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27/01/2011

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¿Cómo ser un experto? - Columnas

“Lo que tengo que hacer es lo que me concierne, no lo que la gente cree. Esta regla, tan difícil en la vida práctica como en la intelectual, puede servir para establecer una distinción completa entre la grandeza y la mediocridad. Es muy difícil de seguir, porque siempre hallaras personas que creen saber cuál es tu deber mejor que tu mismo. Es fácil vivir en el mundo según la opinión del mundo. Es fácil vivir en la sociedad según su opinión. Pero el hombre grande es aquel que en medio de la muchedumbre conserva con perfecta dulzura la independencia de la soledad”. - R. W. Emerson.

El fragmento que te presento como exquisita entrada a esta nota es de uno de mis escritores favoritos, Emerson, y con estas breves líneas me regocijo una y otra vez cada que las leo y reafirmo mi vida misma; las leo con gran frecuencia al corroborar su verdad con cada día que pasa de mi vida. Hay una gran energía en estas palabras. ¡Hay tanta verdad en el concepto que nos presenta que prácticamente no hay necesidad de decirte más! Tal vez para más, publiqué mi libro “Cree en ti” donde te hablo abundantemente de esta dicha que se vive al permitirte ser tu mismo.

            Recuerdo que a lo largo de mi vida siempre me he preguntado en más de una ocasión cómo un experto llega a serlo. Y hoy, luego de mis años de investigación al respecto, me he llevado la gran sorpresa de que no se logra yendo a la escuela a estudiar y siendo el alumno más destacado, no se logra con títulos y diplomas, no se logra con reconocimientos públicos, tampoco se logra al seguir estrictamente un manual de calidad, no. Nada de eso. He observado que un experto se hace tal, ¡haciéndose en la práctica hasta lograr el dominio! Hacer, hacer y hacer lo que más te encanta siempre concluye convirtiéndote en experto, surge la maestría desde dentro de ti. No habrán libros que avalen quizá tu conocimiento, y entonces los empezarás a escribir tú. La gente los leerá y muchos empezarán a avalar sus conocimientos apoyándose en tus libros. Quizá no habrá una escuela o institución que te respalde, pero tu fama podrá llegar a tal grado que las escuelas o instituciones te llamen para que enseñes ahí. Cuando surja una duda, mucha gente pensará en ti para resolverla con seguridad. Es entonces ahí, cuando ya te convertiste en un experto. Esto suele suceder sin que tú te percates, tan solo mientras seguías gozando con lo que haces. Haz algo que te fascine y hazlo con tanta frecuencia para que sin darte cuenta y por sorpresa, surja el experto en ti. En esta línea de reflexión, te compartiré 5 anécdotas de mi vida en los últimos 6 meses que apunté en mis notas, y que hoy sé por qué lo hice.

            Hace varios días me encontraba fascinado viendo uno de los capítulos de mi serie preferida, donde uno de los personajes centrales entraba a trabajar a un canal de televisión como ejecutivo para crear ideas atractivas. Abrumado porque todos sus compañeros eran graduados de afamadas universidades con carreras especializadas en medios de comunicación, se sintió muy inferior al no tener estudios como ellos, ya que mientras los demás estudiaban, él solo se dedicó a ver televisión. Mientras los demás hacían trabajos de investigación, él solo veía televisión. Mientras los demás estudiaban estrategias de mercado en medios masivos y viajando de un campus a otro, el solo veía televisión. ¿El final de la historia? Quien más sabía de estrategias que llamaran la atención en televisión era él, y no sus amigos. Pero para darse cuenta tuvo que llegar una amiga muy querida quien le hizo ver el valor de sus constantes acciones; fueran las que fueran, estaban generando a un experto a base de la frecuencia. Muchas veces cuando alguien cree en uno, uno empieza a creer en sí mismo también.

            Hace varios meses recibí un correo de un gran amigo de Venezuela donde me contaba su pena cuando un “maestro” le dijo públicamente “ignorante” por no saber cómo se medía el acero y peor aún viviendo en Venezuela donde todo mundo lo tenía que saber. Cuando yo leía su correo, me di cuenta de que yo mismo no sabía como se medía el acero y mucho menos sospeché que en Venezuela fuera menester saberlo. Y aún así no me considero ningún ignorante. ¡Un maestro diciéndole ignorante a un alumno por no saber cómo se mide el acero! ¡Por Dios! Si para esos pequeños detalles está contratado él. Todos los alumnos pagan una colegiatura para que el maestro reciba su salario. El maestro también se debe a sus alumnos. El verdadero maestro fue mi amigo, cuando a sus 22 años no contestó nada y aún sintiéndose altamente ofendido por el maestro quien lo humilló públicamente, prefirió callar y pensar: “...Nueva Conciencia me ha enseñado que este tipo de personas necesitan amor..., le enviaré mentalmente amor a mi profesor...”. ¡Eso pensaba mientras lo humillaban en público! Mi querido amigo se está haciendo un experto en desarrollo humano y estoy orgullosísimo de él. Lo felicité cuando supe la historia. El maestro quizá solo sepa cómo se mide el acero, pero mi amigo se está haciendo el experto en superación personal. Yo por mi parte sigo sin saber cómo se mide el acero y ni me interesa.

