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27/01/2011

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¿Y tú... cómo estás? - Columnas

Dedico esta columna como tributo y agradecimiento a mi alma gemela en su cumpleaños, el ser con quien he conocido la más grande emoción por existir al saber compartir vida: Adriana. La única persona en toda mi existencia que realmente me ha sabido escuchar, y que por lo mismo, es la única persona –la única— que realmente conoce quién soy verdaderamente. –A.Ariza.

 

“Lo importante no es oír lo que se dice, sino escuchar para averiguar lo que se siente”.

- Alejandro Ariza Z.

Terapeuta, conferenciante y escritor.

Una de mis mayores sorpresas pero que ya casi me he acostumbrado es que luego de escuchar a alguien con toda mi atención y amorosa empatía para saber cómo se encontraba, éste se va y sin nunca haber hecho la pregunta: “¿Y tú cómo estás?”. Al principio es desconsolador, impresionante el desdén, incomprensible ese egoísmo, desmoralizante la inequidad, doloroso el desprecio –por lo menos para mí—, pero luego entendí que pocos, muy pocos en verdad, somos los que tenemos el amor manifestado en talento para saber escuchar interesándose verdaderamente en la vida del otro. Ese interés ha sido una piedra angular de mi vida y característica muy particular de mi persona, quizá origen de mi más verdadero éxito en las relaciones humanas. Todo mi tiempo, toda mi atención y todo mi ser está con la persona a la que tengo enfrente luego de que le pregunto: “¿Cómo estás?”, y guardo profundo silencio y amoroso respeto por lo que me diga. Toda mi mente y cuerpo están de lleno en ese momento de atención y verdadero interés en el otro. Siempre he sido así y sé que esto ha sido el abrepuertas de los más hermosos senderos de mi vida. Así es como hace más de dos décadas empezó mi magnetismo social. Este ha sido el gran secreto de tremendamente hermosas consecuencias en mi vida. Hoy no guardo ningún secreto y por eso he querido hablarte de esto hoy.

            Cuando uno pregunta “¿Cómo estás?” a alguien y lo hace con sincero interés, con un lógico silencio subsiguiente que lo manifiesta, centrando la vista en la persona a quien uno se dirige, dejando de hacer todo y centrando nuestra energía tan sólo en escucharle, sin atender a ningún otro distractor, es ahí donde se produce un poderosísimo efecto transformador en la persona que se siente escuchada. Hacer esto cura. Es uno de los más poderosos efectos de sanación inmediata en miles de personas. Me consta como pocas cosas en mi vida. En ese momento no solo hacemos que alguien se sienta en verdad importante, ¡hacemos que alguien confirme su existencia! Nada más y nada menos. Ratificamos y confirmamos a otro ser humano en su dimensión de tal. Hacer esto es privilegio de ángeles en la tierra. Hay una forma de escuchar que supera cualquier elogio.

            Durante años, en la Organización Nueva Conciencia, he decretado en mi posición de líder, que uno de los rasgos que le debe caracterizar a la gente Nueva Conciencia, a toda persona que quiera trabajar aquí, es que siempre pregunte luego de ser escuchado: “¿Y tú... cómo estás?”. Y que de inmediato ponga atención. En mi empresa puedo darme el lujo de ejercer autocracia y ordenar esto sin derecho a réplica ni objeción ninguna. Esto lo sé y lo ejerzo. Pero a nivel público, como siempre, solo muestro una opción del desarrollo humano elegible por quien la crea conveniente y sana. Yo a ti solo te puedo invitar a ser más humano, pero la decisión de hacerlo sigue y seguirá siendo privilegio tuyo. Por lo menos, si te sientes parte de la filosofía Nueva Conciencia, ¡siempre pregunta: “¿Y tú cómo estás?”! ¡Siempre! A toda persona, en todo momento que puedas, pero más y sin fallar nunca, a alguien que te haya escuchado a ti. Ahí está forzosamente indicado este toque mágico de Nueva Conciencia.

