percibes tan lenta a mucha gente?

- Sí, ahora lo recuerdo perfecto.

- Pues imagina lo que siento Yo de ti.

 

Se hizo un silencio. O mejor dicho... hice un silencio.

 

- Bueno, ¡Uatz!, Tratándose de Ti, y de mi, pues, me has de sentir lentérrimo, lo que sigue de lo más lento.  -Y sentí que me sonrojé un poco. En ese instante, bajé mi mirada al libro, donde subrayé en fluorescente una parte del diálogo de aquel otro autor con Jesucristo, y mi mirada “cayó” en una parte donde Él dice:

 

"El tiempo está de mi parte. Nosotros (La Santísima Trinidad) nunca te impondremos esta unión. Si tú quieres hacer lo tuyo, hazlo. El tiempo está de nuestra parte".

 

Me impresioné. Sentía que mi muy particular dialogo con Dios iniciado dentro de mi cabeza, seguía exactamente en esa parte del libro. Levanté mi mirada de inmediato y volví a escuchar dentro de mí:

 

- Me sale bien esto de hablarte por donde sea, ¿Verdad?

- ¡Dios! Es que me estás hablando al mismo tiempo dentro de mí y ahora en ese renglón del libro. Te mentiría si te dijera que no me impresiono. Además me haces percibir claramente cómo el único que alenta las cosas soy yo, porque tú, todo el tiempo me has estado llamando, pero Te doy vueltas y vueltas, ¿no?

- Y precisamente por eso te digo, por mi no hay prisa. El tiempo está de mi lado. El reto es tuyo y para contigo. Te queda cada día menos tiempo. Yo te sigo llamando. Te diré con todo mi amor, que desde siempre supe que serías lento para irme escuchando, mira que esperé nueve libros para que llegara mi turno en el décimo.

- ¿Qué quieres decir con eso?

- Ya te dije. Que te fui hablando precisamente a ti, con lo que tú creías que era escribir libros para otros. Yo fui muy claro desde un principio. De hecho, el mensaje más claro y personal de Mí para ti, fue tan solo por simples y cortas frases, y dejando más o menos un año entre cada una.

- ¡¿Así de lento soy?!

- Bueno, digamos mejor que... es tu muy particular ritmo. Lo lento es una percepción en el entendimiento que ustedes se han hecho del tiempo.

- ¿A qué frases te refieres? ¡Por favor dime! O bueno, recuérdame.

- Hum..., ya ves. Tu muy particular ritmo. Pero bueno, sencillo, he intentado decírtelo tan claramente que esas frases las puse con el tipo de letra más grande que pueda haber en cada uno de tus libros y hasta el frente, arriba, y en la mera portada. Pensé que así lo verías... más claro.

- ¿Qué? ¡¿Los títulos?!

- Llegó la hora de que los leas juntos de corrido... para ti.

 

Y empecé a sentir un texto dentro de mí usando cada uno de los títulos de mis libros. Empecé a sentir y repasar dentro de mí lo siguiente: “Deposité en ti la capacidad de adquirir una Nueva conciencia para que todo lo que fueras aprendiendo con ella sean tus Columnas de verdad que te sostendrán para alcanzar a Ser (más) humano. Sólo así irás dándote cuenta de que Siempre hay otra opción y precisamente así fue como descubriste La fuerza del pensamiento, misma que terminó ayudándote a saber cuál es El verdadero éxito en la vida (más allá del ego). Es en ese momento donde encontraste plenamente tu dimensión espiritual, Me empezaste a hacer más caso hasta saberme dentro de ti y es sólo hasta entonces que logras Creer en ti con absoluta y total certeza todo el tiempo. Ya no dudas ni un sólo instante empezando a sentir que sí, efectivamente, hay un Mago y el aprendiz, y que éste primero, o sea Yo, te ha dado siempre Señales de destino, tú destino, que llegues a: Mi experiencia con Dios”.

