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27/01/2011

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Divino. - Columnas

Estoy seguro que no transformamos la vida volviéndola divina, sino tomando conciencia de que todas nuestras experiencias poseen un propósito divino, absolutamente todas nuestras experiencias. Todas.

            No hay pasos o experiencias innecesarias en nuestro acercamiento a Dios. Dado que lo contemplamos con ojos de mortal, a veces creemos haber perdido o malgastado el tiempo, pero no es así. Todo es perfecto cuando elevas tu estado de conciencia y vuelves a ver lo que ha sucedido, sorprendiéndote de que todo ha tenido que suceder tal como ha sucedido para que hoy estés aquí y ahora. Ver la red de sucesos que se tejen en nuestras vidas, es ver lo divino. Yo soy un convencido de que incluso la mayor desdicha, tiene una poderosísima razón de ser: acercarnos más a lo divino. Estar ya pronto de conocer más a Dios. Y es que detrás de toda desdicha siempre hay oculta una gran bendición. Así sea el rompimiento con una pareja, la pérdida de un trabajo, afectaciones en la salud, un revés económico, o cualquier otra circunstancia que frente a los ojos de un mortal pareciera desdicha, en el fondo, donde se teje la mágica red de eventos, se trata de los preparativos para algo mejor. Sé que aceptar esto en el preciso momento en que se vive la desdicha es difícil, casi imposible de creer. Pero créeme, así es. De hecho, si te encuentras leyendo esto aquí y ahora, te puedo garantizar que no es coincidencia sino una hermosa advertencia que muy sanamente ya ha entrado en tu mente y corazón preparándote para cualquier eventualidad y de esta manera la puedas comprender y aceptar como parte de lo divino.

            Cuando examinamos nuestras experiencias con la lupa de la sabiduría, alcanzamos a ver que el proceso de la evolución personal es un mosaico magnífico y diestrísimamente diseñado. Es una red asombrosa. Si nos elevamos hasta adquirir una Nueva Conciencia de los hechos, también observamos que no existe nada fuera de Dios y que no existe nada a través de lo que no pueda manifestar Su Gloria.

            Ayer tuve un desayuno con un afamado director general de dos poderosas empresas con sede en México y me llevé la sorpresa de lo que me comentó: “Alejandro, los dueños y accionistas de Nueva York llegaron a mi oficina en días pasados, y en cuestión de media hora, tan solo media hora, me pidieron que me fuera de las empresas. En menos de una hora yo me encontraba en mi casa con todas mis cosas y sin trabajo. Te juro Alejandro que no lo puedo creer. Luego de casi 20 años en la dirección general, en un abrir y cerrar de ojos me sacan como si fuera un...., ya ni hablar”. Por supuesto que mi amigo estaba afligido. Por supuesto que lo entendí. El desayuno se extendió por casi 4 horas. Apagué mi celular y mi radio para que nadie me interrumpiera mientras lo escuchaba con total atención. Y sí, era una pérdida, sí, había duelo, sí, era normal que pasara por momentos de tristeza aún ya siendo un adulto mayor. Es humano sentir. Pero lo más hermoso vino al final. “Las circunstancias” lo orillaron a montar su propio negocio, un afamado laboratorio de procesos. Y hoy que trabaja en ello, sin quitar el que ha sido difícil al principio, noté un cambio en este gran líder que siempre he tenido en alta estima, comparando nuestro actual desayuno con todos lo que habíamos tenido desde hace más de 7 años que lo conozco, este desayuno es el primero, el primerísimo que lo veo dueño de su tiempo y de su vida. En este desayuno fue la primera vez que veo en los ojos de este gran ser humano destellos de paz. Durante todos nuestros encuentros en años pasados, él siempre tenía prisa, siempre con la mirada y la mente pensando en varias cosas a la vez, y hoy fue maravilloso que nos encerramos en una burbuja donde nada ni nadie nos distraía. Hoy, luego de un normal proceso de duelo, me dijo al final del desayuno: “Alejandro, debo decirte que eres un excelente escuchador. Desde hace mucho tiempo que nadie me ponía tanta atención a lo que realmente estaba pasando conmigo, a mis cosas más personales. Se me hace increíble que hoy que existe tanta tecnología y celulares y radios y velocidad de transmisión, es cuando menos oportunidad hay de comunicar las cosas del corazón que realmente importan. En este momento me siento tremendamente bien. Muchas gracias por estar aquí”. Se me llenaron los ojos de lágrimas. No sé, pero a últimas fechas estoy más sensible de lo normal, y eso que “mi normal” en sensibilidad es ya mucho. Me dio gusto ver cómo un hombre maduro se da el tiempo y el espacio para decir lo que su corazón siente en lo más profundo. Para confesar sus miedos y su dolor, pero la sorpresa es que en ese mismo momento de confesión, se manifiesta la paz y la serenidad de haber hablado, de haber dicho su verdad. Y eso es parte de lo divino. En ese desayuno, fue la primera vez que dejé de ver a un poderoso director general y fue la primera vez que observé a un grandioso ser humano, magnitud que está muy por arriba de cualquier organigrama. Fue divino observar esto. Le regalé mi libro “Cree en ti” y varios de mis DVD’s. ¿Sabes? Estoy totalmente convencido de que cada etapa de la vida nos prepara para la siguiente, una que siempre será mejor. ¡Siempre! Siempre.

