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27/01/2011

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Más despacio. - Columnas

La verdad, no debe haber prisa. Pero tenemos que entenderlo y elegirlo así para vivir las hermosas consecuencias. La bendita calidad de vida que se incrementa al ir más despacio. La oportunidad que así se presenta para observar y experimentar pacíficamente nuestro ser.

            Hace unos cuantos días tomé una decisión creo muy importante. De esas que dan ganas de preguntarle a un maestro o guía espiritual, pero muchas veces el Universo te coloca en una posición donde tienes que decidir tú solo, y entonces así debe ser, es un momento para nuestro crecimiento. Esto me sucedió la semana pasada. La decisión consistía entre acelerar aún más mi ritmo de vida (que ya lo llevaba muy de prisa) y aceptar participar en un proyecto que me daría mucho dinero, varios miles de dólares en pocos minutos, o la otra opción, ir por mi vida más despacio y rechazar ese proyecto, ganando nada de dinero esos días e incluso gastando también algunos miles de dólares en un viaje de descanso. Creo que para la mente de un administrador, la decisión no era nada difícil, los números son los números y tenía que aceptar tomar 4 aviones y un barco para alcanzar a dar una conferencia de unos cuantos minutos cerca de una isla en Canadá, correr en aeropuertos, trasbordar, embarcarme, dar la conferencia en un ambiente glamoroso, tomar una avioneta, otros aviones y atravesar dos países, y todo eso en 2 días. O bien, tomar un solo avión, e ir a cumplir con otra conferencia que regalé a un amigo empresario, para luego ir a la playa a sentarme, meditar y hacer pequeñas figuras en la arena mientras reflexionaba. En la primera opción donde tendría que correr y sólo dormir 3 horas antes del siguiente avión para el ritmo de vida que traía, si aceptaba, mi fama aumentaría, mi posicionamiento en un grupo de empresarios millonarios se sucedería, más contratos hubiera logrado, cobraba el doble de lo acostumbrado; mientras que en el segundo plan, sólo descansaría y estaría en paz, conviviría con mis amigos sin correr… más despacio.

            Elegí la segunda opción. Pero no fue fácil por el ritmo de vida al que estoy acostumbrado, tuve que ser sincero conmigo mismo y estaba físicamente muy cansado. El corazón hinchado de alegría de poder ayudar a tanta gente con conferencias dictadas a diario, pero todas en diferentes lugares de la república, y tanto viajar cansa mucho. Ese gran evento sería otro viaje más, pero extremadamente pesado. Y tuve que elegir no aceptarlo. En el momento en que por teléfono, al director de la gran empresa que me invitaba al primer plan, le tuve que negar con toda prudencia mi participación, sentí la zozobra al no saber si hacía lo correcto. Pero ya no podía más, bueno, eso creo. En el momento en que tomé la decisión, recuerdo que estando a la 1 de la madrugada llegando a casa, cerré mis ojos y le pedí a Dios una respuesta ante mi pregunta de qué debía hacer. Y como siempre digo: allá arriba ha de haber alguna terminal de Internet porque precisamente cuando estaba pidiendo la respuesta, mi laptop sonó de que entraba un correo. Lo abrí y era un tipo cadena que me enviaba una amiga muy querida. Ese tipo de correos nunca los leo, pero al ver el título de ese mensaje, se me erizó la piel. Yo apenas había preguntado a Dios qué hacer ante la disyuntiva, y en ese momento llegaba un correo con el título de: “Slow Down” (“Despacio”). Me quedé atónito, y lo que leí fue esto:

CULTURA DEL “SLOW DOWN”

Ya tengo 18 años desde que ingresé a la Volvo, una empresa Sueca. Trabajar con ellos es una convivencia muy interesante. Cualquier proyecto aquí demora dos años para concretarse, aunque la idea sea brillante y simple. Es una “regla”.

              Los procesos globalizados causan en nosotros (brasileños, argentinos, peruanos, chilenos, venezolanos, colombianos, mexicanos, caribeños, australianos, asiáticos, etc.) una ansiedad generalizada en la búsqueda de resultados inmediatos. En consecuencia, nuestro sentido de la urgencia no surte efecto dentro de los plazos lentos de los suecos. Los suecos debaten, debaten, realizan "n" reuniones, ponderaciones, etc. ¡Y trabajan!, con un esquema más bien "show down".

