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27/01/2011

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Senderos de Salud. - Columnas

“Cuando la salud está ausente, la sabiduría no se puede revelar a sí misma, el arte no se puede hacer manifiesta, la fuerza no pude ser ejercida, la riqueza es inútil y la razón es impotente”. Esta ha sido una de las frases que más me han impresionado por su enorme verdad intrínseca y gran contundencia. Fue dicha por un célebre médico y profesor de Alejandría, Herófilo, en el año 300 a.C, considerado como el primer anatomista de la historia. Herófilo tenía toda la razón cuando expresó lo que hoy he compartido contigo y quizá esta nota estaría completa tan solo con su frase; pero quiero reflexionar brevemente al respecto porque ya lo deseaba desde hace tiempo, mas no había llegado el momento ideal para hacerlo. Creo que hoy llegó.

            Todos los que hemos encontrado un gusto singular por la vida espiritual, por la evolución en estados de conciencia, por el despertar interior, podemos caer en un sutil error: olvidar el cuerpo, o darle poca importancia. Algunas ocasiones he caído en este error. La forma de corregirlo es “darte cuenta” de él y emprender la acción en consecuencia. El cuerpo, aunque es un mero “atuendo mortal”, mientras estemos pasando por nuestra experiencia como humanos, es muy, muy útil. Extremadamente útil para experimentar la bendita dimensión humana. De hecho, si estás leyendo esto, estás usando parte de tu cuerpo: tus ojos, tu cerebro, tus manos, etc. Por ello, si queremos mantener por más tiempo la salud de nuestro cuerpo, hay que hacer conciencia de la gran responsabilidad que tenemos para con él y del enorme poder que tenemos para cambiar los hábitos que lo puedan dañar. Sé que cuando un autor empieza a escribir de estos temas… pues es porque la saludable “juventud” está pasando a la historia y el cuerpo se empieza a quejar (¡Ja!). Y sí, ya me está empezando a suceder. Sé que mucho de esto lo estoy escribiendo para mí mismo, pero también lo quise compartir contigo.

            Mary Baker Eddy, afamada autora, maestra y líder religiosa de finales del siglo XIX, distinguida por sus aportaciones en relación a la espiritualidad y la salud, lo que ella llamó Ciencia Cristiana, dijo: “La salud no es una condición del cuerpo, sino de la mente”. Estoy totalmente de acuerdo con ella. De hecho, como médico, autor, maestro y guía espiritual en quien la vida me ha convertido, doy total fe de la relación que hay entre mente y cuerpo en un 100% de los casos. Hace años, cuando estudié medicina, se afirmaba que una gran parte de las enfermedades tenían un origen mental, que eran psicosomáticas, sin embargo, hoy sé que se trata de todas las enfermedades. Incluso las infecto-contagiosas donde quizá alguien pensaría que nada tiene que ver la mente sino la exposición al antígeno, sin embargo hoy sé que dos personas expuestas al mismo antígeno, una de ellas se enferma y la otra no. ¿Por qué? Por el estado mental de cada una de ellas. Mientras que una enfocaba su mente al dolor, al miedo a enfermar, al odio, al coraje o a cualquier otra emoción de baja frecuencia vibratoria, la otra hacía al contrario. Y cuando hay emociones de baja frecuencia vibratoria, el sistema inmunológico (de defensa del cuerpo) lo detecta y se debilita, así es más fácil que el cuerpo se enferme. De la misma manera, cuando una persona enfoca su mente al bien, el amor, la belleza, la verdad, su sistema inmunológico se fortalece y así es muy difícil que se contagie de alguna enfermedad. Hasta aquí, “suena bien” e incluso muy motivacional el concepto. Pero además de cuidar nuestra mente, también hay que dedicarle un tiempo específico al cuerpo. Ambos están muy unidos. Todo lo que escribo y publico está muy relacionado con la mente y el espíritu, pero hoy, además quiero reconocer y recomendar algo para el beneficio de nuestro cuerpo. Insisto, sé que todo lo que recomiendo, termina ayudando también a nuestro cuerpo, pero hoy solo quiero ser un poco más específico para nuestra dimensión material, en nuestro cuerpo.

