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27/01/2011

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Percepción de la Sol-edad. - Columnas

La soledad es una percepción de ti mismo donde crees que no tienes compañía, donde crees que no tienes a nadie, donde crees sentirte mal. Pero eso crees, porque no es verdad. Lo único que sucede es que crees muy fuerte y por eso te sientes mal solo o sola. Es la fuerza de una creencia negativa operando en ti. Al terminar de leer esta nota, espero favorecer el que comprendas que el tan común miedo a la soledad no es un miedo a quedarse solos, sino un pavor que se experimenta al no saber quién eres en verdad y de lo que eres capaz por ti mismo, independientemente de estar solo o no. Esto te lo comento porque ayer sucedió otro de esos momentos mágicos que en Nueva Conciencia ya son de mi vida cotidiana. Me encontraba desayunando con mi querida amiga Tere Bermea en El Otro Lugar de la Mancha, de esos lugares tan acogedores donde además de ser restaurante son librerías, y en un momento determinado el encargado, divino puente, se me acercó diciéndome: “Disculpe que le distraiga, pero una cliente está comprando su nuevo libro Cree en ti y me gustaría decirle que el autor está aquí para que se lo dedique...”, a lo que con gusto asentí. Segundos después se acercó una bella mujer de 41 años de edad pero que aparentaba 30, y la invité a que se sentara en nuestra mesa con nosotros. Me imagino que el impacto de la mujer ha de haber sido bastante significativo porque no dejaba de temblar mientras se sentaba a la mesa con nosotros y su libro. Tere de inmediato le hizo una pregunta: “¿Qué fue lo que te llamó la atención del libro?”. A lo que respondió: “Lo que dice atrás, las semillas de confianza, y es que las necesito tanto en este momento de mi vida!”, ahí interrumpí: “¿Qué te pasa?”. Concreta y contundentemente respondió: “Soledad”. Y empezó a llorar. Luego agregó: “Es que yo quiero vivir como dice este libro, en el lado del paraíso, y hoy me siento en el infierno”. Por supuesto que de inmediato Tere y yo suspendimos todo interés en nuestra charla personal para avocarnos totalmente a la tarea de ayudarla muy amorosamente. ¿Cuántas personas podrán ir a comprar un libro que les llama tanto la atención, que les atrae y sienten sin duda que les ayudará y que el autor esté por ahí sentado desayunando? ¿Cuántas personas podrán hablar con el autor de un libro de superación personal y crecimiento espiritual al momento de comprarlo y tomarse un café con él y comentar abiertamente los problemas de su vida siendo escuchadas con total atención? Esta mujer creo que estaba viviendo momentos privilegiados pero sus creencias no le dejaban verlos ni sentirlos. Tere muy atinadamente empezó a reenfocar su mente mediante el poder transformador de preguntas fortalecedoras, algo que he enseñado mucho aquí en Nueva Conciencia y en lo que Tere se ha convertido en experta, y pocos minutos después el llanto y la aflicción que tenía esta mujer cambiaron a sonrisa y entusiasmo. Le dediqué con mucho cariño mi libro Cree en ti y Tere le hizo ver la maravilla que ella estaba viviendo mediante la fuerza de sus pensamientos reenfocados al paraíso; vamos, hasta nuestra invitada nos platicó que el libro le interesaba mucho y no traía dinero, pero que en ese momento su hermana al verla tan atraída por el libro se lo regaló. ¡Ahí está! ¡Bastó con que lo deseara intensamente para que el Universo confabulara e hiciera que llegara a ella el libro de regalo y segundos después una charla personal con el autor, llevándose estrategias muy poderosas y de aplicación inmediata para sentirse bien! ¡Carambas! Creo que su postura era una distinción única que la vida le estaba presentando. Todos nosotros, Tere, yo, la hermana, el vendedor de libros, el libro Cree en ti, el restaurante, la hora, el día, estábamos girando alrededor de ella por su propio deseo de sentirse bien. Ella nos atrajo a todos. ¡Pero no se daba cuenta! Y es que muchas veces nadamos en plena dicha y abundancia, propias del paraíso aquí en la Tierra, pero lo hacemos con los ojos cerrados, y por ello “creemos” que vivimos un infierno. Pero no es así. Solo es cuestión de percepción. La soledad que ella argumentaba sentir se esfumó pero no por convivir con nosotros y estar en nuestra compañía, sino por abrir los ojos de su corazón y darse cuenta de que es imposible estar solos, sobre todo cuando descubres que Dios siempre mora en ti, siempre, y ese descubrimiento suele ser privilegio exclusivo de momentos de soledad. Qué ironía. El desafío consiste en darse cuenta. Además, la soledad, lo que yo identifico metafóricamente como edad del sol (sol-edad), ahí donde llegas a ver en ti la luz radiante de tu verdadero ser, donde sientes el calor de la divina y constante compañía de Dios, ahí donde siempre hay crecimiento interior ¡no puede ser mala! La percepción de la soledad como algo debilitante, deprimente o angustiante ¡solo es percepción! Y suele ser una percepción debilitante cuando la persona tiene una franca pobreza interior, un vació existencial, una mediocridad en su alma. Aunque quizá suene fuerte, así lo avalo por mis observaciones producto de mi subjetiva experiencia como terapeuta durante los últimos 10 años de mi vida; el problema no es la soledad sino la percepción que tenemos de ella por la miserable pobreza autogenerada de nuestro interior, por lo poco que hace el ser humano en pro de su propio desarrollo como persona, por leer tan poco (o nada) de desarrollo humano y superación personal, por no buscar y así no poder saber la verdad, por no meditar, por miseria interior autoprovocada dejándose llevar por las circunstancias baladíes de su vida que observa a través de su propia ignorancia automantenida, y claro, con todas estas debilitantes emociones, la persona sale huyendo de sí misma en busca de gente, en ansiosa búsqueda de una pareja o compañía para no sentirse mal. Lástima que aún rodeado de gente o endosándose a una pareja, la persona con pobreza interior sigue sintiendo su triste y debilitante soledad, pero insisto, el problema no es la soledad, sino la persona con su propia miseria interior automantenida, misma que le acompaña a donde quiera que vaya por más gente que haya ahí, por más amor que crea sentir con su pareja a la que se endosó. Afirmo esto en virtud también de que lo contrario es tremendamente valedero, he observado –y vivido— que las personas con una gran riqueza interior autogenerada, con una abundancia espiritual exprofesamente buscada y encontrada, con una plenitud existencial producto de su genuino interés por buscar su sentido en la vida sabiendo que ellos, y solo ellos, lo pueden encontrar, personas con esa abundante riqueza interior son las que precisamente gozan e incluso se procuran con toda intención la soledad. Se tienen tanto consigo mismos, que los demás solo resultan en divinos accesorios para breves momentos donde también disfrutan el compartir. Estas personas no son unas cuantas elegidas, no son aquellas que corren con suerte en la vida, son simples, comunes y corrientes seres humanos pero con un franco deseo y constante actividad haciendo algo por su propio crecimiento y riqueza interior. La soledad es una hermosisisísima oportunidad para estar con uno mismo y ahí sentir más profundamente a Dios. ¡Así la vivo todos los días que quiero! Hoy (y más por estas fechas) deseo compartir contigo poderosas palabras de autores de todos los tiempos que te ayudarán a percibir muy diferente a la soledad, palabras que si las dejas entrar a tu corazón te crearán una Nueva Conciencia de lo que entiendo como la hermosa edad del sol. Aquí están para ti con mucho cariño...