              Lo mejor es constatar que, al final, esto acaba siempre dando resultados en el tiempo de ellos (los suecos) ya que conjugando la madurez de la necesidad con la tecnología apropiada, es muy poco lo que se pierde por aquí en Suecia. Lo resumo así:
1. Suecia es del tamaño del estado de Sao Paulo (Brasil).
2. Suecia tiene tan sólo dos millones de habitantes.
3. La ciudad más grande, Estocolmo, tiene apenas 500.000 habitantes.

4. Empresas de capital sueco: Volvo, Scania, Ericsson, Electrolux, ABB, Nokia, Nobel.

Nada mal, ¿no? Para tener una idea de la importancia de ellas basta mencionar que Volvo es la que fabrica los motores propulsores para los cohetes de la NASA. Los suecos pueden estar equivocados, pero son ellos quienes pagan mi salario.
              Por ahora, menciono especialmente que no conozco un pueblo, como pueblo mismo, que posea más cultura colectiva que los suecos. Voy a contarles una historia corta, sólo para darles una idea: La primera vez que fui para Suecia, en 1990, uno de mis colegas suecos me recogía del hotel todas las mañanas. Estábamos en el mes de septiembre, algo de frío y nevisca. Llegábamos temprano a la Volvo y él estacionaba el auto muy lejos de la puerta de entrada (son 2,000 empleados que van en coche a la empresa). El primer día no hice comentario alguno, tampoco el segundo, o el tercero. En los días siguientes, ya con un poco más de confianza, una mañana le pregunté a mi colega: "¿Tienen ustedes lugar fijo para estacionarse aquí?, pues noté que llegamos temprano, con el estacionamiento vacío y dejas el coche al final de todo...". Y él me respondió simplemente: "Es que como llegamos temprano tenemos tiempo para caminar, y quien llega más tarde, ya va a llegar retrasado y es mejor que encuentre lugar más cerca de la entrada a la empresa. ¿No te parece?"
              Imaginen la cara que puse. Y con ella fue suficiente para que yo revisara en profundidad todos mis conceptos anteriores. En la actualidad, hay un gran movimiento en Europa llamado "Slow Food". La Slow Food International Association, cuyo símbolo es un caracol, tiene su central en Italia (hay un espacio en la Internet que es muy interesante, visítalo). Lo que el movimiento Slow Food predica es que las personas deben comer y beber lentamente, dándose tiempo para saborear los alimentos, disfrutando de la preparación, en convivencia con la familia, con los amigos, sin prisa y con calidad. La idea es contraponerse al ánimo del Fast Food y lo que éste representa como estilo de vida. La sorpresa, por tanto, es que ese movimiento de Slow Food está sirviendo de base para un movimiento más amplio llamado "Slow Europe" como resaltó la revista Business Week en una de sus últimas ediciones europeas.
              La base de todo está en el cuestionamiento de la prisa "y de la  locura" (generada por la globalización, por el deseo de "tener en cantidad" nivel de vida) en contraposición al de "tener en calidad", "Calidad de Vida" o "Calidad del Ser".

              Según la Business Week, los operarios franceses, aunque trabajen menos horas (35 horas por semana) son más productivos que sus colegas estadounidenses o británicos. Y los alemanes, que en muchas empresas ya implantaron la semana de 28,8 horas de trabajo, vieron su productividad aumentar en un elogiable 20%. Esa llamada "slow attitude" está llamando la atención hasta de los estadounidenses, discípulos del "fast" (rápido) y del "do it now!" ¡Hágalo ahora!, apúrese). Por tanto, esa "actitud sin prisa" no significa hacer menos ni tener menor productividad. Significa sí, trabajar y hacer las cosas con "más calidad" y "más productividad", con mayor perfección, con atención a los detalles y con menos estrés. Significa retomar los valores de la familia, de los amigos, del tiempo libre, del placer del buen ocio o el ocio constructivo, y de la vida, en las pequeñas comunidades. Del "aquí" presente y concreto, en contraposición contra lo "mundial o global" indefinido y anónimo. Significa retomar los valores esenciales del ser humano, de los pequeños placeres de lo cotidiano, de la simplicidad de vivir y convivir, y hasta de la religión y de la fe.

              Significa un ambiente de trabajo menos coercitivo, más alegre, más leve y por lo tanto, más productivo, donde el ser humano realiza, con placer, lo que mejor sabe hacer o dedicación de aprender lo que no sabe. Es saludable recordar estos antiguos refranes: "Paso a paso se va lejos" y "La prisa es enemiga de la perfección", "Vísteme despacio que voy de prisa", para que merezcan nuevamente nuestra atención en estos tiempos de locura desenfrenada en que no sabemos para donde vamos.

