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27/01/2011

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El amor que te queda. - Columnas

Hace unos días recibí a un paciente que se encontraba muy dolido por como su mujer súbitamente lo había abandonado. Luego de años de relación, luego de un bello noviazgo, luego de haberse casado, un día así como así, ella decidió romper con la relación e irse sin más.

            Él me visitó ya como muy seguro de su decisión, resuelto en olvidarla y cerrar ese doloroso capítulo de su vida. Sin embargo, yo alcanzaba a ver en su campo humano de energía, en la vibración de su corazón, en su mirada, que no era así. Todavía sentía amor. Recuerdo haberle preguntado:

-         Sinceramente, ¿qué pasaría si súbitamente no pensaras en ti? ¿Qué te quedaría?

-         No entiendo la pregunta –me dijo.

-         Sí, ¿qué pasaría si te quitaras de la cabeza esa idea egomaníaca que en tantas personas veo que les afecta tanto? Es decir, ¿qué pasaría si no te tomaras tan personal lo que te ha sucedido? Si pensaras en tu mujer y borraras deliberadamente de tu memoria todas las declaraciones que te haces a ti mismo como: “Ella ME dijo tal cosa, ME abandonó, ME hizo creer en algo que ahora VEO que no existía; simplemente ME botó, y YO no lo entiendo…”. ¿Qué te quedaría si borraras la idea de tu propia importancia? Piensa en la respuesta.

-         Pues…, quizá mis sentimientos por ella.

-         ¡Correcto! Quítale el ‘quizá’. Si no tienes importancia personal, solo tienes sentimientos.

-         ¡Pero yo valgo! –me dijo.

-         No más que tus sentimientos, créemelo.

Se hizo un silencio. Esta era otra de mis consultas donde se me presenta la oportunidad de darle a conocer a la persona la hermosa dimensión que existe más allá del ego. Sé perfectamente bien lo doloroso que resulta una trágica ruptura de relación. Lo he vivido en carne propia. Pero lo que hoy sé también es que el dolor de una ruptura así, por más grave que sea, es un dolor generado exclusivamente por nuestro ego, esa parte de nosotros que siempre se ofende tan fácilmente. Sin embargo, hoy he descubierto sapientemente que uno se puede desprender de manera deliberada del ego y descubrir con dicha lo resultante: el amor que te queda. Hoy que he logrado alcanzar a ver con una Nueva Conciencia los “dolorosos” hechos de mi pasado, he logrado entender lo que alguna vez un gran chamán, el nagual Don Juan, le dijo a Carlos Castaneda: Si no hubieras tenido tanta importancia personal, ¿Qué te hubiera quedado como residuo irreductible? Respuesta: mi amor incondicional. ¡Es cierto! Hoy lo estoy viviendo así. De esto he conversado profundamente con mi alma gemela y le confieso el amor que siento hoy por la gente que creí que en mi pasado me hizo daño. Es impresionante el cambio, es un amor tan actual y verdadero. Una cosa es dejar de sentir el daño al que fui expuesto -ya gran ventaja-, pero otra cosa es volver a amar sin necesidad de renovar nada. El cambio es de la oscuridad a la luz.

            Continué con mi consulta repitiéndole a mi paciente lo que aprendí:

-         En esta experiencia que has pasado, si no hubieras tenido tanta importancia personal, ¿qué te hubiera quedado como residuo irreductible? Te adelanto la respuesta: amor incondicional. Es amor lo que te queda.

-         De una u otra forma creo que tienes razón.

-         ¡Claro que la tengo! Y si te sinceras conmigo, ¿ese amor es menos hoy de lo que era entonces?

-         No Alejandro. La verdad no –dijo con un brillo en sus ojos donde se asomaban lágrimas a punto de brotar. De inmediato supe que hablaba desde su corazón, recinto de la verdad.

-         Entonces, te recomiendo que hagas lo que un ser de luz está destinado a hacer: no dejar cuentas pendientes. Te recomiendo que le hables a tu pareja y solo le digas cuánto la quieres y la querrás por siempre. Esa llamada bastará para cerrar bien el ciclo y darte la oportunidad de entrar al siguiente nivel de tu vida, uno más hermoso y sublime al aligerar tu carga. Solo recuerda: debes hacer esto al mismo tiempo en que eliminas tu propia sensación de importancia.

-         ¿Y cómo logro eso Alejandro?

-         Sencillo: cuando hables con ella, prohíbete de corazón hablar con ningún resentimiento, coraje u odio. Un ser de luz no alberga esas oscuras intenciones en sus palabras. Te advierto que te sentirás tentado a “dejar algunas cosas claras”, pero si lo haces solo estarás oscureciendo más tu vida. Es irónico, pero así sucede. Si haces tu ego a un lado, automáticamente desaparece el deseo de justicia (el maquillaje de la venganza), el anhelo de inquirir para buscar respuestas que al final resultarán absurdas, el deseo de dañar y dañarte. Te repito, si desapareces tu propia importancia es amor lo que te queda.

-         Limpio de recriminaciones, lo que me queda son solo mis sentimientos, ¿verdad?

-         ¡Sí! Ya está entrando luz a tu vida. ¡Muy alegro mucho!

-         Caray, me queda muy claro tu planteamiento, solo que quizá me cueste trabajo. Estoy muy dolido.

-         ¡Vence tu autocompasión ahora mismo! –le ordené enfáticamente— Vence la idea de que estás herido, y ¿qué te queda como residuo irreductible?

-         El sentimiento de que le hice mi mayor regalo, le di mi amor.

-         ¡Otra vez aciertas! El amor que te queda es precisamente lo que te sanará a ti mismo en forma inmediata. Vivo en la certeza de lo que hoy te estoy diciendo.

-         Me siento mejor Alejandro.

-         Claro, estás sintiendo cómo fluye la fuerza sanadora de tu propio amor. Y esto es vivificador, revitalizante. Esto siempre cura.

El estado de conciencia al que llevé a mi paciente fue aquel donde alcanzara a darse cuenta del amor que le queda a uno como resultado irreductible cuando elimina su propia importancia, y esto es ¡tan liberador! El amor que uno puede sentir mediante este despertar, no es con el ánimo de renovar nada, ni hacerle daño a nadie, incluyéndose uno mismo, ni de regresar al pasado de ningún tipo, ni de volver a intentar con la misma persona nada. Cuando uno toma decisiones así, el amor que te queda es tan sublime, es tan hermoso, porque uno alcanza a tener una Nueva Conciencia donde se ve lo siguiente: sí, he amado,  profunda y apasionadamente, y ese estado, independientemente de lo que haya pasado hoy, ese estado de amor tan grande, puede permanecer en mi por siempre, tan solo si elimino deliberadamente la sensación de mi propia importancia. Así, un ser de luz, alguien con Nueva Conciencia, desarrolla la capacidad de mantener viva la memoria exclusivamente de lo que le ha afectado para bien, una memoria exquisitamente selectiva. Y cuando uno lo logra (se puede en un instante de decisión), solo queda dar las gracias a la vida misma por haber tenido la oportunidad de conocer el amor en esa hermosa magnitud. Hay un acto de magia para un ser que decide vivir la emoción por existir: guardar en su silencio todo lo que ha amado. Y nada más que guardar.

            Mi paciente se fue feliz y amoroso, y yo con él. -ArizA.

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