            El fin de semana pasado, terminando mi conferencia “Cree en ti”, en Monterrey, donde explicaba a la gente la gran oportunidad y las formas de elevar nuestra frecuencia vibratoria y así entrar a un lugar de perfecta salud y armonía, me di cuenta fehacientemente de esa verdad. La noche de ese mismo día, yo solo en la habitación de mi hotel, sentí que me estaba casi muriendo. Eran las 4:30 am cuando un dolor intensísimo en mi costado derecho me despertó. Ninguna posición hacía que disminuyera el dolor. Éste, cada segundo se hacía más intenso y se irradiaba a la espalda y a la boca del estómago. Súbitamente empecé a salivar en forma profusa. Vomité varias veces. Horrible. Pensé que, como casi siempre en esos casos, me empezaría a sentir mejor. Pero no. El dolor continuaba y yo solo en mi habitación me retorcía. ¡¿Qué debía hacer?! ¡¿De qué se trataba?! En ese momento, aún con intenso dolor transfictivo, decidí cerrar mis ojos y orar. Necesitaba elevar mi conciencia a estados vibratorios donde la salud perfecta es consecuencia de llegar ahí. Debía reconectar con mi esencia. Mi parte de médico (mucho todavía de mi hemisferio izquierdo), me decía que me olvidara de esas “babosadas” e hiciera algo en serio porque el cuadro era grave, que mandara comprar antiespasmódicos y analgésicos y antiheméticos y con eso resolvería el cuadro lo más pronto. Y sí, hubiera ayudado mucho. Pero quería demostrarme lo que yo mismo explico en mis conferencias porque sé que sucede. El dolor cada momento era más intenso. Por supuesto que llegué a pensar en irme al hospital de inmediato. Sin embargo, opté por meditar. El dolor no me dejaba. Mi mente se distraía enfocándose a mi abdomen y el ardor y el dolor que sentía, todo ello me hacía perder mi paz. Sin embargo, como pude, me senté derecho y empecé a repetir mantras: “Soy parte de Dios. Soy salud perfecta”. El dolor no cedía. Tuve que ir corriendo otra vez al baño. Así 8 veces. En las últimas ocasiones arrojé bilis. Seguía sin medicamentos ni atención ninguna. Durante dos horas estuve lidiando entre mi cuerpo y mi espíritu. En todo momento supe que si me vertía sobre mi espíritu y lograba quedarme ahi, mi cuerpo mejoraría. Tenía fe en elevar mi frecuencia vibratoria. Elegí pensamientos de las más altas frecuencias que conozco, visualizaba hermosos momentos de mi pasado… incluso, en un momento dije: ¿Cuándo es cuando estoy totalmente en espíritu (inspirado)? Cuando dicto una conferencia o escribo. Entonces me levanté y empecé a dictar una conferencia, imaginando perfecto que tenía a mi público ahí presente, y en ese momento el dolor desapareció en menos de un minuto. Por supuesto que estaba hablando solo frente a un sillón, pero en mi mente veía a un nutrido auditorio escuchándome con atención. Yo me emocionaba de compartir algunos conceptos, hablaba en voz alta y con todos los colores y matices que la pasión imprime en mis conferencias, y el dolor desapareció. Me quedé hablado 15 minutos. Al terminar y volver al a cama, el dolor quiso empezar de vuelta, pero mucho más leve. ¡Es increíble el cambio! Sentí perfecto cómo entraba a una frecuencia y salía de otra y viceversa. Similar a  pasar por un portal para entrar a un lugar donde todo es perfecto y también salir luego de ese lugar pero más mejorado por haberlo visitado. ¡Esto existe! Cada quien debe buscar cuál es su momento de inspiración máxima, donde se encuentra totalmente en espíritu, la más alta frecuencia vibratoria, y ahí, todo está bien, no pasa nada, es un sendero de salud perfecta.

