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27/01/2011

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En esta temporada me rehúso y me permito... - Columnas

  • Me rehúso a entrar al inconciente colectivo de esta temporada de “compras” navideñas y sentir que “tengo” que quedar bien con alguien dándole un regalito. Hace años que por Nueva Conciencia no vivo eso, gracias a Dios.
  • Me rehúso a sentir ninguna emoción por descuentos únicos y aparentemente maravillosos y comprar regalos a gente a la que no tengo el menor interés en regalarle nada.
  • Me rehúso a salir de mi pacífico hogar para ir a ver a gente que nunca veo y a la que nunca tengo deseos de ver, pero que por la temporada pareciera que hay que verla.
  • Me rehúso a adentrarme en calles atascadas de automóviles, inamovibles, con un tránsito indescriptible que altera la actitud para intentar llegar a algún lado a donde el plan era sentirse bien y festejar, qué ironía.
  • Me rehúso a festejar aquello a lo que no le encuentro motivo de festejo; en las reuniones nunca se habla del verdadero festejo que es celebrar un año más del nacimiento de Jesucristo. Todo lo que no sea eso, no encuentro por qué tener que festejarlo.
  • Me rehúso a ir a esa comida tan especial prenavideña con la gente de la compañía… ¿acaso no comemos diario y cualquier comida debería de ser igual si comes con quien amas y ya?
  • Me rehúso a dañar mi cuerpo con atracones de comida que, a fin de cuentas, no me dejan nada bueno; hace apenas unos días he aprendido el exquisito placer de sentirse bien todo el día, todo el tiempo, comiendo pequeñas porciones de comida sana. Cuando conoces esto, no lo quieres dejar.
  • Me rehúso, terminantemente, a ir a cualquier centro comercial en esta época; eso para mí es generador de agorafobia; en estos días, un centro comercial, bajo mi perspectiva, es el último lugar donde se encontraría amor y paz.
  • Me rehúso a salir de vacaciones en esta época, creo que es como intentar matar el gozo de una vacación. Siempre he creído que la gente que sale despavorida de vacaciones para aprovechar estos días, es gente que no es feliz con lo que hace y ésta huída es la compensación que necesitan. Pero siendo feliz con lo que eres y haces, no sales corriendo.
  • Me rehúso a concretar citas para “darnos el abrazo”…, ¡caray, si nos podemos abrazar cualquier día que esté menos complicado, y no nada más un abrazo si no varios!
  • Me rehúso a llamar a personas para felicitarlas si son personas a las que no les hablé ni una sola vez durante todo el año. Me daría vergüenza. De hecho, no le llamo a nadie. Llamaría a Jesucristo para felicitarlo de cumpleaños, pero eso no se hace por teléfono.
  • Me rehúso a sonreír así no más por la temporada… gracias a Dios sonrío todos los días y tanto, que me doy el lujo de que en esta temporada me relaje tantito y esté plácidamente serio.
  • Me rehúso a comprar regalos para mis seres queridos en esta temporada, cuando a mis seres queridos les doy regalos todo el año. Definitivamente salen ganando.
  • Me rehúso a creer en tantos y tantos anuncios publicitarios que “venden” imágenes de felicidad, paz y armonía, cuando en verdad no la hay ni en la producción de esos comerciales o programas televisivos. He estado del otro lado de la pantalla y sé cómo se mueve ese ambiente.
  • Me rehúso a creer que el objetivo central de estas fiestas decembrinas sea un tal Santa Claus y toda la mercadotecnia atrás de ello. Esa idea es hermosa para cuando uno es niño y creo muy conveniente mantenerla para ellos, pero ya, ya habemos muchos grandecitos que nos debería agraviar la idea de Santa Claus sin ver todo lo que en verdad se mueve detrás.
  • Me rehúso a recibir regalos de gente que nunca me ve ni me frecuenta ni sabe bien nada de mi vida. Y me rehúso porque no quiero ser pretexto para su calma de conciencia.
  • Me rehúso a recibir llamadas telefónicas de gente que nunca me habla, pero ahora sí y sólo para decirme “…pásala bien, ya sabes lo que se te desea”. Por precaución, termino diciendo: “Igualmente”.
  • Me rehúso a responder a una de las preguntas más huecas y absurdas que escucho tanto en estos días: “…¿Y dónde la vas a pasar?”. ¡Cómo si le importara a la gente dónde o con quién voy a estar determinado día! Esta hueca y vana pregunta siempre me ha manifestado la tremenda falta de contenido mental para una sana y sencilla conversación…, pero cuando no hay nada, pero nada valioso que aportar en el arte de la conversación, esa pregunta puede ser una salida. Y claro, si por error reflejo algún día respondiera, por supuesto que nunca haría la pregunta: “…¿Y tú?”.
  • Me rehúso a convivir con personas que no sean verdaderas fuentes de amor y paz. Es tan importante cuidar esto y tener la fuerza para en verdad llevarlo a cabo! Pero el resultado es hermoso: amor y paz.