            Sea lo que sea aquello que te esté sucediendo... es parte del plan. Y el plan es divino. Cree en esto. Quizá fallen tus estrategias, pero las estrategias de Dios nunca fallan. De eso ya me he dado cuenta fehacientemente. En ese mismo desayuno, en algún momento mi querido amigo me preguntó: “¿Y tú cómo estás?”. Mi respuesta la de siempre: “Extraordinariamente bien”. Sin embargo, hoy me emociona compartir que incluso los peores momentos de mi vida que por supuesto he tenido, son parte de lo extraordinariamente bien hecho del plan divino. Claro que yo, Alejandro Ariza, he pasado en fechas recientes por momentos difíciles, por momentos desafiantes, por momentos que me han hecho llorar de la tristeza, por momentos verdaderamente amenazantes y donde se me pone a prueba por todo lo que digo. Pero hoy que analizo los eventos acaecidos, me doy cuenta de que todo está bien, extraordinariamente bien. Es posible que nos guste más un momento que otro en nuestras vidas, pero estoy alcanzando a comprender que ningún trayecto del sendero es mejor o peor que otro, porque si elegimos contemplar la vida con una Nueva Conciencia de perspectiva más amplia, mucho más amplia, observaremos que todos sus elementos están diseñados para encajar perfectamente los unos con los otros dentro del gran plan del desarrollo, un plan divino.

            Conforme crecemos aprendemos a expresar los aspectos divinos que llevamos dentro de una forma progresivamente más pura. Eso lo constato cada vez que clausuro mi curso de “Liderazgo centrado en valores y virtudes”. Hace tres días volví a vivir esta mágica experiencia con un grupo de ejecutivos de una afamada y exitosa empresa. Al final, cuando cada uno de ellos pasa a hablar al frente y comparte sus testimonios y nuevos compromisos, se manifiesta el más hermoso y sublime crecimiento y desarrollo, el más divino de los progresos: el avance interior del ser humano. Varios lloramos de la emoción al escuchar esos compromisos. La gente cambia. Sí existe Nueva Conciencia. Es cuestión de elegirla. Cada uno de nosotros posee su propia “llamada” que se verá satisfecha con más profundidad a medida que avanzamos en el plan divino. A mí me alegra que a momentos me toca el turno de hacer la llamada. Y me emociona hasta lo más íntimo de mi ser cuando veo a cada vez más seres humanos que escuchan la llamada. Vinimos a la Tierra con un sentido profundo de contribución que deseamos hacerle a la gente y al planeta, esto lo compruebo en cada una de mis conferencias cuando la gente se me acerca diciendo: “Yo quiero hacer lo mismo, quiero ayudar, quiero pertenecer a Nueva Conciencia...”, y me lo dicen reiteradamente, pero lleva tiempo delinear y destilar el plan. Y ese tiempo también es parte de lo divino. Desde una perspectiva espiritual (infinita) –es decir, muy, muy amplia, la oruga siempre fue una mariposa, pero necesitó la fase del capullo antes de hacer visible su verdadera identidad. Y creo que así igual nosotros. Ya sabemos a dónde vamos, todos vamos a la Luz y con un profundo sentido de contribución, pero quizá para ello necesitamos pasar por oscuros momentos que nos preparan para sacar en un futuro nuestra verdadera identidad, la divina.