            Hoy ya no he tenido otro más sano remedio que reír cuando un “amigo”, o algún familiar nunca me pregunta “¿Y tú cómo estás?”. Ya he perdido todo interés en hablar con esas personas, ¡lógicamente! Sin embargo, yo a ellas les sigo preguntando “¿Cómo estás?” y escucho. Me encanta y no puedo rehuir a mi naturaleza. Sólo escucho, emito mi opinión cuando me la piden (algo que siempre pasa) pero hasta ahí acaba la historia. Mi turno para hablar con ellos de mí, pocas veces llega. Cuando por la confianza (o por la sensación de querer también compartir mi vida) le he llegado a decir a alguno de mis “amigos”: “...oye, y por qué tú no me preguntas cómo estoy...”, me he llevado el redoble de sorpresa cuando más de alguno me ha dicho luego de su actitud de extrañeza ante mi pregunta: “...pero para qué Alex. Si a ti siempre te va bien. Qué me puedes decir”. Son de esos momentos en donde no sé si reír o llorar. Y para colmo, he tenido la experiencia de que uno de ellos, efectivamente nunca me escucha aunque se lo pida, ¡y me sigue platicando de él mientras tanto! Es egoísta. Hace años aprendí de Jean Cocteau, escritor francés, que un egoísta es aquel sujeto que se empeña en hablarte de sí mismo cuando tú te estás muriendo de ganas de hablarle de ti. Es increíble pero así hay gente. Es del tipo de persona que me imagino cree que los triunfadores u optimistas no tienen nada que aportar o decir que sea verdadero. Hay personas así. Con esta anécdota, quiero hacer un paréntesis en el tema central de esta columna y hacer acopio de esta idea: Hoy me queda extremadamente claro que el pesimismo y la ignorancia como inconciente colectivo de nuestra sociedad ha sido el origen de que muchas personas crean que para platicar se necesitan solo temas agoristas, derroteros, de pensamientos enfocados a la carencia, la enfermedad o la desgracia. ¿No me crees? ¡Ja! Pues entonces escucha con atención el tema de conversación del 95% de las personas que te rodean en un solo día..., o ¡escúchate a ti y mira de qué hablas durante casi todo el día, y a diario! Asaltos, robos, infidelidades, injusticias del gobierno, problemas de familiares, enfermedades... y luego quieres sentirte bien. Aja, sí. Fíjate en este fenómeno: si por mecánica costumbre le preguntas a alguien “¿Cómo estás?” y te responde también por mecánica costumbre “...bien gracias”, de inmediato te sueles pasar de largo y a lo que sigue. Al fin todo está bien, ¿no? Pero si ante la misma pregunta “¿Cómo estás?”, alguien te responde con un misterioso silencio, o de plano te dice cosas como “...mal, pues más o menos, pues ahí con un problemita, con un gran pendiente, un poco preocupado”, entonces de inmediato te detienes y entonces sí pones más atención y dedicas más tiempo a escuchar. ¡Increíble, ¿no?! Yo estoy seguro de que sería mejor hacerlo al revés. Pero bueno, eso será tema de otra columna. Por el momento mira como puede darse con tremenda frecuencia el caso de que te quejes de algún comportamiento de algún familiar y vas y se lo cuentas a otros familiares también, te quejas por injusticias en tu trabajo o en el país o quizá, al igual que miles de personas, has descubierto cómo es fácil llamar la atención hacia tu persona usando alguna mala noticia o aparente desgracia que vives y quieres ser quien primero la publica en la comida o cena con familiares y amigos. Esta técnica para llamar la atención es tan eficiente que cuando yo la veo en mi familia o en amigos, tan solo en mi interior me aíslo de esos temas –o incluso me retiro— y siento una amorosa compasión por la persona que toca dichos temas. ¡Hay tanta necesidad de amor que hasta de esa forma puede llegar el ser humano a reclamarlo! Hablando de sus desgracias. Auténticos tratados acerca de sus heridas, y para colmo, luego parece competencia para ver quién es el más jodido de la reunión cuando otros quieren arrebatar la palabra y hablar de su ejemplo de desgracia aún mayor. Hay gente que luce sus heridas como si fueran medallas. Normalmente se trata de gente que no se siente amada y reclama el que se le confiera un poco de atención que su corazón tanto necesita. En cambio, la gente que más amada se siente, es la que menos habla de heridas o problemas, es quien habla de la felicidad con que diario vive. Obvio, la felicidad es la cosecha del amor. Gracias a esta Nueva Conciencia, en las mesas o reuniones donde más participo nunca se hablan de temas dolorosos o negativos, ¡nunca! Por lo menos yo no lo permito. Y nunca nos quedamos sin tema de conversación, mismos que pueden durar horas y horas. Esta es la dicha que tengo de convivir tanto con mi alma gemela y con quien puedo hablar así diariamente. Y durante todo ese tiempo, nunca se tocan malas noticias ni se critica a nadie. Se comparte vida, se analiza un bello pensamiento, se escucha poesía, se aprecia el fruto de un hermoso trabajo, se recuerda un fantástico viaje, se admira el talento de alguien, se aprecia una obra de arte o nos regocijamos con la historia del triunfo de otra persona en determinado ámbito. ¿Cómo se logra esta Nueva Conciencia? Respuesta: preparándote para dichos temas precisamente. Busca lo mejor de tu vida y lo encontrarás para transformarlo en tema de conversación en un futuro. Lee. Pero lee algo que nutra tu alma y ensalce tu espíritu, para que de esa manera sean tus consecuentes temas de conversación. Aquí he observado un fenómeno que nunca falla: Mientras más optimismo y hermosura en los temas de conversación de alguien, más posible que se trate de alguien preparado por su buena lectura y creativo optimismo, alguien que a la vez se siente amado; y mientras más desgracias sean los temas de conversación de alguien, más seguro es que se trate de un ignorante y que para colmo se sienta poco amado. Son personas que al no dedicar tiempo a cultivar su mente con el bien, la verdad y la belleza de la buena lectura, se dejan llevar por el nefasto torrente que los medios de comunicación les facilitan con su cómoda accesibilidad televisiva, de tal suerte que son personas que más parecen corresponsales de algún noticiero que familiares o amigos en la reunión. En fin, aquí cierro lo que me pareció un valioso paréntesis y sigo con nuestro tema: ¿Y tú, cómo estás?