            El cuadro clínico que presenté era un clásico de colecistitis aguda (una inflamación de la vesícula). Créeme, duele bastante. Y recordé que ese dolor ya lo he sentido muy ocasionalmente desde hace varios años. Incluso recuerdo perfecto cómo hace casi 10 años iba a dictar otra de mis conferencias en Chihuahua donde me acompañaba alguien a quien quise mucho, exdirector general de Nueva Conciencia, Cristhian, y él me vio retorciéndome del dolor antes de entrar a conferencia. En aquella ocasión recuerdo haberle dicho: “…Cris, quédate aquí descansando porque venimos desvelados y desmañanados, yo mientras voy un ratito al hospital a curarme y regreso para la conferencia”. Me fui al hospital y en urgencias dicté el tratamiento que se me debería dar. Las enfermeras muy atentas. Cristhian llegó a los 15 minutos al hospital como no creyendo que hubiera llegado hasta ese grado. Le dije que no se preocupara que estaría bien para la conferencia. Luego de un rato en que por analgésicos potentes disminuyó el dolor (pero que nunca se quitó), me sentí con la fuerza mínima suficiente para dar el cierre de un congreso. Regresamos al auditorio y pasé a dar la conferencia. Mientras caminaba al escenario, me dolía el hipocondrio derecho (abajito de las costillas del lado derecho) y sudaba un poco. Nadie notaba nada, yo sonreía. En el instante en que puse un pie en el escenario y abrí mi boca para empezar a hablar, el dolor desapareció totalmente. Yo no era consciente de mi cuerpo en absoluto. Yo hablaba y hablaba con pasión, con todo mi ser enfocado en las ideas que fluían. Cristhian me observaba a lo lejos con cara de preocupado al principio, pero en unos minutos más cambiando su cara a sorpresa y alegría de verme tan bien. Yo me sentía espectacular. Acabé la conferencia, aplausos, ovación de pie, llanto en el público por emoción colectiva y todo lo que suele pasar al final de mis conferencias. Al bajar del escenario, al poner un pie en el salón, percibí perfecto cómo volvía el dolor. El cambio era impresionante, pero no por la intensidad, sino por el cambio en sí mismo. Era clarísimo como entraba o salía de un estado, de “un lugar” donde hay salud perfecta y otro en donde no. Lo he vivido. Lo sé. Aquella ocasión fue de las pocas veces, poquísimas, donde no pude dar sesión de autógrafos y me fui a mi habitación a reposar. Cristhian se quedó atendiendo a la gente en la venta de libros y disculpándome con el público por no estar ahí. Yo en mi habitación seguía sorprendido del cambio. En aquel entonces no sabía lo que hoy, y solo me quedaba admirado por los cambios de sensaciones. Mientras hablaba, no tan solo me dejaba de doler, sino que en muchos momentos ¡nunca recordé que estuve enfermo con dolor intenso tan solo minutos antes! ¡Nunca pasó por mi mente ni por cuerpo! Hoy, que es la primera vez que confieso algo de lo que puede haber “atrás de una conferencia”, me emociono de entender qué sucede en realidad.

            Querido lector, lectora, lo que te digo es verdad. Existe “un lugar” al que se asciende con la mente, pero donde también llega el cuerpo siguiéndole en inmediata consecuencia. Es importante que encuentres “tú lugar” donde te encuentras totalmente en espíritu, es decir, inspirado. Ahí se vibra a altísimas frecuencias. Ahí hay salud perfecta. Ahí hay abundancia, Ahí hay amor. Incluso, el fin de semana pasado, en Monterrey, cerca de las 7:30 de la mañana, ya con un dolor muy, muy ligero, le pedí a mi querido asistente, Richard, que me fuera a comprar ciertas medicinas que usé tan solo para disminuir las posibilidades de que se agudizara otro cuadro de colecistitis que hoy sé que tengo crónica. El dolor nunca volvió.