            Hace unos tres meses, una entrañable amiga sufría porque su jefe, un alemán, le instaba una y otra vez a estudiar una maestría. Le insistía en que aprovechara su juventud y la estudiara porque incluso la empresa se la pagaría. Mi amiga no quería, y el argumento que dio es que no lo necesitaba. Su insensible jefe no la llegaba a entender; pensaba que a ella le faltaba liderazgo para seguir con su crecimiento académico. En cambio, ella valoró más estar en momentos de paz y armonía platicando conmigo y sus libros, disfrutando la convivencia que frecuentemente tenemos, que adicionar a su ocupada vida una maestría, misma que le robaría horas de la noche de muchos de nuestros días. No entró a estudiarla. Su jefe, un par de meses después, tuvo un momento de iluminación increíble (no era él) cuando se la volvió a encontrar y le dijo: “¿Sabes? Me he empezado a dar cuenta de que hacer un postgrado consiste en que estudies algo que la sociedad quiere que estudies, pero... ¿esos conocimientos, ese estudio, es lo que realmente tú quieres saber? Creo que no”. ¡Eso fue un verdadero momento de revelación! Efectivamente he visto que personas con suntuosos estudios de postgrado solo los buscan para justificar que se les pague más en un futuro en el ambiente empresarial, para cotizarse mejor. ¿Pero todo ese tiempo de vida dedicado al estudio..., es algo que realmente querían saber? No, un categórico no, por lo menos en mi experiencia como terapeuta de varias celebridades académicas. En cambio, he visto que un verdadero experto, todo su tiempo lo dedicaba a estudiar y leer, incluso por su parte, sólo y exclusivamente el material que más le interesa, solo aquel que lo desvela y lo deja sin dormir y sin pesar alguno, así un libro lo lleva a otro, un diplomado o curso especial lo llevan a otro, una conferencia a otra, entrando a una vorágine ascendente de su propio y particular camino. Pero sin desperdiciar ni una sola neurona en meterle información que no quiera él. Un experto no renta sus neuronas a la sociedad, las invierte todas ellas en su propio sentido y entusiasmo de vida.

            En diciembre pasado comí con una fan. Alguien concertó misteriosamente esa comida y ahí estaba yo, compartiendo los alimentos con una verdadera fanática de mis libros y filosofía. Me dio gusto esta sorpresa que nos prepararon a los dos. Me hacía preguntas y preguntas durante la comida, me comentaba que le impresionó mucho mi libro “El verdadero éxito en la vida”. Cuando luego de una hora le pregunté qué era lo que más disfrutaba hacer, qué era lo que la hacía perderse en tiempo y espacio, me respondió: “...mi máximo, lo que más me entusiasma en la vida, es enseñar a leer a los niños”. ¿A qué se dedicaba esta mujer? Promoción de hotelería. Con eso me quedó claro su constante actitud de búsqueda acompañada de frustración al no encontrar aquello que le hiciera sentir el verdadero éxito en la vida que conoció en mi libro. También me comentó cómo terminó su matrimonio. Y para mis adentros pensé en lo que vengo analizando en el último año de mi vida, la vida misma como un símbolo, y mucha gente no se alcanza a dar cuenta de que su vida de matrimonio o pareja puede ser no más que una metáfora viviente de lo que ellos mismos sienten de su relación entre su propia existencia y la vida misma.

            Semanas más tarde, en mi consulta, cuando mi paciente hacía uso de la palabra, un chico de 18 años, mientras se quejaba de que sus padres no lo entienden y de que en la escuela lo critican mordazmente sus maestros, en un momento, que yo identifiqué como breve instante donde mi paciente ya no hablaba sino canalizaba una energía superior hablando a través de él, dijo: “...Alejandro, he aprendido que mis pensamientos pueden ser criticados, pero no erróneos”. Me quedé pasmado. Como siempre se suele quedar un ser humano cuando está frente a la verdad. Y sí, para ti, y sólo para ti, tus pensamientos no son erróneos, porque son tuyos. Serán criticados, pero porque los demás nunca van a sentir lo que tu sientes ni van a poder alcanzar a ver de la vida lo que tu aprecias ya de ella. De esa forma, siguiendo al experto que llevas dentro cuando crees en ti, se impone tu... ¡Emoción por Existir! – Alejandro ArizA.

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