 

Me paralicé. Se me secó la boca. Y, por cierto, ahora que estoy escribiendo esto, me tiemblan las manos. ¡Cada título de mis libros es un mensaje para mi! ¡Siempre había afirmado que los títulos me habían sido dictados! Pero es sobrecogedor que llegue un momento en donde quien “suponías” que te los dictó a manera de inspiración, se te aparezca dentro de ti y te hable como si fuera una persona cualquiera. ¿Acaso todo lo que he escrito en mi vida, terminará llevándome a... “Mi experiencia con Dios”?

 

- ¡Correcto! Y de hecho tu vida entera, no sólo lo que has escrito. ¡Casi 10 años después, pero lo captaste! Va a ser un libro de 10.

- ¡Dios! Te metes, o mejor dicho, me escuchas, hasta en mis reflexiones. Entonces, ¿Será un rotundo éxito editorial?

- No lo sé, yo me refería a que es tu 10º libro. Es un libro de 10, de 10 que has escrito.

- Dios, tu siempre con tu curiosito sentido del humor. Ya me habías hablado así en los primero capítulos que llevo escritos, lo recuerdo.

- Y te seguiré hablando así. Y eso de meterme en tus reflexiones, bueno, eso siempre, pero tómalo como que siempre estoy escuchándote. Siempre. Al igual hago con todos. Son sólo ustedes los que con frecuencia se alejan de Mí. Pero Yo no. Nunca. Tu momento de escucharme ahora tú a Mí, está llegando a su máxima expresión. Y tendrás que dar tu máxima expresión en amorosa consecuencia.

 

La voz se suspendió. O quizá yo fui el que ya no quise continuar el diálogo. Tan sólo sentí claramente que, sea como sea, exactamente dentro de un año, tengo que publicar Mi experiencia con Dios.

 

     Cavilando en estos momentos, le aúno que segundos después recordé otra señal. Pero la recordé ¡ahora mismo!, aunque tenga 4 días de sucedida. Hace estos pocos días transmití por mi canal de televisión por Internet, NCTV, el tema de lo que significa el 11:11. Fue una charla en verdad interesante y reveladora. Por suerte quedó grabada para quien quiera verla. Sin embargo, recuerdo perfecto que ahí confesé que, luego del 11:11, suele sucederse un disparo de señales numéricas con mensajes ya más personales, y comenté claramente en mi programa que a mí en lo personal, me ha arrebatado el aliento la tremenda frecuencia e insistente aparición frente a mis ojos del ahora 3:33, 333, 333 por todas partes, relojes, placas, números de casas, páginas, etc. Bueno, este tipo de señales  son tan fuertes que para dejarlo claro de una vez por todas te doy un ejemplo: totalmente dormido, profundamente dormido, súbitamente “algo” me despierta. Incluso se me abren los ojos y lo único que veo en la oscura noche es mi reloj de buró, siendo las 3:33 am. Segundos después, me vuelve a vencer el sueño. ¿Así o más claro el fenómeno del aviso? Comenté en mi programa que en otro de mis sueños se me alcanzó a revelar el significado, para mí, del 333. Se me dijo en un sueño que se me había advertido desde mucho tiempo atrás mediante una de mis películas predilectas, Matrix, en una de sus secuelas. Y efectivamente, luego de tenerlas que volver a ver para ubicar el mensaje, ahí claramente se expresa que el 333 es cuando la providencia se junta con el propósito. Interpreto el inequívoco signo de que tu propósito es tal que más bien ya no es tú propósito, sino te fundes en el propósito de algo superior y por ende, todo se te dará para lograrlo. La providencia se encuentra con el propósito. Sin embargo, mi sorpresa fue mayor cuando al día siguiente uno de mis seguidores me envía un twit (un mensaje por Twitter) donde me envía una página de Internet y se limita a decirme: “Chécalo, está súper sorprendente acerca de tus 333”. Entré a esa página de Internet, que curiosamente se llama “Espíritus Guardianes del 11:11”, y una afamadísima vidente, autora y conferenciante, explica lo significa que varias secuencias de números se le aparezcan a ciertas personas. Cuando llegué a la explicación del 333, dice así (sic.): “Los maestros ascendidos se encuentran cerca de ti, deseando que sepas que cuentas con su ayuda, amor y compañía. Llama a los maestros ascendidos frecuentemente, especialmente cuando veas patrones con el número 3 formándose a tu alrededor. Algunos de los maestros ascendidos más famosos incluyen a Jesús, Moisés, María, Quan Yin y Yogananda”.

