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27/01/2011

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Precaución, mucha precaución. - Columnas

¡Al fin estoy de vuelta! Acepto que abandoné mucho mi escritura, y pagué consecuencias. Agradezco enormemente a todas las personas que me enviaron correos preguntándome qué me había pasado, que si estaba bien de salud, que por qué los había abandonado tanto tiempo. Me halagaron tantos correos así. ¡Gracias! La respuesta más sincera fue: tremendas cargas de ocupación autoimpuesta que no me dejaron tiempo para escribir. Esa respuesta es verdad. Pero hoy, bajo un análisis importante que he hecho de mi vida, es verdad sólo en determinado estado de conciencia, uno un poco primitivo. Pero si hoy confieso, con una Nueva Conciencia, con un nivel más alto de percepción, el por qué dejé de escribir, me apena revelarme a mí mismo la razón: estupidez en el manejo de las jerarquías de mis prioridades. Pues bien. Se acabó. Es hermoso “darse cuenta y corregir”. Este es un proceso que vivo con frecuencia ayudando a pacientes en mis terapias, y ahora me ayudé a mí. Ahora me tocó ser el paciente y sorpresas me llevé.

            Dejé de escribir por darle más importancia a otras actividades que, a la luz de los meses, no resultaron tan provechosas emocionalmente como pensé. Entonces, hoy festejo darme cuenta y corregir. De eso se trata el arriesgarse: intentar, probar, comprobar, comparar y de ser necesario corregir. Corrigiendo estoy. Me dediqué a cultivar ayuda a personas, como siempre lo he hecho y, sin duda, le he llevado beneficio a cientos de ellas. Sin embargo, en el camino, decidí invertir tiempo en conversar y confiar en alguna “amistad” y terminó en traición. Para mí, Alejandro Ariza, no existe valor más deplorable y detestable en una relación humana que la traición, por mínima que sea. Aquí no hay tamaños, hay traición o no.  No hay peor, más vil y deleznable comportamiento en un ser. Y así, una vez detectada la traición, que como siempre, surge a flote tarde o temprano y sin que uno la busque, me di cuenta de la mala inversión de mi tiempo y persona en donde no debí haberlo hecho. Como siempre lo he explicado, todo es cuestión de vibración, y cuando uno alcanza determinada frecuencia vibracional, si se acerca una frecuencia distinta, siempre, tarde o temprano, se separarán, es imposible que dos frecuencias de distinta magnitud coexistan en el mismo espacio al mismo tiempo. Es un ley. Es una ley de Física. Así es como uno siempre termina dándose cuenta de las cosas. Y en mi caso, no hay rencor, no hay dolor, no hay cuantas por cobrar (eso sería inaudito ya), sino simple y llanamente bajo el telón y la obra con sus diálogos no vuelve a interpretarse jamás. Y bajo el telón amorosísimamente y bendiciendo a todos los actores principales que intervenimos. Todo en orden. Todo bien. Todo en paz. Y de inmediato, recordar que la vida es hacia delante. Nada del pasado puede afectar a menos que lo hagamos presente reviviéndolo con el recuerdo. Cerrar el ciclo inmediata, hermética y amorosamente y seguir adelante con la consecuente paz que esta decisión conlleva. Esa es mi filosofía de vida en estos casos.

            Hoy se me está volviendo a llenar el corazón de emoción al hacer esto que tanto me conecta con Dios. De aquí soy, no de allá donde andaba. El placer de escribir en forma tan fluida y sintiendo perfecto, a momentos, cómo me dicta una voz es una sensación indescriptible. Es placentero obedecer esa voz. Y…, ¿sabes?, es mi mayor recomendación que tu hagas lo mismo en tu vida. Quizá en tu caso no sea escribir, pero sí hacer aquello que te inspira. Aquello que te reconecta con tu espíritu, aquello que te ubica en-espíritu, inspirado. ¡Tienes que hacerlo! Es la puerta a la luz. Es la puerta a la paz. Es la oportunidad de volver a experimentar gloria, jolgorio, júbilo, y quizá lo más importante: armonía. Yo la perdí durante meses. Y hoy he vuelto a mi centro.

