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27/01/2011

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¿Por qué tu vida no cambia? - Columnas

 

 

Tengo varios días cavilando en los motivos por los cuales tanta gente que quiere cambiar algo de su vida, no lo logra, o por lo menos no lo logra con la velocidad que le gustaría. Una vorágine de ideas se han arremolinado en mi mente como respuestas factibles y aquí enumeraré, luego de años de observación del comportamiento humano, las que he visto más comunes:


La persona...

  1. No sabe lo que quiere
  2. No sabe que puede cambiar
  3. No desea con suficiente fuerza el cambio
  4. No está dispuesto a hacer nada por cambiar
  5. Es lenta, muy lenta, lentísima


Podría escribir todo un libro al respecto de lo que quiero analizar en esta nota, pero también se me ha antojado hacerla breve. Veré si puedo.

Me queda claro que muchas, en verdad muchas personas quieren cambiar algo de su vida, entre los anhelos de cambio más clásicos se encuentran: mejorar su economía, corregir o mejorar su vida amorosa y/o preservar la salud. No importa lo que quieras, salud, dinero o amor, lo interesante es que la mayoría quiere mejorar. Y toda mejora lleva implícito un cambio (mas no lo contrario). Entonces, si eres como la abrumadora mayoría de la gente, esa que quiere mejorar algo en sus vidas... ¿Por que tu vida no cambia? ¿Por qué no logras mejorar?

El primer punto: mucha gente no sabe lo que quiere. Mucha gente sabe que quiere cambiar para mejorar, pero no sabe exactamente qué o cómo. Esa ignorancia es una poderosa razón de estancamiento, además de producir enorme frustración. Imagina..., querer cambiar y al mismo tiempo no saber ni qué. Para ese tipo de personas sería mucho más sano no querer cambiar. Así, todo estaría en pacífico estancamiento. Pero qué duro querer cambiar tu vida y no saber bien a bien qué. Definitivamente aquí sólo puedo remitirme a hacerte ver uno de mis axiomas favoritos en Nueva Conciencia: “Claridad da poder”. ¡Esto tatúatelo en el alma! Claridad da poder. El poder es la capacidad para actuar, y una de las fuentes que te dará esa capacidad es que tengas claro lo que quieres, que tú -sin necesidad de nadie más- tengas claros tus objetivos, ya sea en salud, dinero o amor. “Sólo podremos dar un tiro certero en el blanco que podamos ver”. Imposible atinar a algo que no se ve. Te tiene que quedar claro qué quieres. Luego pasarías a la estrategia para lograrlo, pero de entrada este es un primer gran paso en el proceso de felicidad que genera obtener lo que se desea, este es un clásico pilar del éxito común. Detente y date el tiempo de analizar qué es lo que quieres de verdad. Haz lo que sea necesario para que lo veas claro, habla mucho de ello, escribe al respecto, medita, piensa, analiza, ve con un terapeuta, conversa con quien tengas confianza, rebota ideas, lo que sea, pero ten plena claridad de tus objetivos.

El segundo punto, esa triste circunstancia en donde mucha gente no sabe que puede cambiar. No te imaginas la indescriptible cantidad de personas que creen que eso que viven ya es su destino y nada lo podrá cambiar. La enorme cantidad de gente que cree que ese trabajo que tiene es lo único que hay, que esa relación que lleva es la única que debe aguantar, que esa economía que tiene es lo único a lo que puede aspirar. Te digo, de esto puedo escribir todo un libro, pero haciendo un tremendo esfuerzo de síntesis, en esta breve nota me limitaré a decirte: Allá afuera está repleto, atascado de oportunidades para cambiar tu vida, en salud, dinero o amor. En lo que sea. Espero con todo mi corazón que algún día creas en lo siguiente: esta vida que llevas hoy en día, ¡no es lo único que existe! ¡Hay más allá afuera! Y... ¡Nunca es tarde para conocer otro mundo! Créeme... ¡existe otro mundo además del que vives! ¡Existe! Es enteramente natural que tengas miedo de cambiar o incluso tan sólo de investigar, pero ese mismo miedo ya sería una ventaja al punto que analizo aquí, la triste vida de alguien que “no sabe” que puede cambiar. ¡Sí se puede cambiar! ¡Sí hay opciones de cambio! ¡Sí se puede a cualquier edad y condición! ¡Si hay otros mundos! Bueno, basta. Si existe sincronía entre la intención de mi mensaje y la circunstancia de tu vida, basta. Te repito.. hay algo más. Existe algo más de lo que tú has conocido en tu entera conciencia hasta el momento.

