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27/01/2011

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Eso sí. - Columnas

Hace un par de días comentaba con mi adorada alma gemela acerca del poco tiempo que tenemos en esta vida y hacía alusión a una de mis más poderosas motivaciones cuando dicto mis conferencias, y le digo a la gente: “Te vas a morir...”. Y luego de algunas risas, irremediablemente viene la reflexión. Y es que es cierto..., te vas a morir, y yo también y todos. Y cuando se hace conciencia de la muerte automáticamente se hace conciencia de la vida. Comentaba esto con ella porque nos hemos acordado mucho de ciertos personajes míticos y legendarios a los que eliminé de mi vida en forma radical por mi profunda convicción de mantener mi campo de energía rodeado solo y exclusivamente de personas que se dediquen al bien, honestas, bondadosas y bien intencionadas, solo gente Nueva Conciencia. El diálogo que tuvimos, como todos los días tengo la fortuna de tener con ella, fue así:

-         Adis, cada vez que se nos vuelven a acercar de una u otra forma aquellos personajes que eliminamos de nuestras vidas, a momentos –sólo a momentos— pienso en la remotísima posibilidad de volver a abrir las puertas de mi corazón y permitirles entrar un rato a convivir. Pasa que sólo recuerdo los buenos momentos, los gratos, las risas y sonrisas, y prácticamente he olvidado el maltrato o falta de respeto a la que fui expuesto. De hecho, me cuesta muchísimo trabajo recordar los malos momentos.

-         Bueno Ariza, eso es característico en ti. A mí me pasa lo mismo. Por eso nos reímos tanto tan solo de acordarnos. Pero de que estas personas nos hicieron daño, eso ni dudarlo. Yo me impacto que nos sigan buscando, no lo entiendo. En fin. Es una bendición elegir recordar tan solo lo bueno, que también hubo. Con ellos también vivimos cosas simpatiquísimas Ariza, pero aún así por nada del mundo los volvería a ver.

-         Sí. Pero ahora que te digo que nos vamos a morir, a veces pienso en las palabras del algún autor cuando dijo: “En el momento de nuestra muerte nos damos cuenta de la futilidad de muchas cosas de nuestra vida”. Y cuando yo digo a manera de motivación: “Te vas a morir...”, pues es un recordatorio en donde invito a la gente a no molestarse por absolutamente nada. No vale la pena molestarse absolutamente por nada cuando uno sabe constantemente que... “te vas a morir”. Son momentos donde dan ganas de olvidar todo el pasado y quizá volver a empezar, ¿no?

-         Sí, yo también lo he pensado. Dan ganas de perdonar todo y seguir.

-         ¡Perdonado está todo!, perdonadísimo, si no fuera así no viviríamos tan felices como somos Adis. Pero una cosa es perdonar y otra cosa es volver a exponerse.

-         Es que cuando dices “Te vas a morir...”, como que das a entender que es absurdo seguir manteniendo ninguna separación y como aceptando todo por más malo que haya sido y continuar.

-         Sí, eso parece. De hecho me pasa, me dan ganas de obviar el daño y hacer como si nada hubiera pasado... ¡Hey Adis! ¡Pero se me acaba de ocurrir algo en este preciso momento!

-         Como siempre te inspiras casi a media noche. ¿Qué piensas?

-         Que saber que uno se va a morir no implica olvidar todo y permitir y aceptar lo que venga, incluso reencuentros con personas que fueron nada gratas.

-         Es que eso parece.

-         Sí, pero más bien debo aclarar en mis siguientes conferencias lo que se me acaba de ocurrir ahora. Mira: Saber que uno se va a morir, por supuesto que nos genera un sabio estado de conciencia donde uno valora más lo que nos queda de vida y de esa poderosa forma procuramos no desperdiciar el tiempo que nos quede. ¿Me sigues?

-         Sí, ¿y qué más?

-         Pues que precisamente si uno sabe que se va a morir, y si así se valora más la vida, y si así uno debe procurar no desperdiciarla, pues precisamente para no malgastar lo que te queda de vida, una de las más vitalizantes y poderosas elecciones que podemos hacer en las dinámicas de vida luego de reflexionar en que nos vamos a morir, es precisamente no volver a dar cabida, por ninguna razón, por ninguna circunstancia en absoluto, a las personas que nos hicieron daño. Eso es actuar inteligentemente para no desperdiciar lo que nos resta de vida. Eso es aprender la lección y seguir. No se trata de hacer conciencia de la muerte para vivir la vida con más perdón hacia los que nos hicieron daño y así permitirles un reencuentro, sino hacer conciencia de la muerte de tal forma que efectivamente perdonemos de corazón y por lo tanto ¡cambiemos! No hay que dar lugar a la posibilidad, por remotísima que sea, de volver a ver a quien nos puede dañar. Eso detendría el cambio, sería volver a lo mismo. El perdón más puro y sano, nos hace cambiar para bien. Y el cambio desintoxica. Se trata de perdonar para lograr cambiar, y así se trata de cambiar de tal forma que el cambio se auténtico y total, sin dar pie a repetir nada.

-         ¡Wow! Eso sí. Eso sí Ariza. –dijo Adriana en forma contundente.

Se hizo un silencio en nuestra conversación donde nos quedamos engarzados del corazón festejando el avance de conciencia. Nos sentíamos muy bien. Luego Adis continuó:

-         Eso sí Ariza. Nunca me lo habías explicado tan claro. Y además, fíjate que podemos ver el futuro usando nuestra imaginación, y podríamos convivir con aquellas personas que nos hicieron daño, quizá nos la pasaríamos bien en momentos de esa convivencia, pero te puedo asegurar con toda certeza, que al día siguiente diríamos: “¿Qué hicimos ayer?”, y nos sentiríamos muy mal de haberlos visto otra vez.