            Sé que en la vida que llevamos quizá no se pueda estar todo el tiempo, absolutamente todo el tiempo, inspirados. Yo no me imagino dando conferencias de 24 horas todos los días o escribiendo tan a gusto como ahora mismo. Y precisamente por ello, precisamente por este “regreso” a la vida común y humana de la tercera dimensión donde se vibra más lento, es bueno dedicar tiempo y espacio a cuidar el cuerpo. Para que no se nos descomponga antes de tiempo. Ayer martes, amanecí muy descansado luego de un lunes difícil y fui a hacerme un ultrasonido de hígado, vesícula y vías biliares. Al llegar al laboratorio, me preguntaron por mi médico tratante y dije que era yo mismo. No sé porqué les dio risa a la señorita de la caja y al médico radiólogo, pero así era, yo mismo era paciente y médico y me alegro de poderlo ser. Cuando me recosté para el ultrasonido le dije al radiólogo que debería tener mi vesícula inflamada y con la remota posibilidad de piedras en ella. Realizó el ultrasonido y me dijo “…brujo!”. Que tenía razón. Hoy parece que le dicen “brujo” a aquel que estudió y que sabe, pero en fin. Ahí estaba. Mi cansada vesícula pero que en el ultrasonido la alcancé a ver sonriente. Así veo yo las cosas, y más si son de mi interior. El especialista en imagenología, cuando vio mi ultrasonido, opinó que una vesícula así me debería dar molestias casi cada semana. Me ha dado molestias solo 1 o 2 veces al año. Hoy sé porqué. Y también sé que no me volverá a dar.

            Pues bien, en unos días programaré mi cirugía para quitármela. Cuando se lo comenté a mi alma gemela, me dijo: “Ay Ariza, te vas a quitar algo, te van a operar… probrecito…”. ¿¡Qué!? Pero si ya me sirvió mucho. Y además, no me gustaría tener la remota posibilidad de otra noche como la del sábado pasado. Luego Adriana me dijo: “Bueno Ariza, es otra prueba de desapego. Adiós a tu vesícula. Hasta quizá yo la extrañe”. Me reí. Cierto. Hasta de partes del cuerpo uno se puede desapegar. Estoy feliz porque me sirvió tantos años y hoy, cerca de mi cumpleaños 36 le voy a dar la oportunidad de que se vaya de mí. Es curioso filosofar al respecto, pero una parte de mí, mi vesícula, pronto morirá por mi propio bien. Al “atuendo motal” (cuerpo), le voy a quitar una bolsita, será la primera parte del atuendo que muere. Se me está haciendo tan interesante y revelador este ejercicio filosófico. Porque quien yo soy, quien yo soy verdaderamente, solo observa, y ese que soy, está perfectamente bien todo el tiempo. Es una maravilla saber que el cuerpo no soy yo. Pero aún así, es hermoso tener la dicha de poder cuidarlo.

            Ayer en la noche que filosofaba con mi alma gemela, le decía lo que poca gente sabe y quizá ni tenga que saber: “De niño sufrí varias ocasiones. Hubieron abusos y circunstancias amenazantes que nunca saqué de mí. Y hoy sé que un gran centro de mis emociones es precisamente mi abdomen (3er chakra), donde se guardaron esas experiencias”. Le comentaba a Adis que hoy en día, he llegado a un estado de conciencia que cualquiera que se atreva a preguntarme de mi vida, con gusto le digo lo que quiera, pero esta dicha la he logrado hasta hoy, quizá de menos de 5 años a la fecha. Pero cuando era niño, yo tenía miedo de decir por lo que pasaba, de los abusos en escuelas maristas con maestros con verdadera enfermedad mental (hoy lo identifico), de familiares también enfermitos de su cabecita, en fin; de creer que mi familia y sociedad en general me querían tan solo si lograba un 10 de calificación perfecto (que siempre logré con gran estrés, pero tan solo para sentirme amado). Aunque mi papá era mi héroe y que siempre nos decía que teníamos su apoyo, yo le tenía miedo, y en general a la vida. Hoy que hablo tan abiertamente con mi papá  en alguna comida dominical y le platico lo que pasaba en mi primaria o secundaria, me pregunta sorprendido: “…pero por qué no me dijiste eso en aquel entonces!?”. Ya sale sobrando decirle que hablar con él en ese entonces era “un poquito difícil”. Hoy ya solo nos reímos y vivo feliz de lo que un ser humano puede avanzar en sus estados de conciencia para perdonar y olvidar y así seguir adelante cuando lee y pide ayuda a Dios. Sin embargo, anoche tuve la intuición de que mucho de lo que guardé emocionalmente de niño, de tanta escoria emocional que retuve y nunca dije, pues es la que está físicamente manifiesta en mi vesícula. ¡Y qué feliz estoy de que en unos días la saco también! Eso concluí ayer con mi alma gemela. Espiritualmente uno empieza a sacar emociones en forma de palabras con quien tenga uno confianza, y pronto el cuerpo también exige su felicidad queriendo sacar el depósito físico de esas emociones ya inservibles. Si espiritualmente avanzas, el cuerpo te sigue. Y viceversa.