 

“El individuo que no se interesa por sus semejantes

es quien tiene las mayores dificultades en la vida

y causa las mayores heridas a los demás.

De esos individuos surgen todos los fracasos humanos”. 

- Alfred Adler.

Psicólogo y psiquiatra austriaco.

 

            Preguntarle a alguien acerca de cómo se encuentra es abrir las puertas de tu corazón para que pase un rato y se sienta cómodamente acogido mientras tocas el suyo con tu atención y tu ausencia de enjuiciamiento. Ambos corazones se tocan y por eso se sucede un poderoso nexo en tan divina actividad como es el escuchar con atención. Esta es una de las más poderosas razones por las que mucha gente va a la iglesia, idealmente cuando no hay misa y nadie interrumpe diciendo palabras allá enfrente. En las iglesias, en esos silenciosos recintos, muchos sienten que Alguien los escucha profundamente, en ese lugar sienten que Alguien les pone atención a todo lo que dicen desde su corazón y no son criticados ni juzgados sino cariñosamente aceptados, ahí mucha gente puede hablar y decir todo lo que quiere porque siente que Alguien le escucha con profunda atención y sin juzgarles nada, solo escuchando. Así mucha gente identifica a Dios. El que siempre escucha. ¿Ya ves lo divino que hay en nosotros cuando escuchamos? Por eso, cuando una persona está frente a alguien que solo escucha con tremenda atención, suele sentir que estuvo frente a Dios o algo parecido. No exagero en mis palabras. Me consta. Si decides escuchar con divina atención a alguien, esa persona pronto querrá volver a visitarte, y es que en el fondo sabe que puede visitarte en tu corazón y disfrutar así de sentirse tocado en su corazón también. Por la misma razón mucha gente regresa una y otra vez a la iglesia. Ahora imagínate la capacidad de escuchar con esa divina atención en dos personas que se quieren. ¡Es el paraíso repleto de emoción por existir! Se sucede el milagro de “conocerse en verdad” y uno siempre se queda enamorado de quien verdaderamente se conoce. Es por eso que una pareja así no puede dejar pasar mucho tiempo sin hablar el uno con el otro y durante horas, y diario. Esto no es metafórico, es real, existe. La persona que se interesa por otra, se hace indispensable para esa otra. Ya te he dicho de la gran necesidad de amor que tiene nuestra sociedad, y por eso es que se tiene tanto éxito cuando se interesa uno por la vida de los demás, el verdadero éxito en la vida, el basado en el amor. Este interés no puede ser falso, si lo es se detecta en forma inmediata. Cuando alguien te observa con atención se denota, cuando alguien te ve sin concentrarse en lo que le dices, también es claramente manifiesto para cualquiera. Ahí de inmediato ya no queremos hablar. Ya para qué. Son de esos ejemplos en donde si le preguntamos a la otra persona qué le estábamos diciendo, ni se acuerda o inventa o solo repite fácilmente como efecto resonante lo último que oyó. Pero nosotros sabemos perfectamente que esa persona nunca “sintió con nosotros”. Y cuando eso se percibe, al mismo tiempo se presenta la invitación a callar y pasar a otra cosa. Cuando se bloquea la comunicación con esta forma tan común, se corta el valioso torrente de información entre un corazón y otro, y así empieza a surgir el desconocimiento. Y esta es una de las más poderosas razones por las que muchas parejas, familiares o amigos, incluso luego de años de relación, ¡todavía no se conocen en verdad! Y es que ¿cómo?, si pocas veces se dieron el tiempo de preguntarse con amorosa atención: “¿Y tú..., cómo estás?”.