            Claro, el cuerpo me ayudó un poco. Me enfermé. Me enfermé como hace mucho no me sentía de mal. Y si algo he aprendido en Nueva Conciencia es que toda enfermedad, absolutamente toda, es un grito desesperado que tu cuerpo te hace en forma de reclamo cuando te sales de lo que tú bien sabes te corresponde hacer, cuando te sales de tu centro e insistes en mantenerte afuera. La enfermedad no es otra cosa que una poderosa señal. Obedece la señal, y la enfermedad se esfuma dejándote de paso una valiosa lección con opción a que la aprendas o no. Si eliges aprender, bienvenido al siguiente nivel. Si no, pronto habrán otra señal de recordatorio.

            Hoy se cumplen 5 días en que tajantemente decidí hacer un alto en mi vida. Pero no cualquier alto, sino un alto total. No fui a trabajar a mi oficina, varios días apagué el celular y cualquier otro tipo de radiocomunicación, casi no leí correos electrónicos, no vi absolutamente a nadie en varios días, cancelé conferencias y viajes, no salí ni a un pasillo en mi casa…, únicamente me recluí a estar total y enteramente sólo conmigo mismo. ¡Dios! ¡Qué maravillosos han sido estos días! ¡Quiero más! Estoy planeando seriamente desaparecerme del mapa todo un mes. Avisaré muy pronto, en cuanto lo programe, por prudencia a mis clientes. Se me había olvidado el inconmensurable placer que es estar absolutamente en silencio con uno mismo y nadie más. La espiritualidad a la que llegas. Los milagros que vuelven a suceder. Las sanaciones increíbles que se manifiestan. El amor con el que te conectas. La conciencia de Dios tan imponente donde empiezas a llorar sin más. Las revelaciones que se vuelven a suceder. En fin, no debo decir más. Y precisamente en estos días fue algo que aprendí: a no decir más. Aprendí que debo hablar con más prudencia. El diccionario de la Academia Española define prudencia como: Capacidad de pensar, ante ciertos acontecimientos o actividades, sobre los riesgos posibles que estos conllevan, y adecuar o modificar la conducta para no recibir o producir perjuicios innecesarios.

            ¿Podemos recibir o producir perjuicios en nuestra vida cotidiana? ¡Apuesta a que sí! Pero otra cosa es que sean “innecesarios” y aún así los recibamos o produzcamos. Eso es estupidez. Hay que detenerse a pensar y hablar sólo con quien tengamos confianza de compartir algo profundo de corazón y alma. Los tesoros no deben depositarse en cualquier caja. Y, aunque se oiga como se oiga (quizá esta sea una imprudencia), he aprendido con honores que existen personas que no están preparadas para recibir nuestra total confianza y plena sinceridad. Personas que en lugar de honrarla y guardarla, con ella crean armas para luego ser disparadas jalando el gatillo de la envidia. ¿En dónde estaría nuestro error aquí? En no tener precaución. Cito una vez más el diccionario de la Academia para la palabra precaución y dice: cuidado y reserva de una persona al hablar o actuar para prevenir un daño o un peligro. Por eso, también aprendí que hay que tener precaución, mucha precaución.

            Hace varios días recibí un correo electrónico titulado “Transformación total”, donde cierta persona me criticaba mordazmente acerca de cómo he cambiado como orador y como persona desde la primera vez que me vio en una conferencia que dicté … ¡hace más de 10 años! ¡Pero por Dios! ¡¿En verdad habrá alguien que crea que me puedo mantener igual que hace 10 años?! Pues ya vi que sí. Y cortésmente respondí a su correo agradeciendo lo que me ayudaba a ver. Pero me reservé la admiración ante lo inevitable. ¡Claro que no puedo ser el mismo de hace 10 años! Y bendigo que no lo sea. Ya no vibro hablando de los temas de los que hablara hace 10 años. Ya no me atrae motivar al ego del público, algo que sin duda siempre garantizaba éxito. Ya no me interesa si la gente me cree o no, algo que antes era fundamental para un orador. Hoy conozco otra dimensión de la existencia humana. Empecé a revelar algo de ella desde mi libro El verdadero éxito en la vida, más allá del ego. Y, por supuesto, fui criticado hasta por la Iglesia. Esto es el pan nuestro de cada día para cualquier persona cuya figura sea pública. Es algo enteramente normal. Lo sé desde hace más de 18 años. De hecho, cada vez que recibo alguna crítica, para bien o para mal, me doy cuenta que no se describe nada de mí, sino se revela el estado de conciencia de quien me critica y así se describe la persona a sí misma por lo único que le es posible alcanzar a ver. Saber esto te servirá mucho.