-         ¡Seguro! Eso es lo que te digo Adis. Hay que mantenerse en una sana postura desintoxicante y no por sentirse ya muy purificados se justifica un momentáneo contacto con las toxinas. No. Si se hace conciencia de la muerte y se valora así más la vida, más razón para mantenerse alejado de toda posibilidad de volver a equivocarse en permitir un intercambio de energía con quien hizo daño. Tu y yo sabemos mucho del intercambio de energía cuando permites que alguien se acerque a ti. Esto que dijiste Adis cuando hablaste de imaginar es el ejercicio de lo que se llama “Responsabilidad Antecedente”, donde se tiene responsabilidad de los resultados no tan solo al generarlos sino desde mucho antes, desde suponer o saber lo que pueda suceder. Ahí ya hay responsabilidad, desde mucho antes de actuar.

-         Eso sí. Pues qué maravilla Ariza que seamos tentados por la bondad de nuestro corazón y porque este tipo que te platiqué no termina por entender que ya se acabó toda relación. Qué increíble.

-         Y no logrará entender. Pero basta con que tú y yo lo entendamos. Eso es más que suficiente. Para bajar el telón y no volver a abrir la obra, se necesita una autoestima tal que tengas la consecuente convicción de vivir tus valores y pasar a lo siguiente. Sin rencores, sin dolor, sin remordimientos. Nada de eso. Al contrario. Sólo alegría y buen humor de recordar los buenos momentos, como nos pasa tan seguido. Pero recordar en estos casos no debe implicar el deseo de volver a vivir la experiencia. Esa es una trampa que muchas veces se nos tiende en la vida y poca gente se percata de que lo que se vivió se vivió, y no existe garantía de volverlo a vivir. Adis, la gente cambiamos con el tiempo. Y muchos de nosotros, gracias a Nueva Conciencia cambiamos más y más. Pero al mismo tiempo hay otras personas que no cambian prácticamente nada. ¿Qué caso volver a convivir así? Nunca, nunca nos podremos entender porque mientras que uno cambió para bien a pasos agigantados, otro sigue en el mismo estado de conciencia durante años. De hecho, esa es otra de mis teorías para la imposibilidad de un reencuentro cuando ya hay un gradiente excesivo en estados de conciencia.

-         Cierto. Nos ha pasado mucho, ¿verdad, Ariza? Y por eso nuestro grado de amor lo entiende poca gente. Por eso nos cuesta tanto trabajo convivir con gente nueva, ¿no?

-         Exacto. Es un poco difícil coincidir en estados de conciencia e intereses cuando la diferencia ya es mucha. Y más aún si hubo un distanciamiento, porque la frecuencia de relación mantiene relativamente los procesos evolutivos en objetivos y velocidad, pero un distanciamiento cada vez mayor hace casi infranqueables las diferencias. Por eso, si dejas de ver a alguien por mucho tiempo, entre más pase, más difícil e inoperante el reencuentro.

-         Eso sí. Oye Ariza, pues que bueno que ahora empieces a explicar esto en tus conferencias. Ayudará a mucha gente a distinguir el sano perdón, del perdón tóxico.

-         ¡Órale! Ya estás inspirada tú también.

-         Eso siempre pasa cuando hablamos Ariza. Pero ¿a poco no? El sano perdón es lo que tú propones ahora, hacer conciencia de la muerte para valorar más la vida con la consecuente actitud de no abrir la posibilidad de volver a caer en el mismo error.

-         Correcto Adis. Correctísimo. Me encanta cuando hablamos así. De hecho, el perdón tóxico, ese donde se aparenta cerrar un ciclo para luego volverlo a abrir, es el error más común y el que más dolor genera en muchos de mis pacientes. Todos ellos convencidos de que no deben volver a ver a determinada persona, y luego de un tiempo, vuelven a verla. Increíble que deseen cambiar volviendo a hacer lo mismo.

-         Sí, conocemos a mucha gente así. Sufren por elección propia.

-         Como todo en la vida, es una opción que se tiene y si se elige, se pagan las consecuencias.

-         Pues qué bueno Ariza que explicarás esto pronto.

-         ¿Sabes Adis? Se me antoja escribir una nota de mi diario con nuestras reflexiones de hoy. Quizá sea una primera forma en que lo explique y a mucha gente le ayude, sobre todo mucha de la gente que me ha escuchado en conferencia y me lee en mi página. ¿Te importa si comparto nuestro diálogo de hoy?

-         Urge que lo hagas Ariza. Yo encantada.

 

Pues aquí está parte esencial de mi conversación de hace dos días con mi alma gemela. Te la comparto con afecto, o mejor dicho, te la compartimos con cariño. Sé que podrá servir para que alguien avance en su estado de conciencia y no se confunda cuando quiera realmente cambiar. Hacer conciencia de la muerte es una poderosísima motivación para hacer conciencia de la vida, pero cuando haces conciencia de lo valioso de saber vivir con una Nueva Conciencia, entonces procuras no dar pie en lo más mínimo, para caer en un mismo error. Se trata de avanzar. Se trata de progresar. Se trata de elevar nuestra calidad de vida. Se trata de disfrutar con nuestras nuevas y más inteligentes elecciones. Se trata de comprender que lo normal es estar bien. Se trata de comprometerse a hacer lo necesario para vivir lo normal. Se trata de disfrutar la vida con la gran responsabilidad que nos dio el aprendizaje de lo que conocimos y de lo que ya nos tocó vivir. Se trata de comprender que la vida es hacia delante, sólo hacia delante,  para así... ¡Emocionarse por Existir! –Alejandro ArizA.

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