 

Con todo lo que estoy viviendo hoy... recordar esta anécdota de hace 4 días, precisamente ahora, me aturde sobremanera. Y si sigo analizando los mensajes que llegan a mí, de los cientos y cientos (a veces miles) de personas que ven mi programa de NCTV y entran a mi página de Internet y me pueden escribir en Twitter, sólo 1, exclusivamente 1 fue el que me envío este mensaje como “llamando” mi atención. El nombre de esta persona es “Christ...ian”. Sigo sin salir del impacto.

 

Mientras vivía todo esto en mi interior, me di cuenta de la hora y faltaba poco para la cita en la que quedé de comer hoy con mi mejor amiga... a las “3”. No me había arreglado y me apuré. Al meterme a bañar, escuché en mi equipo de sonido del baño lo que nunca se escucha ahí (ya que siempre, siempre escucho lo mismo), pero hoy el equipo de sonido empezó a tocar la música de la obra de Disney “El jorobado de Notredam”, y la canción que más me gusta retumbó hoy con más fuerza, una llamada “Afuera”, donde poco más de 1 minuto entero antes de que empiece formalmente la canción, hay un diálogo entre el jorobado y su maestro, y nunca había escuchado con tanta fuerza, ni atención, una parte donde dice, literalmente, “...aquí estás bien, se fiel donde estés, te soy fiel, da gracias... aprende a obedecer...”, y el otro responde: “¡Estoy aquí!”.

 

Terminé de bañarme siguiendo con un impacto difícil de describirte. Al llegar a mi vestidor, dudé en qué ponerme. Algo que nunca me pasa. Siempre me pongo lo que sea en turno y ya. Desde hace varios años alguien se encarga de vestirme y yo no más voy tomando la ropa. Pero hoy, especialmente hoy, como nunca, se me ocurrió buscar qué había de más en mi closet. Al mover la ropa, hasta atrás, encontré un pantalón tirado, lógicamente muy arrugado, y se me antojó ponérmelo. Algo me impulsó a tomar ese pantalón del suelo. Ubiqué ese pantalón... era un pantalón que juraba haber perdido, incluso recordé perfecto que hace ¡más de un año y medio!, le pedí a mi asistente que reclamara en la tintorería por qué lo habían perdido, ya que me gustaba mucho ese color. La historia terminó en la conveniencia que siempre genera la aceptación. Se perdió y ya, a lo que sigue. Pero hoy... ¡apareció! Tirado hasta atrás en el suelo. Me lo puse. Arrugado y todo, pero me lo puse. Desde hace ya mucho rato que no le doy gran importancia a mi imagen, y mucho menos si se trata de ropa. Esa ya no es mi área, yo no más me visto con lo que me van comprando y acomodando ahí. Mientras tanto... mi mente se seguía preguntando... “Dios... ¡¿en verdad me sigues llamando?! ¡Qué fuerte insistencia!, pero a la vez la percibo tan amorosa, pero también tan sobrecogedora, pero también tan extraña, pero también alcanzo a sentir muy en el fondo cierto temor de hablar abiertamente de lo que me pasa...”, en fin. He sentido como muy fuerte lo que hoy he vivido. Cómo se unen las señales, y cuando leí juntos los títulos de mis libros, lo que más me impactó (bueno, ¡como si no fuera impactante todo lo demás!) fue la última combinación de mensajes... Señales de destino: Mi experiencia con Dios. 

