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27/01/2011

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Perdido en la actividad - Columnas

En esta semana viví de esos momentos en donde deseas con muchas ganas que todo se detenga… pero…  no. La vida no se detiene. Desees lo que desees, el tiempo sigue avanzando, todo sigue, el vector siempre apunta hacia delante, y el movimiento no cesa. Pero, mientras el tiempo avanza, dentro de él tú si puedes tomar otras decisiones, puedes cambiar de opinión, puedes incluso contradecirte, para terminar experimentando un ¡Alto, ya no más! Y ahí, si bien no podemos detener el tiempo, sí podemos detener lo que hacemos en él. Entender esta diferencia es una bendita oportunidad para saber elegir qué hacer. Y es que he llegado a comprender que no nos harta o preocupa el que pase el tiempo, sino la actividad –por excesiva y/o por inútil— que realizamos en él, y a eso sí le podemos poner un alto. De lo contrario, puedes perderte en la actividad. ¿Qué actividad? Aquella carente de sentido y dirección para tu vida. ¿Y cómo saber cuál es ese tipo de actividad? Pensándole tantito. Pensándole, sintiéndole.

Está pasando el tiempo más rápido de lo que ya lo vengo sintiendo desde hace años. Sé que cada vez hay más razones científicas que explican esta gran velocidad con la que pasa el tiempo. He recibido cualquier cantidad de correos bien intencionados donde alguien me comparte las presentaciones de power-point (que ya nunca abro, muy raramente alguna sí) donde están las nuevas teorías y hallazgos que explican el fenómeno, correos donde me recomiendan libros del tema, etc. Por curiosidad intelectual quizá alguien quiera leer esa información, pero para mí ha sido más que suficiente sentir que el tiempo se me está pasando dramáticamente rápido y ya. ¿Qué más explicación necesito? Ninguna. Entonces, no desperdicio mi tiempo en querer entender algo que claramente ya estoy sintiendo.

En este momento, escribiendo, me siento especialmente bien. Muy bien. Estoy conmigo. Y me siento en contacto con Dios, hoy  más que nunca. Pero me queda muy claro que cuando más tiempo quieres dedicar a Dios para sentirte en Él, más trampas te pone el enemigo para perderte en la actividad y así no permitir aquel divino encuentro. Hoy lo noté así. Hoy tenía programado un viaje desde hace tiempo para una importante convención. Viajaría sólo para estar allá, beneficiándome, según esto, de lo que se iba a mostrar. No iba de conferenciante, sino de oyente. Salía el avión a las 6 am, y llegaba al destino hasta las 5 pm aproximadamente. Para la gente que viajamos tanto, ya resulta muy cansado viajar, y debes seleccionar los viajes a los que vas o no. Y si este no era de trabajo para ir a hacer lo que más me gusta hacer en la vida, dictar una conferencia, entonces se movía en mis prioridades a rangos inferiores. ¡Pero se movió apenas ayer en la tarde! Los últimos 15 días estaba preocupado por darle prioridad a esa actividad, y con todo lo que está pasando en mi vida, se me empezó a hacer extraño terminar esta semana en una convención a la que sentía que debía ir. Pero no fue sino hasta ayer que, con un fuerte dolor de cabeza, me puse a pensar. Qué curioso… sentí que me enviaron el dolor ahí donde se me invitaba a usar la función del órgano dolido. “¡Piénsale tantito Ariza!”.