El tercer punto: no cambia la vida de alguien porque ese alguien, la verdad, no desea con suficiente intensidad el cambio. A mis casi 40 años de vida he podido constatar fehacientemente una y otra vez lo que reza un clásico dicho: “Querer es poder”. ¡Tres palabras repletas de verdad, atascadas de razón! Quizá si intentara mejorar el dicho, aumentaría 2 palabras: “Querer lo suficiente es poder”. Eso de “lo suficiente” es clave, es fundamental, es esencial. Muchos quisieran ganar más dinero (o de hecho tan solo ganar -ya quítale el más-), muchos quisieran una mejor vida de relación amorosa, muchos quisieran tener una salud más vibrante... pero poquísimos lo logran, poquísimos cristalizan sus sueños en realidad. ¿Quienes? Los que lo desearon “lo suficiente” como para encender el motor que cambia toda realidad, como para crear ese efecto bujía que da el chispazo para emprender... ¡la acción! La diferencia entre el éxito o el fracaso en tu vida puede remitirse a una circunstancia: actuaste o no. Punto. Y emprendiste la acción es porque lo deseaste lo suficiente para generar lo que origina todo cambio real: la acción concreta. ¡Acción! Eso es lo que nos caracteriza a todos los líderes emprendedores. Ideas valiosas las pueden tener muchos..., llevarlas a cabo, eso sólo unos pocos, los pocos que lo desearon lo suficiente, a tal grado que la mera observación de un ideal ya resultaba dolorosa... a diferencia de la valiosa gente que elimina ese dolor con la fuerza de la acción. No es lo mismo pensar “...sí, aja, creo que valdría la pena bajar un poco de peso”, a pensar: “...si no me pongo a dieta inmediatamente, me muero”. En la primera opción es un “...convendría hacer el cambio sin duda...”, en la segunda opción es un: “...¡¡¡lo tengo que hacer pero ya!!! ¡Es un deber inalienable!”. Así pensamos los que originamos los cambios. Con esa intensidad de deseo. Precisamente por eso generamos los cambios.

La cuarta razón: la gente no está dispuesta a hacer nada para cambiar su vida. Este punto lo expresé así porque mi comunicación escrita es más prudente que la oral. Pero si estuviera dando una conferencia de este tema, me saldría con tremenda fuerza y emoción esta cuarta razón en un lenguaje mucho más entendible... la gente es... es... ¡floja! Digámoslo así. Si esta nota fuera el guión de un futuro libro, este tema sería el apartado del quizá capítulo más extenso: ¿Por qué cierta gente es floja? ¿De dónde surge la holganza? ¿Cómo se genera dentro de nosotros la pereza? ¿Cuál es el origen psicodinámico, neurológico, cultural e idiosincrático de la pereza? ¿A poco no sería interesante que lo desglosara? O bueno, quizá te daría flojera leerlo. En fin, aquí me remitiré a decir que mucha gente no cambia su vida... ¡por floja! Y claro, la flojera anda tan despacio, que la pobreza y la soledad pronto la alcanzan, prontísimo. Esto me da paso al punto más importante que quiero comentar hoy, el quinto motivo...

Muchas personas no logran un cambio en sus vidas, incluso siendo un cambio urgente o necesario, porque son lentas, muy lentas... ¡lentísimas!, para decidirse a actuar. De hecho, te confieso que esta nota en un principio quise titularla así: “Lento, muy lento, lentísimo”, porque quería hacer alusión a la velocidad con la que mucha gente se decide a cambiar. Puse mis manos en mi laptop, y salió todo lo previo, cuando yo solo quería reflexionar brevemente acerca de un fenómeno que a mí me tiene muchas veces desesperado. La lentitud de la gente para decidirse y así mejorar.