            En varias de mis conferencias, al final –momentos de gran motivación—, o en la sesión de autógrafos o cuando la gente se me acerca, muchas veces he escuchado frases como esta: “...Dr. Ariza, me encantaría trabajar con usted en Nueva Conciencia. Me siento muy identificada con su filosofía de generosidad y ayuda hacia los demás, quiero dar algo también...”. Y es aquí cuando me encanta comentar: “...Gracias por sus palabras. Y si me quiere ayudar, entonces escuche a alguien. Escuchar con paciencia es a veces mayor caridad que dar. Vaya y pregúntele con atención a alguien “Y tú ¿Cómo estás?”, eso ya sería de gran ayuda para Nueva Conciencia”. El trabajo en Nueva Conciencia no se reduce a las paredes de mis oficinas o al salón de conferencias, lógicamente. Nueva Conciencia es una filosofía de vida de aplicación universal. Es algo maravilloso, es una forma de ser, donde se puede tocar el corazón de alguien y transformarlo por ese simple toque. Es algo que tú y yo podemos hacer en cualquier lugar, en cualquier momento y con cualquier persona. No hay que decir gran cosa, hay que escuchar. Y por favor, si mientras alguien te habla de algo trascendente de su vida suena tu celular o el teléfono de tu casa u oficina, ¡no contestes ni te inquietes! La persona que te busca, ya te hablará más al rato, tu sigue concentrado escuchando a quien te está hablando. Una de las maneras más deplorables y desmoralizantes para cortar toda inspiración en quien te habla es mediante la evidencia de tu poco interés al distraerte tan fácil con cosas tan triviales, y cuando uno escucha con verdadera atención, cualquier otra cosa es trivial. El día que se caiga el mundo y tú ni te enteres porque estabas escuchando a alguien, ese día sabrás lo que es que Dios se manifieste a través de ti mediante tu capacidad de escucha.

 

“Recordad que la naturaleza nos ha dado dos oídos y una sola boca

para enseñarnos que más vale escuchar que hablar”.

- Zenón de Elea.

Filósofo griego.

