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27/01/2011

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¿Qué digo? - Columnas

"No os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros". - Jesús de Nazareth, en Mateo 10:19, 20. Sin lugar a dudas, esta cita bíblica, palabras de Jesucristo, me ha dado una gran respuesta a lo que está pasando en mis conferencias y consultas últimamente. Desde hace varios años vengo sintiendo la maravilla que es estar inspirado cuando hablo, pero hasta fechas recientes dimensiono la maravilla de lo que esto implica. Y hoy sé que esto le puede suceder a cualquiera, a cualquiera que se rinde y confía en que es guiado constantemente.

            Hace algunos años siempre “preparaba” mis conferencias, y planeaba un guión básico para comunicar algunas ideas. Sin embargo hoy y desde hace mucho tiempo, ya no es así. Hoy confío plenamente en que las ideas fluirán a través de mí y se dirá al público lo que una Inteligencia superior decida deba escuchar. Sé que esto se puede oír muy arrogante o falto de responsabilidad, pero hoy sé que no es así, incluso es todo lo contrario. Hoy lo comento con toda humildad acompasada de asombro. Cuando Jesucristo dice: “…porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar…”, ¡A qué hora se refiere? A la hora de despertar. Tengo la idea de que es la hora en que decides estar inspirado, es decir, en espíritu. La hora en que haces tu ego a un lado y permites que tu identidad se funda con la de Él, y así simplemente confiar, sintiendo un verdadero amor en el fluir de palabras y actos en el mismo instante en que se suceden.

            Por ejemplo, el fin de semana pasado, “preparé” algunas ideas para compartir con mi público al tratarse de un programa totalmente nuevo, “La senda menos tomada”, pero me llevé la sorpresa de que en el momento en que subía al escenario, todo lo que había preparado nunca lo dije, y sin embargo se sucedió una conferencia inigualable e impresionante, incluso para mí. Recuerdo perfecto cómo al terminar una de mis conferencias, mi hermano se acercó a mí llorando copiosamente y me dijo al oído: “Esto es lo mejor que te he escuchado desde que te conozco…”. Luego mi alma gemela que también presenció la conferencia y que me ha escuchado en más de mil conferencias fácilmente, me dijo: “Ariza, sin duda esta es la mejor conferencia que has dado en toda tu vida, me tienes impresionada…”. Recuerdo perfecto cómo cerca del final de esa conferencia, el 80% de mi audiencia estaba llorando en sus asientos mientras me escuchaba. Y yo no recuerdo haber dicho nada sensible a tal grado, pero así estábamos. Estoy seguro que fue un momento de éxtasis para todos, me incluyo en primera fila. El diccionario de la lengua española define la palabra éxtasis de la siguiente manera: Estado del alma caracterizado interiormente por cierta unión mística con Dios y por un sentimiento de felicidad, de gozo inefable, y exteriormente por una inmovilidad casi completa y por una disminución de todas las funciones de relación, de la circulación y de la respiración. Esta es la descripción más exacta para explicar lo que nos sucedió a momentos en el programa “La senda menos tomada”. Varios de nosotros experimentamos intensos momentos de éxtasis, y hoy sé que así se siente porque “…no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros”.

            Tengo la idea de que el Espíritu de Dios (que es redundancia) se manifiesta en cualquiera de nosotros en el momento en que practicamos una poderosa y desafiante estrategia: el olvido del yo. Cuando dejamos de lado nuestra necia necesidad de satisfacer nuestro sentido de propia importancia, cuando logramos hacer a un lado nuestro ego, surge la manifestación del espíritu con su imponente paz. Y ante una experiencia así, no hay otra opción mas que caer en éxtasis. Lo que te comento aquí es algo total y absolutamente independiente de cualquier religión. Yo no hablo nunca de religión alguna. Solo hablo de la dicha de ser humano y en ello descubrir nuestra dimensión espiritual. Desde mi primer libro, Nueva Conciencia, he explicado que el ser humano es un ser espiritual con un componente físico. Y hoy lo vivo más que nunca. Mi discurso se ha transformado y cada día más personas lo disfrutan así. Nos estamos encontrando en una conjunta experiencia buscada. Por eso, hoy cuando me pregunto qué digo, solo me resta recordar quién es el que habla y ya no me preocupo por responder la pregunta.