Reconozco que uno de mis defectos y donde orgullosamente ya he trabajado en mi vida es en la impaciencia. Muchas cosas en mi vida, cuando las quiero, las quiero ¡ya! Cuando me atrapa una idea... literalmente ésta me atrapa a mí, en vez de ser al revés. Y no me suelta hasta que esa idea se ve cristalizada en realidad. Muchas veces en mi vida, siento que todo me urge. Y bueno, como todo “depende” diré que ese defecto de mi personalidad muchas veces se ha transformado en virtud. Tan sólo me remitiré a decir que el éxito (mucho, poco o casi nada, eso no es tema de este apartado) al que he llegado en mi vida, uno de sus ingredientes más importantes, si no es el que más, es la sana sensación de urgencia con la que siento debo lograr lo que me propongo. Entonces, mejor no diré que es uno de mis defectos... ni una de mis virtudes, mejor diré que es una de las características de mi personalidad. Eso me gustó. Sí. Pues bien, esa característica de mi personalidad, la prisa por lograr lo que me propongo, es lo que mayoritariamente me ha llevado al éxito. Sin duda por ahí también esa prisa es la que me ha llevado a equivocarme... ¡pero me ha llevado a algún lado! Y no sólo me quedo ahí pensando, pensando, pensando... ¡sin actuar!

En verdad, hasta los dedos se me están haciendo torpes para escribirte con la velocidad e intensidad con la que quiero hacerte ver hoy y aquí el mensaje central... ¡Por favor, por Dios, por lo que quieras... ¡¡¡siente prisa por lograr lo que deseas!!! ¡¡¡Siente que urge!!! Eso será lo que, lógicamente, acelerará el que logres lo que deseas, que generes el resultado cuanto antes, y precisamente ese logro, ese resultado, es el motivador más intenso para la vida de un líder. ¡Resultados! ¡Son tan extraordinariamente motivantes! Uno como líder no necesita más. El gran motivador de un motivador es el resultado. Ese solitario y a la vez tremendamente empoderante momento donde en total privacía, incluso muy posiblemente sólo dentro de la mente de un líder existen dos sublimes palabras que brillan iridiscentes en la exclusividad interna de su ser: “Lo logré”. No hay más. No se necesita más. Ahí está la prueba irrefutable para todo líder, de hecho para toda persona, donde se demuestra a sí mismo su capacidad. Ese momento de gloria y triunfo donde no hay nada que decir. Nada. Los hechos gritan tal gloria y triunfo. No hay palabras, por mejor articuladas que estén, que alcancen la magnitud evidente de los hechos. La persona tiene frente a sí la contundencia de los resultados... la persona tiene frente a sí el resultado, siento éste el hecho mismo que funge como escalón para elevar toda autoestima, ahí sentir más fuerza, y desear lo siguiente, sabiendo que lo podrá lograr... y es que su siguiente objetivo lo ve mientras está parado en la evidencia de que puede.

Y ¡cara...y! Tanta otra gente que no más se queda mirando. “Pensando” en que sí efectivamente, también sería bueno que él o ella vivieran un éxito así. Pero le piensan tanto, pero tanto, que se hacen lentos, muy lentos, lentísimos. Y curiosamente esa “lentitud autogenerada” los frustra tanto por lo tardado en obtener resultados... que mejor optan por dejar el proyecto de mejora. ¿Por qué no cambia tu vida? Muy posiblemente por lento, muy lento, lentísimo, lenta, muy lenta, lentísima, en tomar una decisión y actuar de inmediato y masivamente.

Cuando trabajo con gente, lógicamente me encanta que trabaje a mi ritmo, con una sana prisa, con un una empoderante sensación de urgencia, si no, lógicamente prefiero no trabajar con esa persona. ¡Me desespera! Sé que espiritualmente hablando, la vida me pone frente a un “maestro o maestra” que me vienen a enseñar la virtud de la paciencia. Y con mucho gusto la voy aprendiendo. Y orgullosamente hasta les doy las gracias a esos maestros que la vida me pone. ¡Pero de inmediato me deshago de ellos para trabajar con quien realmente quiere exprimirle el jugo a la dicha de la vida! Estoy convencido de que un equipo se hace verdaderamente equipo cuando todos trabajan a la misma velocidad. Por eso se hace un equipo de triunfadores, lo que llevan prisa, y un equipo de fracasados, los lentos, muy lentos, lentísimos.