            Llegó el momento de aligerar todavía más la carga para seguir evolucionando en mi vida y transitar senderos de salud aún más manifiestos. ¿Sabes? ¡Es tan simbólico un padecimiento o enfermedad! Y eso solo lo alcanzas a entender cuando aprender a leer tu cuerpo. Eso lo he logrado desde que me convertí en un médico intuitivo. Hay mucha información ahí. Toda amorosamente valiosa. Noto la sorpresa en los ojos de mis pacientes cuando les explico el símbolo que representa en sus vidas el padecimiento que les aqueja. Y es maravilloso liberarse del dolor cuando le explican a uno el origen simbólico de sus enfermedades. Con esto suele bastar para empezar a sanar.

            Hoy quiero recomendarte cuatro puntos que si quieres, podemos recorrer juntos, sabiendo que tenemos el mismo interés de mejorar nuestra vida transitando senderos de salud con Nueva Conciencia:

·        Camina diario. Caminar es una de las más simbólicas manifestaciones de búsqueda espiritual. Cuando camino, siempre surgen momentos de inspiración. Cuando camino surgen ideas que hoy se han convertido en libros enteros. Caminar, como algún amigo de mi pasado atinadamente dijo, es sentirse vivo. Te invito a que caminemos 30 minutos diariamente. Si esto lo quieres convertir en jogging o carrera, es tu decisión. Pero muévete, porque vida es movimiento. Te recomiendo para motivarte a mover tu cuerpo que visites la página de un buen coach físico, Scott, (está en inglés): MotivationToMove.com. Es buenísima en verdad. Yo lo oigo y me lanzo a mi caminadora casi de inmediato. Como el dice: muévete un poco hoy, y mañana te podrás mover más.

·        Come bien. Poner atención a lo que vas a convertir en parte de ti es extremadamente valioso. Y es que cuando algo metes a tu cuerpo, a través de una gran vía de entrada, tu boca, en ese preciso momento, empezará a ser parte de ti, de tu cuerpo. ¡Increíble y mágico analizarlo así, no crees? Cuando tengo una fruta o cualquier otro alimento frente a mí, a veces me pregunto en mi interior: ¿Quiero que esto sea parte de mí? Y de la respuesta a esa pregunta sucede que me lo como o no. Francois Rabelais, escritor y humanista francés del siglo XVI, dijo: “Las comidas largas crean vidas cortas”. Y sí, tal parece. Cuando te recomendé que comas bien, no me refiero a mucho, sino a saber comer. Hay mucho que aprender de nutrición y salud. Te recomiendo la página de mi amigo Jorge Cruise para que aprendas de esto: http://www.jorgecruise.com/. También está en inglés, pero mucha de su bibliografía se pude conseguir en español. Ahora recuerdo otra frase de Denis Diderot, filósofo y escritor francés del siglo XVIII, cuando afirmó: “Los médicos trabajan para conservarnos la salud, los cocineros para destruirla; pero estos últimos están más seguros de su labor”. Cuando aprendas de nutrición, verás la verdad en las palabras de Diderot.