Ayer salía de dar una consulta muy intensa, muy impresionante, de esas que hoy me está permitiendo Dios hacer con Su ayuda. Y terminé con un tremendo dolor de cabeza, intenso, como hace muchos años no me duele. Me encantó confirmar que si estoy pudiendo ayudar a que la gente mejore en su salud, y yo no podía quitarme un dolor de cabeza, quiere decir, una vez más, que el que está curando no soy yo, sino Otro. Ahí, en pleno dolor, me puse a pensar porqué estaba experimentando ansiedad. Darse ese tiempo para observarse y pensar es valiosísimo. Y alcancé a ver que parte de mi ansiedad era que seguía teniendo demasiadas actividades y cada vez más, y para colmo, con tantas cosas que seguir haciendo pacíficamente aquí en México, se acercaba otro viaje. En ese momento dije: “¡Alto! Slowdown. Cambio de opinión y decido no ir”. ¡Boom! En 10 minutos ya no sentía dolor de cabeza (claro, también de algo habrán servido dos aspirinas que  tomé). Noté cómo metía más aire a mis pulmones. Percibí claramente cómo se detenía el tiempo. Y esa percepción es dada por tomar una decisión con respecto a la actividad que elegimos realizar, porque el tiempo sigue avanzando igual, igualitito, pero notamos que ahora hay más. El estrés de viajar 4 días, con una simple decisión, se convirtió en 4 días que súbitamente ahora tengo en exclusiva para mí y mi experiencia con Dios, e incluso, varios momentos sólo para mí, en total silencio y paz (que me disculpe el Señor, pero bueno, Él me entiende muy bien y disfruta de verme así). De esa manera, cambié de estar perdido en la actividad, a estar comigo mismo y sentir paz. No cambio por nada un momento así.

Tuve muchas “tentaciones” para no lograr estar en esta paz que mi corazón anhelaba luego de las fuertes emociones y actividades que he vivido en estos últimos días. Como que no estaba preparado para algo tan intenso, pero bueno, ya pasó y pasó bien. Con todo, sentía claramente en mi interior que no debía continuar en actividad tan social, debía cancelar mi viaje. Y lo logré orgullosamente. Algunas tentaciones que tuve para no lograrlo:

  • Iba un socio y amigo y ya había comentado la posibilidad de asistir y disfrutar juntos.
  • Ayer mi misma alma gemela estaba sentada frente a mí con la computadora abierta y lista con la confirmación de boletos de avión, hotel y demás; hasta noté cierto entusiasmo en ella por ir.
  • Le había prometido a otro amigo invitarlo y ya estaba el plan.

Todo ello me hacía sentir obligado a ir. Pero esa obligación se disminuía un poco con el gusto que innegablemente guardaba mi corazón por vivir este fin de semana realizando esa actividad de viajar. Pero pensándole tantito, me estaba perdiendo en la actividad.

También pensé: ¿Cuánto dinero me va a costar este fin de semana? Calculé 70 mil pesos por las condiciones en las que viajo, y de inmediato vino a mi mente una frase que yo mismo acababa de dictar en una conferencia a empresarios apenas la semana pasada: “Las deudas son un hábito, independientemente de lo que ganemos; incluso si ganamos más dinero, en lugar de pagar deudas, verás cómo sorprendentemente se incrementarán porque las deudas son un hábito. Las deudas no dependen de la cantidad de dinero que tengas o ganes, sino de tu forma de pensar y actuar”.  El socio y amigo con el que había quedado de ir me habló hace 2 días y en un comentario dentro de la charla telefónica, me dijo: “…estoy molido. Vengo regresando de viaje tan cansado…, y lo peor es que con una sensación de haber perdido mi tiempo y dinero; ya sabes mi doctor, me gasté bajita la mano como 2 mil dólares estos dos días y no creo que me reditúe nada…”. Al acordarme de esa voz, no quise que me pasara lo mismo. He descubierto que gran parte del dinero que tiramos –literalmente- es por lo mismo que un cocainómano o drogadicto cualquiera empieza a cavar su tumba: por satisfacción inmediata. Ese es el éxito de la droga: satisfacción inmediata. La misma que tú o yo tenemos gastando y gastando en viajes innecesarios, compras y compras innecesarias o comida y comida, que si le piensas tantito, no necesitamos en absoluto. En absoluto. Pero caemos en la tentación de la satisfacción inmediata. Hasta ahora entendí porqué la Biblia dice en Proverbios 21:17: “El que ama el placer termina en la pobreza. El que ama el vino y la buena vida no se enriquecerá”. ¿Así, o más claro? Aquí hay mucho que comentar, y lo haré en una conferencia próxima (“Cuando nada te basta”, lunes 29 de septiembre. Información haciendo clic AQUÍ), pero de momento te comentaré que la clave aquí está en el verbo “amar”. Una cosa es preferir el placer, el vino y la buena vida, y otra muy distinta es amarlos. Aquí, en este proverbio específico, “amar” lo traduzco como una pasión desmedida de satisfacción inmediata. Y sí, eso ya me consta que cada vez lleva a mayor y mayor endeudamiento. Con mi pasado soy experto en esto. Y tengo mucho que enseñar a la gente para salir de esa presión tan grande, de esos días en donde, como empecé esta nota, anhelas que se detenga el tiempo para que no te sigan hablando del banco para cobrarte, que se detenga el tiempo para que tus acreedores no te llamen más pidiéndote que ya pagues, pero si me permites, te enseñaré que no es cuestión de detener el tiempo, sino de cambiar tu forma de pensar y por ende actuar. Las deudas no son por incapacidad para pagar, sino por un hábito de vida, ganes lo que ganes.