            No podemos negar ningún aspecto de nuestra historia personal. O bueno, si podemos, pero no vale la pena cuando comprendes el plan divino, y es que cada experiencia, sea la que fuere, ha desempeñado un papel vital en nuestra formación como almas maduras. El mundo y nuestra vida en él es lo más parecido a una escuela, con todo y sus 30 minutos de recreo, para luego volver a clases. Y es que debemos aprender. Y si no aprendemos la lección, esta se repetirá una y otra vez hasta que la hayamos aprendido y así, logremos pasar al siguiente nivel. Por más dura que aparente ser la lección, podemos tomarla y avanzar. Cuando la vida te de limones, haz limonada, disfrútala, y sigue aprendiendo.

            Todo lo que nos pasa es una bendición de Dios. Por más grave que parezca. Será cuestión de tiempo para alcanzar a ver y a sentir la bendición. Por eso te recomiendo observar la vida con una perspectiva más amplia propia de una Nueva Conciencia. A ras de suelo todo preocupa, la piedra se ve grande, pero desde el cielo todo es divino, ahí la piedra ya ni se ve. La dulce y jugosa fruta no se considera indigna porque antes fue una simple semilla seca, ni tampoco desprecia a las otras semillas que aún no son fruto. ¿Acaso no somos todos nosotros dulces y jugosos frutos en distintas etapas de desarrollo frutal? Yo apuesto a que sí. En Nueva Conciencia apuesto a lo divino.

            En estos días donde he hecho una relectura de mi vida reciente, por supuesto que he sido tentado a pensar que me he equivocado en algo que hice en determinada ocasión y querer ser “bueno” o “mejor” de ahora en adelante. Pero con una Nueva Conciencia he decidido no buscar volverme más bueno con acciones futuras, porque eso implicaría investir de maldad a lo antiguo, y eso es una mera fantasía. En vez de eso, elijo refinar mi entendimiento del plan divino y comprender así que todo es parte de lo que debí vivir para ahora realizar acciones de una posición más elevada que merezco ocupar y que antes quizá no había aceptado. Hoy acepto ser parte de lo divino. Tal como recomiendo que tú lo aceptes, porque ya lo eres; solo necesitas darte cuenta y aceptarlo. ¡Es divino!

            Cuando empezamos a observar el plan divino tal cual es, uno se libera de la carga que constituye juzgar las acciones de los demás. Y curiosamente cuando de me deshago de esa carga, me libero a mí mismo y a los demás. Quien no juzga, es porque no pierde de vista lo divino de todo. Sé que es muy difícil en ocasiones, pero muy difícil, saber el propósito de lo que hace otra persona, pero hoy acepto que es suficiente creer que se realiza por Dios a través de esa persona para ayudarme a crecer de una u otra manera, y así, todo es parte de lo divino.

            Sólo nosotros como humanos “interpretamos” contemplando los hechos y los podemos calificar como desdichas, pecado, fracaso, o cosas por el estilo. Pero todo ello es cuestión de interpretación y no de esencia. En cambio, Dios solo contempla a Dios. Por eso, convertirse en parte de Su visión, es divino, es la más poderosa fuente de... ¡Emoción por Existir! – Alejandro ArizA.

Pd: Al fin encontré un tiempo para escribir. Me siento muy bien de haberlo hecho. Volví a mi centro. Gracias a todas las personas que me enviaron correos solicitándome que no dejara de escribir y que ya me extrañaban. ¡Gracias por sus palabras en verdad! Pero es que me encontraba viviendo cosas divinas que hoy me inspiraron a escribir esta breve nota de mi diario. Gracias por su interés en leerme. Gracias. Todos ustedes son parte de lo divino en mi vida. Gracias.

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