·        Di lo que sientes a quien sepa escuchar. Poco a poco, conforme avances en tu estado de conciencia, con una Nueva Conciencia que puedes adquirir todos los días (para eso estoy aquí), podrás abrir tu corazón y sacar lo que ya no debe permanecer en tu interior. Si quieres avanzar, has de cortar con tu historia personal, y una forma muy eficiente de hacerlo es hablar de ello con un profesional para sacarlo de ti. Esto es más valioso de lo que te imaginas. Verás como tu cuerpo mejorará como consecuencia. Yo aquí estoy para servirte y con muchísimo gusto puedes contar conmigo. Aquí en mi página hay mucha ayuda para esto. Por ello, energéticamente hablando, es tan importante participar en los foros NC.

·        Inspírate. Debes encontrar algo que te inspire, y ¡hazlo! Vívelo. Es maravilloso. Es tu contacto directo con Dios aquí en la Tierra. Para encontrarlo, solo debes permitir que la divinidad suceda en ti. Para lograr esto, mucho ya he compartido en mi libro Cree en ti. Te recomiendo que lo leas con profunda atención. Obedecer tu llamado, es caminar por senderos de salud.

Estoy decidido a emprender un sendero de salud física durante los siguientes 6 meses a partir de hoy. ¿Quieres que lo recorramos juntos? Pues invitado estás. Solo hay que realizar los cuatro puntos anteriores y mantenernos en comunicación. Pronto organizaré un seminario especial para gente Nueva Conciencia que quiera mejorar su salud física también. Lo avisaré pronto y espero verte ahí. Mientras tanto, estamos juntos aquí en mi página. Te invito a que escribas tu experiencia, conforme vayas avanzando, en los Foros NC, que es tu espacio y donde podemos compartir aún más. Compartir tus experiencias al respecto, será muy valioso para todos. Si eres gente Nueva Conciencia, debes ser alguien que disfruta intensamente de ayudar a los demás. Y qué mejor herramienta para ayudar a los demás que gozar de salud. Cuando uno se siente bien, cuando uno está bien, eso ya suele ser un poderoso principio para que la gente que está a nuestro alrededor también se sienta y esté bien, muy bien.

            Convéncete de algo: ¡Tú puedes sanarte! Te lo garantizo. Solo debes aprender cómo contactar tu guía interior y seguirlo, inspirarte. Algo de esto ya lo has empezado a realizar desde el momento en que entraste a mi página y has leído hasta aquí. Te están guiando. Confía. Actúa en consecuencia. Sé que un médico es valioso (¡caray, lo digo yo!), pero hay algo de verdad en aquella frase de Moliere cuando dijo: “El médico es el hombre que se mantiene a la cabecera del enfermo hasta que la medicina lo mate o la naturaleza lo cure”. Algo, algo hay de verdad en esto. Tu naturaleza es estar bien. Solo necesitas aprender a estar en espíritu (inspirado) y empiezas a sanar. Lo normal es estar bien, y el cuerpo te dará señales para mantenerte en lo normal, para reconectarte con tu naturaleza.

            Hoy he experimentado un placer especial en compartirte esta nota, y sobretodo porque ahora me siento extraordinariamente bien. Me entusiasma caminar juntos un tramo del nuestros senderos de salud. Y es que te repito palabras que me comprometen y entusiasman a la vez: “Cuando la salud está ausente, la sabiduría no se puede revelar a sí misma, el arte no se puede hacer manifiesta, la fuerza no pude ser ejercida, la riqueza es inútil y la razón es impotente”. Espero vernos pronto y comentar nuestras experiencias en un foro NC especial que cualquiera de ustedes puede iniciar. Recomiendo que lo llamen “Senderos de Salud” para identificarlo. Estoy convencido que con salud, se incrementa enormemente nuestra… ¡Emoción por Existir! – Alejandro ArizA.

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