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27/01/2011

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Alegría expansiva. - Columnas

Cuando te sabes viviendo en pleno propósito divino, la alegría que experimentas es expansiva. Estos son de los momentos en donde creo que no puedo sentirme más alegre porque si le sigo explotaría de felicidad. Vengo ahora mismo por carretera luego de una pequeña gira de conferencias, disfrutando del paisaje, escuchando una deliciosa música y paladeando los recuerdos de estos días. ¡Demasiada magia! La magia que Dios nos ofrece a todos los humanos cuando nos conectamos con nuestro propósito de vida. Todavía no puedo creer la magnitud y la fuerza expansiva de una idea cuyo momento ha llegado. Apenas cuando hace aproximadamente 9 meses terminé de escribir mi libro “El verdadero éxito en la vida”, nunca me imaginé este renacimiento hacia una nueva conciencia de mi vida y de la de miles que han confiando en el mensaje que tengo el turno de comunicar. Ayer por la noche me encontraba en un poblado llamado Puruandiro, Michoacán. Nunca había oído de él y no sabía ni donde se encontraba. Durante todo el camino de ida, no supe ni por dónde recorrimos el trayecto de llegada porque venía muy concentrado viendo algunos videos de gran interés para mí. Casi solo me percate cuando ya habíamos llegado, cuando mi extraordinario asistente Richard me lo informó. Me esperaban en un auditorio cerca de 800 personas muy interesadas en escuchar la conferencia “El verdadero éxito en la vida”, ya casi la número 100 en estos 9 meses. Cuando entré a un enorme salón y vi a toda esa gente, al principio no me extrañó por ser algo común en mi vida, pero cuando me enteré del cómo se sucedieron las cosas para que yo estuviera ahí no pude sino explotar de la emoción y hasta lágrimas se me salieron antes de empezar mi conferencia. Quien organizó este evento pasó al frente a presentarme y aprovechó el uso de la palabra para explicarle a toda esa gente el cómo fue que me había llamado para esta conferencia. Comentó que un día, hace meses, estaba platicando con su compadre y éste le dijo que había oído en el radio a una persona que le llamó mucho la atención y apuntó el libro del que hablaba, “El verdadero éxito en la vida”. Así, apuntó en un pequeño papel el título. Pasaron semanas y le llamó la atención que no había perdido ese papelito donde lo apuntó. Luego, en una noche, soñó otra vez con su compadre y sintió la señal de que debía hablar al teléfono que dieron en el radio para pedir el libro. Así habló a Nueva Conciencia y se lo enviaron. Cuando recibió sus ejemplares (ya que pidió otro también para su compadre), al ver el tamaño del libro de casi 600 páginas, lo primero que dijo fue: “…hum, no creo leerlo. Si con dificultad uno se anima a leer uno de 200 páginas, pues quién sabe cuándo leeré este”, y lo dejó en su escritorio durante 2 semanas más. Solo lo hojeaba de vez en cuando. Leía el título y llegó a pensar: “…ha de ser otro de tantos libros que hablan del éxito. Uno más”. Sin embargo, de un día para otro, decidió empezarlo a leer. Simplemente no pudo dejarlo y en una semana lo terminó. Quedó encantado con el libro ya que percibió que era el primero de todos los que había leído del éxito que no hablaba diciendo lo que todos proponían, sintió que por primera vez alguien le proponía que el verdadero éxito no estaba en los bienes materiales ni en la consecución de metas o alcanzar grandes logros. Sino que el verdadero éxito consistía en una vida más espiritual, una vida más en armonía y paz interior. De esa forma empezó a pedir más libros y a regalarlos a sus amigos. Luego, su emoción llegó a tal grado que pensó: “…y si le pido a todos mis amigos empresarios de la zona que organicemos una conferencia con el autor de este libro? ¡Sí, lo haré!”. Y así fue la historia. Ahí me encontraba yo, frente a alguien, un particular, cuya alegría expansiva por descubrir el verdadero éxito en la vida, le habían generado las agallas, el arrojo y la determinación necesarias para compartir con cientos de personas su hallazgo. Así fue como terminé siendo invitado. ¡Increíble, no? Bendigo una y mil veces el misterio del hermoso tejido de la vida donde los hilos se entrecruzan y hacen que una idea llegue a cientos de familias tan solo por sentir que es noble y verdadera. Gracias. Gracias. No tengo nada más en la vida que agradecer a ese extraordinario ser que bien pudo, como la inmensa mayoría, haberse quedado feliz con su propio hallazgo y evolución personal, pero no, fue más allá, rebasó su línea de responsabilidad y ascendió al siguiente nivel, a la altura de los idealistas que se emocionan por querer expandir su alegría descubierta. Ayer cientos de personas vivimos la magia de una idea, una idea que genera paz y armonía para ayudar al ser humano a ser más humano. Eso es todo lo que se necesitó.

Durante toda mi conferencia, noté que en primera fila estaba sentado una persona mayor e invidente. Me llamó la atención que cuando yo explicaba algunos conceptos de franca evolución espiritual, esta persona asentía constantemente con su cabeza. En los momentos de gran humor en mi conferencia, este invidente se reía a rienda suelta, disfrutando enormemente del momento. Su pasión y entrega como público en mi conferencia fue muy manifiesta. Al final, cuando bajé del escenario, no encontré ningún lugar para irme a limpiar mi cara luego del acostumbrado sudor extenuante de como acabo. Salí por un lado y en ese momento se me acercó este agradable hombre invidente. Con su mano me trató de localizar el rostro y buscaba mi oreja. Me avergoncé un poco cuando tocó mi cabello empapado en sudor hasta que localizó mi oído, acercó sus labios a él y me dijo con voz entrecordada de la emoción: "...oye, yo soy el compadre". Mis ojos se llenaron de lágrimas de inmediato. Este hombre fue el que verdaderamente inició todo esto. Yo festejé al organizador del evento, pero este hombre, con la parsimonia y el gusto por el anonimato que les caracteriza a los más iluminados, me dijo emocionado en mi oído que él era la persona que me escuchó en el radio y que le recomendó a su compadre comprar el libro. Hoy en la carretera pensé en la divina y mágica ironía: un invidente ayudó a 800 personas a que pudieran ver. 

Bendito sea Dios y mi infinita gratitud por tener la fortuna de ser el elegido en turno para llevar este mensaje y al mismo tiempo ver tantas manifiestaciones de Dios a través de la sincronía de esta vida. Amada vida: ¡Gracias en verdad! –ArizA.

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