Y lo más hermoso que siento de mi actitud ante lo que rehúso es que lo hago sin esfuerzo alguno, no sufro por rehuir, sino rehúso como consecuencia de lo que elijo: paz y gozo.

  • Me permito convivir más de cerca, y más tiempo, con mis papás. Me encanta ver el entusiasmo de mi madre en adornar su casa y que lo mantiene igual de alto desde que tengo memoria. Me encanta ver a mi papá como le concede y da todo lo que ella quiera.
  • Me permito abrazar a mis papás más, en estos días que tenemos más tiempo para hacerlo.
  • Me permito abrazar y besar y llorar más de nostalgia y emoción en estos días a la gente que amo y se sienta aquí conmigo a mi lado en mi sala.
  • Me permito disfrutar de la exquisitez de comida sana que me prepara mi alma gemela con tanto amor y que gozamos tanto con cada bocado. Esos momentos son indescriptibles.
  • Me permito afirmar cualquier fantasía que mi sobrino o cualquier niño me pregunte como posible. Me encanta seguirles el juego y así jugar con ellos y sentir que en verdad hay magia.
  • Me permito irme de cualquier lugar, esté sucediendo lo que esté sucediendo, si ya me cansé y deseo volver a la paz de mi casa.
  • Me permito abrir las puertas de mi casa muy poco, pero en esta temporada, las abro a la persona que venga con total paz y armonía y mejor si además viene con simpatía para compartir un rato y conversar rico, y donde obviamente esa persona ya sea conocida para mí.
  • Me permito dar de comer lo que tenga, ya que he encontrado que lo más importante no es la comida o los platillos que tengo en casa, sino a quiénes tengo en casa comiendo.
  • Me permito estar con quien más quiero el día de la Navidad y si hay gente a la que también quiero y me gustaría estar ese mismo día, entiendo que no me puedo dividir y que cualquier otro día nos podemos ver sin ningún problema.
  • Me permito el disfrute de caminar con mi alma gemela aquí cerca de donde vivo mientras conversamos de lo que hemos vivido en este año… es una caminata inolvidable.
  • Me permito leer todo lo que por tiempo no había podido y ahora tengo.
  • Me permito escribir para ayudar a la gente a través de mi página e inspirar una Nueva Conciencia.
  • Me permito darle una agradable sorpresa a alguien desconocido y en forma anónima; ayudar de esa forma tiene un gran encanto para todos los involucrados.
  • Me permito, si no hay llenos totales, ir a algún espectáculo que por disfrutarlo tanto nos eleve el nivel de frecuencia vibracional a los que vamos. Si no se puede, ya habrá otro día.
  • Me permito permanecer en cama un poco más de tiempo y abrazar más horas a la persona amada, como parte de la magia de estas vacaciones.
  • Me permito meditar en Navidad, desde la tarde, acerca de la trascedencia que tiene recordar un año tras otro, el nacimiento de un ser tan extraordinario y todo lo que implicó su llegada. Incluso, si esta historia es cierta o no, ya no me importa, admiro la historia entonces.
  • Me permito ver películas que narren la trascendencia de este gran hombre. Disfruto inmensamente estar con gente que quiero, de ser posible, viendo estas películas en casa, sin salir, en paz.
  • Me permito estar totalmente solo un rato el día de la Navidad, meditando para así hablar con Jesucristo y felicitarlo de su cumpleaños. En varias Navidades, aquí siempre rompo en llanto de tanta emoción que me da tener la dicha de tener este encuentro. Es sobrecogedor.

Y lo más hermoso de todo esto que me permito, es que así es mi estilo de vida casi todo el tiempo. Elegir sentirse extraordinariamente bien, puede ser algo muy natural.

            Espero haber respondido con esta nota, a las preguntas que recibo donde varias personas escriben inquiriendo qué hace Ariza en estos días. Pues ahí está… nada del otro mundo, o quizá sí, todo de otro mundo, el de Nueva Conciencia, donde diario puedes elegir ¡Emoción por Existir! – Alejandro ArizA.

PD: Memo... ¡gracias por tu llamada telefónica desde Brasil! Esos grandes detalles son los que hacen verdadera magia en la vida. Gracias por llamar! Estaba terminando esta nota cuando hablaste. Me hizo mucho bien.

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