Ya que estoy tocando un poco este apasionante tema, recuerdo que hace un par de días alguien me escribía: “Dr. Ariza, acabo de terminar de leer su libro El verdadero éxito en la vida y me queda una duda: ¿Cómo no confundirme y caer en conformismo y mediocridad cuando acepto lo que usted propone, eso de que “menos es más”? ¿Me podría comentar algo al respecto por favor?”. Pues bien, saldrá aquí mi respuesta en virtud de la inspiración de este momento que me hizo recordar aquel correo. Si se ha elegido, por ejemplo, traer un auto modesto, una cosa es tener ese auto, porque no hay de otra, y otra muy diferente es traer ese auto por preferirlo, aún pudiendo traer uno mejor. Otro ejemplo: una cosa es traer puesta una camisa sencilla, menos elegante y con menos sofisticación por no poder comprar otra mejor, y otra cosa muy distinta es traerla sabiendo que podemos comprar cualquier otra, pero empezamos a encontrar lo bien y a gusto que nos sentimos con la primera. Ahí, por afuera todo se ve igual, pero por dentro ya estás gozando el placer de que menos es más. Y su uno mis temas de reflexión, es difícil darse cuenta de que menos es más si estamos perdidos en la actividad. ¿Ya ves por qué estoy tan orgulloso de haber cancelado mi viaje? Siento que dejé de perderme en la actividad y me volví a encontrar en el silencio y quietud de mi casa, escribiendo para ti y para mí, lo que no habría podido hacer si en este preciso momento estuviera en pleno viaje.

Cuando cambias de opinión y tomas una nueva decisión con el fin de no sentirte perdido en la actividad, también habrán tentaciones para hacerte sentir mal con la nueva decisión que tomaste. En mi caso, hace unos momentos recibí una llamada de mi amigo que ya estaba en el destino al que viajaríamos y le informe mi decisión de ya no ir. En ese preciso instante cambio su tono de voz y me dijo: “Qué de malas. Me hubiera encantado que vinieras a esta excepcional, única e irrepetible convención que no se volverá a ver nunca…, y además te mentiría si no te digo que me siento contigo porque me habías dicho que me ayudarías en mi salud estando acá”. ¡Waaam! Sentí golpe bajo. En serio me sentí mal por unos segundos. Pero de inmediato le pedí a Dios ayuda, y escuché una voz: “Está bien. Él está bien en lo que siente, y tú también. Cada uno tiene un momento distinto en su vida, y cada uno está tomando decisiones diferentes. El conflicto surgirá si uno quiere que el otro haga lo que uno cree que debe hacer. Es tema de control sutil. Pero una vez entendido, suelta esa sensación. Tu amigo te entenderá, así como tú a él. Cada quien está donde debe estar en virtud de lo que corresponde a Mi plan. Confía”. Y súbitamente me inundó paz, la misma que le deseo a mi amigo. Y además, sé que se la va a pasar extremadamente bien, tal como yo me estoy sintiendo al escribir aquí y ahora.

Ayer comentaba con mi amada alma gemela el cómo hace meses me fascinaba mi Blackberry y todos los beneficios que le encontré, mientras que ayer tuve ganas de tirarla a la basura. He visto ostensible y dramáticamente en ciertas personas cómo genera adicción, y por estar al pendiente del correo electrónico en tiempo real, y en el chat privado Blackberry con familiares y amigos, no pasa más de 15 minutos sin que ya esté escuchando el “clic-clic-clic-clic” de las teclas y donde ya se perdió el contacto humano, prefiriendo el aparente contacto con otro humano pero vía chat de Blackberry, que tomarse de las manos o engarzar miradas en encuentro real. Hoy ya dí un gran paso. Por primera vez en meses, hoy puse mi Blackberry en el modo de “sólo teléfono”, y ya no recibiré correos ahí ni chats de ningún tipo. ¡Me siento tan bien de haberme atrevido!

