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27/01/2011

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¿Te permites disfrutar? - Columnas

Hace algunos días llegaba mi alma gemela de una fiesta y me comentó cómo un gran amigo suyo siempre se la pasa bien y es el alma de las fiestas, mientras que otra amiga que también tienen en común y asistió a la misma fiesta, se la pasaba muy preocupada por una u otra razón, que si por sus hijos, que si por lo tarde que se estaba haciendo, que por lo que iba a decir su marido al estar ahí con ellos, que porque ya se le empezaba a subir, etc., y en ese momento me comentó algo Adriana que me dejó cautivado por la tremenda fuerza y trascendencia del concepto. Fue una frase que “sin darse cuenta” dijo su amigo al comentar el comportamiento de la preocupada amiga, diciendo: “¡Cuánta autorepresión tiene que no puede permitirse el disfrute!”. ¡Boom! Confieso abiertamente que no tuve capacidad para seguir escuchando a Adriana los siguientes minutos de su relato, pero es que me cautivó esa frase, muy posiblemente un mensaje canalizado por una inteligencia superior. Repito el concepto: “Cuánta autorepresión tiene que no puede permitirse el disfrute”.

            Toda la noche me quedé meditando en ese concepto. ¡Lo percibo lleno de Verdad!, y con la contundencia de lo sencillo y breve. Sé, y bien sé, que el grado de disfrute en una persona es directamente proporcional al grado de permisividad que se da la persona a sí misma frente a la fuente de gozo. Hoy que han pasado los años, esa frase me hizo recordar varias etapas de mi vida, hice una relectura de mi pasado y me confronté con el hecho de que sé disfrutar intensamente de la vida… hasta hace apenas unos cuantos años, cuando dejé de reprimirme a mí mismo por pensamientos de lo que debía ser y lo que no. Un solo pensamiento puede amargar tu experiencia, cuando el mismo Universo te la ofrece neutral, la experiencia como tal y ya, pero sólo tú, con lo que piensas de ti frente a lo que haces, percibes esa experiencia como tremendamente gozosa o como un momento de preocupación y ansiedad. ¡Tú defines la experiencia por lo que piensas de ti cuando la vives y no por lo que piensas de la experiencia misma! Detente a reflexionar en esto.

            En mi etapa de adolescente casi nunca fui a una fiesta, en toda mi vida, incluso hasta hoy, habré ido a 4 quizá y son muchas. Nunca me gustaron. Pero hoy que ha pasado el tiempo y he adquirido una Nueva Conciencia, descubro impactante que no es el que no me hayan gustado, sino que lo que yo pensaba de mí mismo fue lo que no me permitió disfrutarlas y entonces no elegía ir. Crecí pensando que una persona con mis características, valores y principios no podía darse la oportunidad de ___________ (pon en esta línea lo que se te ocurra para disfrutar de una fiesta). De esa forma, nunca fui. Pero hoy, cuando he aprendido que todo lo que uno piense de sí mismo es lo que permite a uno experimentar algo o no, descubro que puedo disfrutar intensamente de ___________ (pongo lo que quiera en esa línea) debido a que ya no le hago tanto caso a mi ego y sus condiciones. Definitivamente, el ego no nos permite disfrutar. Cuando buscas aprobación de los demás frente a tus actos, te limitará del disfrute no lo que piensen los demás, sino lo que tú piensas de ti adelantándote a lo que los demás piensen de ti.

            No, no pienso analizar si es cuestión de valores o no. No quiero hacer de esta nota una disertación de Ética, misma que deseará todo lector que no se permita disfrutar de todo y de inmediato querrá marcos conductuales y limites éticos. Sin embargo aquel lector al que le haya llegado su momento de vibrar con esta reflexión, sabrá a lo que me refiero sin mayor profundidad conceptual. Cuando te deje de importar lo que los demás digan de ti (lo que suele requerir de años de autoconocimiento) verás que si al primero que eliminas de la lista de los que opinan eres tú mismo, sentirás la libertad necesaria para disfrutar de la experiencia que se trate. ¡Así de tremenda es la más hermosa libertad que nos conferimos a nosotros mismos! Con lo que pensamos de nosotros mismos, será aquello que nos permita disfrutar o no de determinada experiencia.

            En esta nota me hace aún más eco aquella frase de Shakespeare cuando dijo: “Nada está bien ni nada está mal, sólo el pensamiento lo hace tal”. Y no, no creo que se trate de un relajamiento ético, ni de un relativismo moral, creo que se trata de… que así es y ya. Punto.

            El día en que decidí darme la oportunidad ocasional de eliminar mi súper-yo (estructura mental freudiana que califica nuestros propios actos), es decir, el día que le di vacaciones a mi “Pepe grillo”, el día en que no le hice tanto caso a mi ego y sus demandas, y simplemente opté por disfrutar de la experiencia que elegía vivir, ese día la experiencia se me reveló como magnífica e inolvidable. ¿Hice bien? ¿Hice mal? No lo sé. Hoy me encanta poderme decir a mí mismo… ¡simplemente lo hice! Y con la condición que mantengo de no afectar para mal a nadie, hoy me permito tantas cosas que años antes creía impensables para experimentar. A veces me imagino la vida dentro de 400 o 500 años… allá cuando nadie sepa de toda esta generación de humanos que vivimos hoy…, donde quizá nadie sepa que existí, desde allá, se ve más claramente cómo los comportamientos de hoy no tuvieron ninguna importancia, sean cuales hayan sido.

            Dentro de las herejías respetuosas que a manera de broma ocasionalmente decía en mis conferencias, una de las que más me gustaban era la siguiente: Imagina que al momento de morir, entras al juicio final y te someten frente al Dios que nos han vendido como imagen de Juez Supremo. Ahí, antes de decidir enviarte al cielo o al infierno, Dios mismo te hace una pregunta, una sola, para decidir enviarte a su gloria junto con sus ángeles, o al mismo infierno como castigo. Tú, con miedo, ves esa figura imponente y escuchas la gran pregunta: “¿Disfrutaste tu experiencia como humano?”. Impávido te quedas al escucharla. Quizá te esperabas otra pregunta, pero sólo fue esa, ¿Disfrutaste tu experiencia como humano? Y si dijeras no, o más o menos,… ¡al infierno sería tu veredicto! Entonces dirías: “¡Pero por qué señor!”. Y escucharías el comentario final: “¡Por imbécil! Te di todo para disfrutar, pero no lo supiste apreciar. No hay más comentarios…, el siguiente”.

            Yo creo que no estamos aquí para darle gusto a nadie. El Universo es un catálogo infinito del cual tú eliges, y dependiendo de la libertad y su responsabilidad implícita que te das a ti mismo para elegir, dependerá en gran medida tu… ¡Emoción por Existir! – Alejandro ArizA.

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