 

Tengo la certeza de que todas las personas tienen una historia fascinante, todas tienen algo que decir siendo apasionante, de todas podemos aprender algo en extremo interesante, lo único que se necesita es que alguien escuche y les pregunte: “¿Y tú... cómo estás?”. Si algo le caracteriza a mi vida actual es la diversa gama de tipología de amistades que tengo. A mi vida la rodean hombres y mujeres de extremadamente distintas disciplinas, diferentes niveles socioeconómicos, distintas jerarquías intelectuales, otras nacionalidades o costumbres personales. Me consta que todas las personas son dignas de preguntarles con total atención ¿Y tú... cómo estás?, para encontrarte con otra manifestación de Dios más. En varias ocasiones he confesado que me enamoro de muchas de estas personas con extrema facilidad por lo que alcanzo a conocer de ellas. Por demás decir lo demostrado que está la condición fundamental para enamorarse de alguien: conocerle en verdad. En varias de mis conferencias he hecho el distingo entre enamoramiento y atracción. Son cosas totalmente distintas. La atracción se logra con el cuerpo, con rasgos físicos que atrapan (puede tratarse también de dinero o bienes materiales o fama), el enamoramiento en cambio, se logra con el alma y el corazón. La atracción es tan fácil y común porque depende tan solo de ver el cuerpo o las cosas de otra persona; el enamoramiento es tan difícil y ocasional porque depende de percibir con el corazón y conocer así el alma de la otra persona. En la atracción no se requiere de tiempo, en el enamoramiento sí, el tiempo necesario para escuchar y así conocerse en verdad. De tal suerte que no existe el famoso “amor a primera vista”, lo que puede existir es la atracción a primera vista, esa sí. Pero el amor, ese requiere de un hermoso tiempo de cultivo. Por eso hay tantas parejas que solo se atraen sin conocer el verdadero amor. Hay parejas que incluso se pueden llegar a casar solo por atracción, parejas que pueden irse a vivir juntos solo por esa atracción. Los resultados no se dejan esperar. Cuando el cuerpo cambia, la atracción desaparece y la angustia de separación y perspectiva de un final se sucede si el nexo solo fue superficial. Es entonces cuando se corre a la cirugía, a la dieta perenne, al maquillaje excesivo. Este es uno de los mayores miedos que he visto en muchas mujeres en mi consulta. El miedo a ya no ser atractiva y la angustia al ver otras mujeres que ahora sí lo son por ser más jóvenes. Mujeres que sembraron su propia trampa y luego se sorprenden de cosechar su propio rechazo. En cambio, las parejas que se unieron por verdadero amor, aquellas que todos los días se preguntaron ¿Y tú... cómo estás?, llegan al atardecer de sus vidas, al ocaso de sus historias, desde hace mucho tiempo sin el más mínimo interés por atraerse, ¡¿cómo?! Si desde hace años uno ya esta en el otro mediante la fuerza del amor. Ya no puede atraerse más lo que está fundido en uno solo. Este es parte del milagro que observamos en las relaciones que duran años y años. Se escucharon desde el corazón mientras se hablaban desde el corazón. Entonces, terminan latiendo juntos.

            Por favor, por lo que más quieras, siempre pregunta, a quien te ha escuchado hasta el final de tu relato, ¿Y tú... cómo estás? Nunca dejes que tu discurso termine tan solo con el final de tu historia, ¡interésate en la historia de quien te escuchó! ¡Es alguien que vale la pena y te consta! Pregunta ¿Y tú... cómo estás?, por prudencia, por justicia, por educación, por valores elementales, por decoro (o aunque sea porque te lo pido yo). Vamos, mejor y en una palabra, por amor. Si decides hacer lo que aquí te propongo, ¡Bienvenido a Nueva Conciencia! Bienvenido al saber de que no hemos nacido únicamente para nosotros, sino para los otros. Bienvenido al grupo de seres humanos interesados, interesados en ayudar al ser humano a ser más humano, interesados en crear una obra maestra hecha a dúo: una sublime amistad, interesados en la hermosa oportunidad de manifestar a Dios a través de sí mismos, interesados en compartir así su...

¡Emoción por Existir!

Alejandro Ariza.

PD: ¿Y tú..., cómo estás? Si gustas, escríbeme. Con toda seguridad te leeré como tú me has leído también. Me interesas, de lo contrario, no nos hubiéramos conocido por aquí. Besos y abrazos fraternales (en especial a la del cumpleaños, quien con su cariño me inspiró mucho de lo que hoy escribí aquí).

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