También comenté con Adis que me encanta desde hace mucho tiempo mi nueva mac. Estoy más que fascinado con ella, pero en verdad sobremanera. Me ha cambiado la vida. Pero apenas descubrí que he podido gozarla inmensamente porque “coincide” por primera vez con que no se carga en automático ningún tipo de chat. Es una maravilla más allá de la cordura, experimentar el sublime hecho de prender tu computadora y ya poder estar trabajando concentrado en lo que debes en menos de medio minuto, sin que nadie interrumpa con el uso de Messenger, o el Skype, o cualquier otro tipo de chat, al no estar abierto en automático. Hasta me sabe mucho más rico entrar al Messenger sólo cuando uno lo decide y saludar a los amigos en cuanto se tiene tiempo y amorosa disposición para ello, y no en automático. De lo contrario, te puedes perder en esa actividad. Yo me sentía abrumado con todos mis contactos de Messenger, en total menos de 20 personas. Y me fui de espaldas cuando platicando con algunos otros amigos me han dicho que ellos tienen cientos y cientos de contactos. ¡Dios! ¿Qué pasaría si tan solo algunos de ellos te empiezan a saludar? Ya no digo todos, tan solo algunos,… te pierdes en esa actividad.

Me dio risa –respetuosa- cuando recibí un correo de una mujer que hace dos días ya me había escrito dándome muchas y serias recomendaciones para esta nueva etapa que ha empezado en mi vida. Como sabes, he recibido miles de correos al respecto y no puedo contestar todos. Pero el suyo, por algo, lo elegí para contestarle personalmente y le escribí mi gratitud y reflexión en dos líneas. Me sentí muy bien de agradecer y comentar brevemente su extenso comunicado. Hasta recuerdo haberlo comentado en mi oficina con Adriana –lo que implicó darle más tiempo aún-, para que hoy arremetiera esa señora diciéndome en un nuevo correo: “Doctor Ariza, noté claramente que le molestó mi correo anterior. De seguro usted está acostumbrado a recibir puros halagos, pero debe también recibir otras opiniones. Y le digo esto, porque noto su molestia al haberme contestado sólo una línea. ¡Pero si usted es escritor y escribe libros! Y a mí, sólo una línea”. ¡Qué tal con la señora! Hay de todo en a viña del Señor. Yo muy emocionado y contento de haberle podido escribir, y ella pensando en que estoy molesto porque “sólo le escribí una línea”. Me pregunto… ¿Quién fue el que se molestó? Me impacta cómo todos nosotros caemos en el mismo y clásico error del humano: creer que los demás son como uno. Creer que los demás tienen el mismo tiempo de uno. Pero no, así no funciona esto. Pero bueno, ya cada quien tendrá tiempo de entenderlo.

Estoy feliz y muy nutrido espiritualmente por haber escrito lo que hoy salió aquí. A mí me ha servido mucho. Espero que a ti también, aunque me queda cada vez más claro que ese es un terreno en el que yo no tengo ingerencia.

Qué fácil es perderse en la actividad excesiva y/o inútil. Y siento que mientras más clara tengas tu misión, también más distractores encontrarás en el camino. Ya sabes, hay por ahí interés en que no llegues y no cumplas tu misión. Y los distractores pasarán desapercibidos para los ojos no entrenados a ver con el corazón. La oscuridad tienta por donde menos te lo esperas: lugares, personas o circunstancias donde más te puede gustar, con su estrategia de satisfacción inmediata.

Que mis reflexiones nos acompañen. Están aquí para que las podamos leer una y otra vez, las que necesitemos. Sé que hay varias señales que indican que nos estamos empezando a perder en la actividad, muchas las he comentado abiertamente y otras entre líneas, pero una muy sencilla es cuando empiezas a sentir que todos los días te saben iguales y es porque dejas de percibir las cosas buenas que pasan bajo el sol al estar perdido en la actividad. La vida tiene que ser más sencilla. No quiero volverme esclavo de lo que conquisto. Y esta Nueva Conciencia me genera… ¡Emoción por Existir! –Alejandro Ariza.

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