              ¿Acaso no sería útil que las empresas de nuestra comunidad, ciudad, estado o país, empiecen ya a pensar en desarrollar programas serios de "calidad sin prisa" hasta para aumentar la productividad y calidad de los productos y servicios sin necesariamente perder Calidad del Ser"?
              En la película "Perfume de Mujer" hay una escena inolvidable en la que el ciego (interpretado por Al Pacino) invita a una muchacha a bailar y ella responde: "No puedo, pues mi novio va a llegar en pocos minutos". A lo que el ciego responde: "Pero es que en un momento, se vive una vida", y la saca a bailar un tango. El mejor momento de la película es esta escena de sólo dos o tres minutos.
              Muchos viven corriendo detrás del tiempo, pero sólo lo alcanzan cuando mueren, ya sea de un infarto o un accidente en la autopista por correr para llegar a tiempo, o para otros que están tan ansiosos por vivir el futuro que se olvidan de vivir el presente, que es el único tiempo que realmente existe. Todos en el mundo tenemos tiempo por igual, pues nadie tiene ni más ni menos de 24 horas por día. La diferencia está en el empleo que cada uno hace de su tiempo. Necesitamos saber aprovechar cada momento, porque, como dijo John Lennon, "La vida es aquello que sucede mientras planeamos el futuro".

Falta tiempo cuando falta el espíritu de vivir, es un asunto de prioridades, porque no hay un compromiso consigo mismo.

Tres factores nos aniquilan: cuando evitamos el riesgo, eludimos la responsabilidad y oponernos a los cambios. Como no tomamos tiempo para nosotros, no podemos dirigir nuestras propias vidas, ni menos la de nuestra familia o nuestros hijos, entonces nos empeñamos en dirigir una empresa, una ciudad, un estado o una nación.

Felicitaciones por haber conseguido leer este mensaje hasta el final. Hay muchos que lo habrán dejado por la mitad para "no perder tiempo" tan valioso en este mundo globalizado, porque su " brain wash" es que el tiempo es dinero.

¡APRESÚRATE A VIVIR DESPACIO!

Me quedé boquiabierto. Mi pregunta había sido contestada en forma dramáticamente clara. Lo numinoso de la sincronía me sobrecogió. Saberme escuchado y guiado me tranquilizó. Incluso ahora que te lo comparto, todavía siento la emoción por la prontitud y exactitud de la respuesta a mi pregunta en la divina orquestación de eventos que se tejen en la vida para darnos las señales de caminos a seguir. Y casi podría asegurar que lo mismo te está pasando a ti ahora mismo. Quizá tú también te lo venías preguntando y sincronizó con mi deseo de escribir y publicar esto hoy y aquí. Bendigo el momento.

            Siempre, para tomar una decisión, es cuestión de prioridades. Si tienes dificultad para decidir, no tienes claras tus prioridades, tus valores no los has jerarquizado claramente. Si en cambio tus valores los tienes muy claros en prioridad, la toma de decisiones es casi automática y sin dudar. Del texto que me envió el Universo a través de mi amiga, todavía hoy me sigue resonando esa parte que dice: “Falta tiempo cuando falta el espíritu de vivir, es un asunto de prioridades, porque no hay un compromiso consigo mismo”. Esta fue la estocada. Muchas veces ponemos en prioridades muchas otras cosas menos uno mismo. Pero cuando uno se pone en la lista, y se pone en los primeros lugares, todo cambia. Y eso fue lo que hice aquel día. Y hoy estoy en paz. Hoy estoy feliz al saber plenamente que no todo en la vida es dinero, expansión y negocios. También existo para mí mismo y eso se me estaba olvidando.

            Recuerdo que al día siguiente me fui a comer a uno de mis restaurantes preferidos con un nuevo colaborador de mi compañía, y noté perfectamente lo despacio que comimos y lo mucho que disfrutamos de ese momento.

            Con una Nueva Conciencia recomiendo que juntos vayamos más despacio, y así más eficientes seamos. Más despacio para disfrutar de la sencillez de una vida un poco más simple; más despacio para intentar hacer más largos los momentos de exquisita compañía; más despacio para disfrutar del trayecto que nos lleva hacia donde tenemos que llegar; más despacio para disfrutar incluso de un momento muy personal de reflexión al terminar esta lectura. Más despacio para estar cada vez más concientes de nuestra… ¡Emoción por Existir!. –Alejandro ArizA.

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