 

En ese momento, exactamente al mismo tiempo que pensaba en la fuerza de el llamado, Su insistencia, lo tremendamente directo, supuse que... sí, pronto debo obedecer..., y si no obedezco al llamado en este preciso momento fue porque lógicamente hay dentro de mí todavía un poco de temor en... bueno ni sé en qué, pero hay. En eso, metí una mano en la bolsa del pantalón súper arrugado y sentí una como basurita, un papelito. Lógicamente lo saqué para ver qué era.... y era una tirita de papel, de esas que tienen un mensaje y que vienen adentro de galletas de la suerte y que se quedó ahí por mucho más de un año, lo tomé, lo leí... y decía: “Confío en ti”.

 

Me tuve que recargar. Sentí una vez más lo imponente de lo directo. ¡Qué hacía ese papelito ahí y por qué en este preciso instante en la aparición de un pantalón que daba por perdido, y que por su aspecto no debería usar ni meter la mano en él! Sin duda, una respuesta directa en tiempos y espacios a lo que en ese momento pasaba por mi mente y corazón.

 

Me fui a comer con mi mejor amiga y por supuesto que le platiqué todo esto. Se le llenaron los ojos de lágrimas cuando de hecho le enseñé físicamente el papelito del mensaje. Y para colmo, la novela de La cabaña, inicia con el “aparente absurdo” de que Dios escribe una nota en un papel, invitando al personaje de la historia a dialogar. ¡Dios escribiendo notas en un papel? Bueno, puedo afirmar que sí. Ya también está siendo uno de Sus estilos. De hecho, si imprimes esta nota... se corroborará. Y cuando salga mi libro de Mi experiencia con Dios, será evidente cómo le gusta comunicarse por escrito en papel.

 

En cierto momento, mi amada amiga, que para colmo es físicamente parecidísima a un hada, me dijo: “¿Y ya te diste cuenta que este llamado, lo que te pasó hoy, te pasó... precisamente hoy?”. “¿De qué o por qué?”, le dije. “Es viernes santo”. Una vez más me quedé sin palabras. Estuvimos un momento en silencio. Yo ni ubicaba el día, por más evidente que sea para millones, porque ya muchas veces no estoy en el tiempo de millones. Bueno, como me dijo, mi muy particular ritmo.

 

Más adelante, en la sobremesa, le confesé a mi amiga que se aparecían en mi mente imágenes de mi futuro... y como “flashazos” alcanzaba a verme hablando frente a miles, pero en verdad miles, en explanadas enormes, como a cielo abierto y con un gran equipo de sonido, y súbitamente la imagen se iba. No sé. Quizá hacia allá voy, quizá eso sucederá cuando tenga que hablar de Mi experiencia con Dios. Quizá ya empecé. Quizá desde hace mucho.

 

Te quise compartir esto con la sensación que ahora mismo estoy experimentando, aquí y ahora, en este preciso momento en que tecleo estas palabras... con una gran... ¡Emoción por Existir! -Alejandro Ariza.

 

PD: En el instante en que terminé de escribir esta nota, me di cuenta de que aquí, precisamente en mi lugar de escritura, siempre ha estado una tarjeta con fotos que alguien algún día me dio en alguna conferencia... lo dejé sin más por aquí desde hace años. Pero en este preciso instante lo tomé por primera vez con atención y... es una tarjeta con la foto de 6 maestros ascendidos y que inicia con Jesucristo. Atrás de la foto dice: “Qué las incesantes bendiciones de nuestros amados gurus siempre te acompañen”. No haré más comentarios.

 

PD2: Al momento de releer esta nota ya para publicarla aquí en NC... sentí otra vez la Voz en mi interior: “Ya estás obedeciendo el llamado. No tienes que temer nada para hacer luego. Ya lo estás haciendo. Ya estás hablando con toda certeza de Mí. Me alegro mucho. Así como me alegro de lo que también ahora está sintiendo quien Me lee aquí. Felicidades a los dos. Me seguiré comunicando. Pongan más atención a su interior. Los amo profundamente. ¡Ah! Y por cierto, no entiendo por qué les extraña que me comunique con ustedes por escrito, lo vengo haciendo desde la época de Moisés”. -Dios.

 

 

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