            La psique humana no ha cambiado mucho en varios siglos. Y festejo el que Dios ponga en mi camino, cuando medito, la luz de seres iluminados y evolucionados que me han ayudado a comprender, como por ejemplo, Leonardo DaVinci (1452-1519), cuando dijo: “Las ostras se abren por completo cuando hay luna llena; y cuando los cangrejos ven una ostra abierta tiran dentro de ella una piedrita o un trozo de alga a fin de que la ostra no pueda volver a cerrarse y el cangrejo pueda devorarla. Este es también el destino de quien abre demasiado la boca, con lo cual se pone a merced del que lo escucha”. Aquí no tengo que decir más.

            Ahora bien, ¿pagan justos por pecadores? Bueno, eso he aprendido que sí desde que estaba en la primaria. Unos niños hacían algunas diabluras, y el prefecto nos castigaba a todo el salón. Y cuando veo el comportamiento humano en varias empresas, no cambia mucho del de la primara. Tengo mucho que compartir y enseñar. Mucho. Mucho. Mi corazón está hinchado por los hallazgos y deseos de compartir. Pero a diferencia de otras etapas de mi vida, ya no debo revelar tanto. Me sobrecoge la falta de preparación de mucha gente para ciertas verdades. Entonces le pedí a Dios que me indicara qué hacer en mi encantador trabajo como conferencista (encantador para mí), ¿qué decir? ¿Qué revelar? ¿Qué compartir? Y lo más importante: ¿Con quién? ¿Cuándo y cuánto? A lo que escuche de respuesta de mi Yo Superior: “La gente que esté preparada llegará a ti, tu ya no deberás hablar para todos. Hay temas sencillos y de aplicación práctica que se prestarán y seguirás ayudando a grandes masas de esa forma, pero los que estás vibrando hoy, serán temas que sólo compartirás con gente que llegue. Tu ya no irás. Así funciona esta etapa. Y revelarás sólo lo necesario”. Entonces comprendí que ya no está en mí. Hoy estoy más tranquilo. Ariza ha vivido un momento de transformación.

            En cuanto escuché lo anterior dentro mío, recordé otra frase que llegó a mí por medio de mi amada alma gemela, quien siempre atina a compartirme lo que en un prístino momento necesito, ella está conectadísima. Frase también de Leonardo DaVinci cuando afirmó: “Aquellos que despilfarran el tesoro de sus palabras no pueden acumular poder”. Los tesoros no se guardan en cualquier cajita, los tesoros no se depositan en cualquier lugar. Precaución, mucha precaución al elegir a quién le vas a decir algo. Los tesoros no se depositan en cualquier cajita.

            Hay un poder. Es un hermoso poder para construir y ayudar. Y he aprendido intensamente en estos días mi error de despilfarro verbal. Hoy, con Nueva Conciencia, me alcanzo a dar cuenta, me percato, logro ver…, y corrijo. ¡Ah! ¡Qué bendición humana poder corregirse! Ha sido un placer compartir esto contigo. Todo este tiempo de escritura, ahora que hago conciencia terrenal, nunca hubo dolencia alguna en mi cuerpo, ni conciencia de él, todo estuvo extraordinariamente bien en mí. ¡Esa es la transformación de estar en-espíritu, de hacer algo inspirado! Bendigo el momento. Recupero y comparto contigo mi… ¡Emoción por Existir! –Alejandro Ariza.

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