Hace poco me enteré de un modismo en el idioma inglés llamado: “No brainer, this is a no brainer”, como haciendo alusión a que “No hay nada que pensarle...”. Se usa mucho ese modismo en los negocios cuando se tiene frente a sí una oportunidad indescriptible y de alto grado de seguridad... ahí donde prácticamente no hay riesgos, ahí donde claramente “no hay que pensarle nada (“no brainer”)”, por tan evidente oportunidad de mejora. Pero esto aplica también al amor o la salud o a cualquier otro rubro.

Por ejemplo, yo he tenido la dicha y fortuna de tener frente a mí oportunidades de este tipo, en salud, dinero y amor. Y lógicamente, no le he pensado gran cosa, decidí en segundos o minutos, y dije: “¡Va! Y va con todo”. Y en el 95% de los casos ha sido origen de mi éxito. El haber tomado la decisión ¡ya! Y actuando de inmediato en consecuencia. Claro, para tomar una decisión así, no es cuestión de una “corazonada” (aunque muchas veces sí), ni de aventarse al vacío sin primero ver si funciona el paracaídas. No... se requiere de haber adquirido cierto conocimiento que sirva como valiosa referencia para la toma de decisiones. Pero he de confesar que varias otras veces, no se requiere de gran conocimiento, sino de sentido común... y actuar.

Me he llevado enorme sorpresa cuando tengo frente a mí una evidencia (evidencia = máximo grado de verdad) de oportunidad para mejorar en dinero o en amor o en salud, y escucho a gente que dice:

  • Se oye bien, heee, pero déjame echarle una pensada. - ¡¿Tienes que pensar más estando todo tan claro?!
  • Déjame platicarlo con mi esposa y luego te digo. - ¡¿Necesitas de la opinión de tu esposa o esposo para tomar una decisión personal?! Esto nunca será buen signo de superación “personal”.
  • Deja que llegue la quincena. - Si alcanzas a ver la oportunidad, siempre hay manera de conseguir lo necesario y emprender. Incluso antes de la quincena.
  • ¿Tendrás más información? - ¡¿Luego de todo el despliegue de información con todo lo que nos acaban de decir aún quieres más?!
  • Mañana con la luz de Dios. - ¡Para eso se inventaron los focos! Puedes ver bien incluso de noche.
  • Yo creo que mejor mañana le hablo. - Pero si ya ella o él te dijo que quiere verte.
  • Mejor mañana empiezo, o incluso mejor el lunes. - ¡Pero si ya te enteraste hoy mismo del beneficio de esa dieta!
  • Bueno, pues yo lo veo luego. - Pero si hoy mismo ya está más claro que el agua.
  • O de plano, gente que se queda como congelada, como en pausa sin saber ni qué (esta es de la lentisísima). Aquí se demuestra rotundamente aquel aforismo de que el mucho análisis produce parálisis.


En fin, simplemente te quise exponer brevemente el que muchas veces tu vida no logra cambiar por que el dueño de esa vida (tú) es lento, muy lento, lentísimo, lenta, muy lenta, lentísima. Y para colmo... ¡la vida está pasando tan rápido! En verdad, no te creas inmortal. Sí, sí, sí, sé que en lo más profundo del ser todos somos uno y la energía no se crea ni se destruye sino sólo se transforma, y que hay otras vidas y entonces uno puede volverlo a pensar en la siguiente. Pero hoy no estoy escribiendo desde esa tesitura, sino en una forma un poco más práctica para el común de los mortales que nos movemos acá abajo en el planeta Tierra. En verdad te recomiendo que si una voz en tu interior te dice: “¡Ya! ¡Hazlo ahora!”, hazle caso a esa voz cuanto antes y atrévete a sentir la fuerza de esas dos letras... “¡Sí!” (esto lo explico mejor en mi libro Señales de destino). Al decir “Sí” de corazón y velozmente ante la oportunidad de cambio que la vida te pone enfrente, de esa manera, la posibilidad de que tu vida mejore se incrementa a pasos verdaderamente acelerados. Verás que al lograr el cambio que quieres, más rápida e intensamente sentirás una gran... ¡Emoción por Existir! - Alejandro Ariza.

 

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