            ¿Qué pensaría alguien que no está a la altura de este grado de conciencia? No lo sé, y hoy no retoma la más mínima importancia para mí. Incluso, amorosamente lo comprendo. Una breve historia ilustrará mi comprensión: Un discípulo se acercó al maestro y le dijo…

-         Hoy conocí a un hombre que se rió y despreció mis esfuerzos en la búsqueda espiritual.

-         Hoy conocí a un violinista –respondió el maestro—. Tocaba tan inspirado por Dios, que todos los que se acercaban a él terminaban por cantar y bailar. Yo hice lo mismo y estaba alabando la Creación con mi alegría, cuando vi que se acercaba un sordo. Se puso a mirar al violinista y al público que bailaba. Al final, comentó en voz alta: “¡Qué indecente y grotesca es la agitación de este bando de locos!”.

Y concluyó el maestro:

-         Quien no sabe escuchar la música de Dios, sólo tiene como salida considerarla inútil.

Sí, así es. El despertar a ese saber no es un proceso que se suceda al mismo tiempo para todos. Sucederá para todos, sí, pero cada quien a su momento. Esto lo debe tener muy en cuenta alguien con Nueva Conciencia. Incluso yo, cuando hablo frente a un público que no ha tenido acceso a Nueva Conciencia o lo ha tenido muy soslayadamente, debo cambiar mi discurso a un estado de conciencia muy anterior para lograr, como orador, un poco más de empatía. Cuando tengo un público así, ahí sí mejor hablo yo, en un estadío de ego muy primitivo, donde un clásico discurso es muy aceptado por nuestra sociedad a nivel empresarial, donde la lucha y la competencia son la base diaria.

            Recuerdo que hace varios meses recibí un correo electrónico donde alguien que trabaja en el sector financiero me decía: “…es que usted ya está repitiendo muchas cosas que dice, el público ya le ha escuchado sus conceptos una y otra vez, no dice nada nuevo. Lo he comentado con mis compañeros y por eso ya no lo han vuelto a invitar a la empresa”. Así como llegó el correo, así se fue; no pierdo tiempo en comentar nada al respecto ni en decirle al suscrito que la empresa no me ha vuelto a contratar porque no tiene el presupuesto necesario para ello; mejor y más sano para él que se quede con su propia idea. Es respetable. Esa tarde que comía con mi alma gemela, le comenté el correo y sólo a ella le pude confesar lo primero que vino a mi mente en cuanto acabé de leer la frase: “…ya está repitiendo… no dice nada nuevo”. Yo pensé: “…y seguiré repitiendo, mientras no tenga un público preparado para escuchar cosas nuevas”. Cuando Adriana escuchó mi pensamiento, me comentó: “Ariza, lo que pasa es que muchos sectores de tu público, no creció contigo, al ritmo que hoy llevas”. Y sí, cierto. Yo mismo lo he notado. Por eso son tan tremendamente diferentes las conferencias que dicto cuando son contratadas por una empresa a cuando abro conferencias abiertas al público en general y parto de la base que asistirán sólo los interesados en seguir creciendo. Esa fue la razón por la que este año es el primero donde organizo tantas conferencias abiertas al público. En las empresas todavía se sigue un esquema centrado en el ego y en Nueva Conciencia ya estamos interesados más en un despertar espiritual con sus hermosas consecuencias. Por supuesto que sigo dictando conferencias para empresas, pero ahí el discurso lo prepara mi ego, y siempre es un éxito abrumador, porque cuando el ego le habla al ego, el discurso siempre es bien recibido con ovación de pie. Pero en mis conferencias abiertas al público, ahí el que habla no soy yo, ahí yo mismo soy también quien escucha y aprende. Me está encantando esta experiencia.

            Una de las manifestaciones más claras de la dimensión espiritual de mis conferencias abiertas al público en general y que todavía me sorprende, es que en cuanto termino la conferencia y bajo del escenario, suele suceder que no recuerdo nada de lo que dije. Por más ilógico que esto parezca, así es. Por ello disfruto tanto ir a comer con mi equipo y preguntarles en la comida qué se dijo y por qué sucedió tal o cual cosa durante la conferencia. En algunos seminarios donde se permite que la gente me interrumpa, algo que me suele suceder es cuando alguien alza la mano y dice: “¿Puedes repetir eso que acabas de decir por favor?”, así como para apuntarlo sin que se les escape una sola palabra. Y yo me quedo frío en la mayoría de las veces. No sé repetirlo igual o incluso algunas veces no en absoluto. Por todo esto, cuando me pregunto qué digo, hoy sé que mejor sería preguntar qué dijo Quien lo dijo. Entrar en éxtasis ante lo que se nos dice y se nos revela a todos, es uno de los placeres más intensos de la vida. No tengo recetas exactas que recomendarte para lograr esta unión mística con Dios en tu quehacer cotidiano, pero cinco ideas creo que te pueden servir:

  1. Medita. La práctica de la meditación diaria hará que con el tiempo te des cuenta de quién eres tú en verdad, estarás más frecuentemente en contacto con tu dimensión espiritual y empezará la confianza en ello. Aprecia la soledad y su exquisito silencio para que puedas escuchar.
  2. Ríndete. Ríndete significa entregarte a tu espíritu, destronando tu ego. Es dejar de luchar (algo que le encanta al ego). Esto que se puede escuchar “muy místico” y solo para cuasi-santos, no es así. Esto lo puede vivir cualquier ser humano, cualquiera que desee evolucionar al siguiente nivel.
  3. Ama. No tengas miedo. Al recordar que lo contrario al miedo es el amor, el primero se desvanece en presencia del segundo.
  4. Disfruta. La paz y la seguridad que surgen como consecuencia en tu vida, son una fuente de gozo muy intensa. A partir de aquí, todo lo ves con una Nueva Conciencia. Todo te cambia. Tu capacidad de disfrute para todo y para todos se ve importantemente incrementada.
  5. Comprende. Lo que empiezas a vivir solo lo entenderá quien lo está viviendo también, de lo contrario, la burla o el desprecio no se dejarán esperar. Comprende esto como lo más natural y deja que pase.

No hay que enseñarle nada a nadie. No hay que hablarle de Nueva Conciencia a nadie. Nueva Conciencia no es para enseñar, es para aprender. Basta con que la vivas y así permitas que los demás, si están en su momento y en su deseo de hacerlo, aprendan de tu alegría de vivir, de tu seguridad y confianza incluso en medio de toda incertidumbre, de tu entusiasmo incluso pasando por alguna desdicha. Como ves, no es un proceso de enseñanza, sino de optativo aprendizaje. Me he dado cuenta de que uno no le enseña nada a nadie, sino más bien la gente aprende tan solo y exclusivamente si lo desea de corazón. Si te preguntas en momentos “¿Qué digo?” para explicar lo que está pasando por ti, recuerda que no eres tú el que hablas y no te preocupes por decir nada. Si has de decir, dirás, y solo a la hora en que lo debas, ni antes ni después. Estate en paz.

            Vivir una vida más conciente requiere de mayor responsabilidad por quien la vive. Antes de adquirir Nueva Conciencia quizá actuabas con la única opción que conocías, pero luego de conocer Nueva Conciencia tienes otra opción. Ahora puedes elegir; puedes elegir algo que no conocías antes. De esta forma, cuando se alcanza una Nueva Conciencia de nivel superior, ésta siempre viene con una opción mejor para elegir, aquella que tú, y sólo tú, puedes elegir. Así descubres que es tu propia vida y deberás tomar la opción que sólo tú sabrás si te servirá o no. Esta es una gran responsabilidad que se incrementa cada vez que ascendemos en estados de conciencia, es decir, cada vez que nos damos cuenta de nuevas realidades.

            Somos un alma realizando un gran viaje de aprendizaje, y no solo un cuerpo experimentando exclusivamente una vida. Todo lo que hacemos o decimos en una vida termina por enseñarnos algo, preparándonos así para el siguiente nivel. No hay bien o mal, sino solo aprendizaje. Aquí debo recordarte (nos) algo: Una conciencia más elevada tiene un costo; si has sido agraciado con ella, entonces se te da la oportunidad de elegir vivir más despierto y conciente de lo que haces con tu vida. Saber y vivir esta Nueva Conciencia de evolución es una de las más grandes fuentes de ¡emoción por existir! – Alejandro ArizA.

Pd: Veo que en congruencia con el título de esta nota he escrito lo que ahora termino. Al principio, luego de 2 párrafos, me bloqueé y ya no sabía que decir. Entonces cerré mis ojos y medité; confié y mis dedos se movieron para terminar esto. Espero le sirva a alguien. A mí sí, y mucho. Paz, amor y luz.

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