 

“La soledad es una experiencia que tiene que ver con la fantasía de la compañía. Una persona que esta adecuadamente integrada en su quehacer en armonía con su vida, porque su vida tiene sentido, nunca esta en soledad, solo o acompañado. En cambio el que no tiene esa relación de armonía consigo mismo se sentirá solo aunque este acompañado."

- H. Maturana

 

“El hombre grande es aquel que en medio de las muchedumbres mantiene, con perfecta dulzura, la independencia de la soledad.”

- R. W. Emerson

 

“La soledad es la suerte de todos los espíritus excelentes.”

–Shoppenhauer

 

“Las grandes elevaciones del alma no son posibles sino en la soledad y en el silencio.”

– Arturo Graf

 

“La soledad es el imperio de la conciencia.”

–Gustavo Adolfo Bécquer

 

“La soledad es la mejor nodriza de la sabiduría.”

– Lawrence Sterne

 

“En mi soledad tuve la dicha inconmensurable de encontrarme a Dios; desde ese entonces diario quiero sentirlo tan intensamente en mí, diario disfruto de que me hable en esos divinos momentos o tan solo quedarme extasiado contemplando su presencia, desde ese momento procuro y agradezco como pocas cosas en mi vida la divina soledad, esa silenciosa puerta de entrada al conocimiento de mi mismo y donde me sorprendió Dios dándome emoción por existir.”

- Alejandro Ariza.

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